cultura

Metaverso

Durante la semana pasada el fundador y CEO de Facebook Mark Zuckerberg, precisó que Facebook se focalizaría en construir el Metaverso:

Espero que la gente pase de vernos principalmente como una empresa de redes sociales a vernos como una empresa Metaverso.

En el podcast The VergeZuckerberg ofreció su propia definición, sobre este concepto:

El Metaverso se trata de un entorno persistente y sincrónico en el que podemos estar juntos. Creo que probablemente se parecerá a una especie de híbrido entre las plataformas sociales que tenemos hoy, pero en un entorno en el que estarás inmerso.

El término fue creado por Neal Stephenson en su novela Snow Crashen la que un programador y repartidor de pizzas en un Los Ángeles distópico, para evadirse de la angustiante realidad en que vive se sumerge en un universo generado por computadora. El Metaverso de Stephenson es una avenida en que los edificios y los letreros son aplicaciones de software diseñadas por grandes corporaciones, que pagan por el acceso a bienes raíces digitales, y los usuarios también pagan por el acceso.

Imaginemos ponernos unas gafas con que controlamos una representación virtual tridimensional de nosotros mismos, con la que podemos navegar en diferentes mundos virtuales; podríamos asistir a una reunión de trabajo tridimensional, luego reunirnos con amigos en un café, hacer deporte en grupo o disfrutar de un concierto. Zuckerberg comenta:

Básicamente, podrá hacer todo lo que hace en Internet hoy, así como algunas cosas que no tienen sentido en Internet hoy, como bailar.

En el futuro, podríamos caminar por Facebook, usar ropa en Facebook, organizar fiestas virtuales en Facebook, o tener una propiedad en terrenos digitales de Facebook. Cada actividad o cosa del mundo real tendrá un equivalente virtual, con la consiguiente oportunidad de gastar dinero en línea. En palabras de Zuckerberg:

La cualidad definitoria del Metaverso es la presencia, que es la sensación de que estás realmente ahí con otra persona o en otro lugar. La creación, los avatares y los objetos digitales serán fundamentales para la forma en que nos expresemos y esto conducirá a experiencias y oportunidades económicas completamente nuevas.

No hay dudas que a este nivel de experiencia digital es hacia donde se dirige la tecnología. Y es la posición que está marcando Facebook con sus 2,900 millones de usuarios de su imperio de aplicaciones sociales relacionadas como Instagram, Facebook, WhatsApp, Oculus, entre otras.

Matthew Ball en su ensayo El Metaverso, define algunas de sus características:

  1. Persistente: nunca se reiniciará o pausará o terminará, simplemente continúa indefinidamente.
  2. Sincrónico y en vivo: una experiencia de vida que existe constantemente para todos y en tiempo real.
  3. Sin límite de usuarios simultáneos: proporciona a cada usuario un sentido individual de presencia.
  4. Una economía que funciona plenamente: los individuos y las empresas podrán crear, poseer, invertir, vender y recibir beneficios económicos.
  5. Una experiencia que abarca el mundo digital y el físico: redes y experiencias privadas y públicas, con plataformas abiertas y cerradas.
  6. Interoperabilidad de datos: elementos y activos digitales, contenido, etc.
  7. Múltiples contenidos y experiencias: individuos o grupos organizados informalmente o empresas comerciales crearán y operarán los servicios.

Aunque la visión suena aparentemente fantástica, las piezas han comenzado a hacerse realidad y están calzando. La Internet, actual funciona mediante estándares y protocolos de presentación visual, carga de archivos, comunicaciones, gráficos, datos, etc. Sin embargo, el Metaverso, es una Internet Incorporada, es decir, abarca tanto información, cosas, como personas.

Shoshana Zuboff profesora emérita de Harvard, en su libro The Age of Surveillance Capitalism, sostiene que estamos viviendo en el capitalismo de la vigilancia. Un sistema global que amenaza a la naturaleza humana y que, si no lo frenamos a tiempo, estamos poniendo en riesgo nuestra propia libertad.

Zuboff explica que el capitalismo de la vigilancia sigue el mismo patrón clásico de la economía de mercado, es decir, identifica cosas que están fuera del mercado con un valor potencial y las incorpora en la dinámica del mercado, convirtiéndolas en mercancía.

El capitalismo de la vigilancia se dio cuenta que utilizar datos que residen en nuestros cuerpos, en nuestras casas, en nuestras ciudades, en nuestra experiencia diaria, se podían convertir en productos de comportamiento humano y venderse en el mercado. Zuboff explica:

El capitalismo de la vigilancia adquiere datos de nuestras experiencias humanas privadas y las transforma en mercancía.

La finalidad es combinar nuestros datos, con algoritmos y poder de cómputo para hacer predicciones y tipificar el comportamiento humano futuro. Venden productos de predicción. Y se venden a empresas y mercados que comercian exclusivamente con esos comportamientos humanos futuros.

Zuboff sostiene que este modelo de negocios, fue inventado por Google durante la crisis de las puntocom. Descubrió que podía vender a sus anunciantes predicciones que extraía de los datos privados de las personas.

¿Queremos vivir en un mundo capitalista en el que quienes nos dominan acumulan riqueza vendiendo comportamientos humanos?

Marta Peirano en su libro El enemigo conoce el sistema, explica que el modelo de negocios de las tecnologías persuasivas, la economía de la atención y el capitalismo de vigilancia gana dinero estimulando nuestra adicción, para que usemos el mayor tiempo posible sus aplicaciones y plataformas y compartamos nuestros datos, y así modelarnos. Mientras más clics y contenidos generamos, hacemos más valioso su banco de datos. Peirano explica:

No somos adictos a la tecnología, somos adictos al chute de dopamina que ciertas tecnologías han infiltrado en sus plataformas. Esto no es un accidente, es deliberado.

Te hackean el cerebro para que la combinación exacta de grasa, azúcar y sal te genere bienestar, pero como no aporta nutrición al cuerpo, nunca se te pasa el hambre y tienes una especie de cortocircuito: tu cerebro te está diciendo dame más, esto es bueno, pero el resto de tu cuerpo dice tengo hambre. Publiqué algo, necesito urgente la máxima cantidad de “Me gusta”. En el documental The Social Dilemma, se aclara:

Hay dos industrias que llaman a sus clientes usuarios: la de las drogas ilegales y la del software.

Peirano advierte que estamos integrados y dependemos de sistemas que no sabemos cómo funcionan ni lo que quieren de nosotros. Facebook, Google y otros, dicen querer que nuestra vida sea más fácil, que nos pongamos en contacto con nuestras personas queridas, que seamos más eficientes y trabajemos mejor, que podemos usar sus aplicaciones en forma gratuita, pero su objetivo no es ese, sus plataformas y sistemas están diseñados para extraer nuestros datos, manipularnos, modelarnos y vender nuestros patrones de comportamiento a empresas que a su vez nos venden sus productos.

Si no pagas por el producto, el producto eres tú.

Cualquiera que acumule demasiados datos sin rendir cuentas es demasiado poderoso. Eso es cierto para Google y Facebook. Los datos se han convertido en el activo más importante del mundo. En el pasado, nadie tenía suficiente conocimiento biológico ni la tecnología para hackear personas. La Internet que conocemos fue impulsada por Universidades, el actual Metaverso, por empresas privadas multimillonarias controladas por una élite, que como Facebook quieren perfeccionar su modelo de negocios.

En el artículo Digital Addictions Are Drowning Us in Dopamine, Anna Lembke, señala que el aumento de las tasas de depresión y ansiedad en países ricos puede ser consecuencia de la adicción a la dopamina que deliberadamente producen las tecnologías digitales:

A lo largo de mi carrera como psiquiatra, he visto muchos pacientes que sufren depresión y ansiedad, pero ahora cada vez más veo jóvenes sanos, con familias acogedoras, con una excelente formación académica y un relativo bienestar económico. Su problema no proviene de un trauma, de desarraigo social o de la pobreza. Se trata de un exceso de dopamina, una sustancia química producida en el cerebro que funciona como neurotransmisor, asociada a la sensación de placer y recompensa.

En Corea del Sur, la adicción a juegos de Internet es un problema social. Se han reportado casos como los de un hombre de 22 años que asesinó a su madre tras una riña por su adicción a juegos online. Otro hombre de 32 años falleció en un cibercafé después de permanecer cinco días seguidos conectado a Internet. Por último, un matrimonio adicto a juegos por Internet dejó morir de inanición a su hija de tres meses, la que dejaban sola, para pasar horas jugando con una aplicación que consistía en cuidar a un niño virtual.

El neurobiólogo Gary Small, en su libro iBrain: Surviving the Technological Alteration of the Modern Mind explica cómo las nuevas tecnologías están cambiando nuestra mente, y señala

Quizás desde que el hombre descubrió cómo usar herramientas, nunca como ahora el cerebro humano había sido afectado tan rápidamente por una tecnología.

La tesis de Small es que Internet y las tecnologías asociadas han cambiado nuestro cerebro a nivel de conexiones neuronales y, por supuesto, culturalmente. La humanidad nunca antes había pasado por una encrucijada como la que hoy se está generando por el desarrollo científico y tecnológico impulsado por Internet. Los adelantos radicales logrados en tecnologías de información y bio tecnología han instaurado una nueva era en la historia de la humanidad.

Marshall Mc Luhan intuyó que el medio es el mensaje, y nos invitó a comprender que cualquier tecnología que actúa como soporte comunicativo impacta nuestros cuerpos, mentes y emociones.

Cualquier tecnología comunicacional, al codificar y decodificar el mundo, siempre abre y/o cierra mundos. El cambio tecnológico no es aditivo, es ecológico. Un nuevo medio no añade algo, lo cambia todo.

La ciencia y la tecnología no son valorativamente neutras, tampoco son de naturaleza pura y de fronteras herméticas. Son porosas en sus límites. Es evidente que nuestra reflexión ética y política no ha sido capaz de mantenerse a la altura de la adquisición de conocimientos y capacidades tan acelerada. Pero las ramificaciones de estos descubrimientos y sus aplicaciones tienen un alcance tan amplio que atañen al concepto mismo de naturaleza humana y la preservación de nuestra especie.

No basta con adoptar una postura según la cual nuestra responsabilidad en tanto que sociedad se limite a promover el conocimiento científico e incrementar el poder de la tecnología, y que la decisión sobre lo que se hace con tal conocimiento y poder permanezca en el individuo. Tenemos que encontrar la manera como sociedad para que las consideraciones humanitarias y éticas fundamentales tengan influencia en el rumbo del progreso científico, y las iniciativas empresariales especialmente con estas tecnologías adictivas.

Lo que estamos presenciando es una especie de evolución digital. Internet ha cambiado la forma de acceder a datos e información, proporcionar servicios y experiencias en línea, pero el Metaverso, con gafas, auriculares y sensores táctiles, revolucionarán lo que significa ser humano. El Metaverso nos llevará a un lugar completamente desconocido. ¿Con Facebook?

No podemos subestimar la estupidez humana.

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