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Filosofía de Vida

Han pasado más de 20 años, que he disfrutado de la película Gladiador, de Ridley Scott, protagonizada por Russell Crowe.

Durante la pandemia, nuevamente la vi, pero en esta oportunidad puse más atención en la breve intervención de Marco Aurelio, el emperador estoico interpretado por Richard Harris. Estaba leyendo How to Think Like a Roman Emperor: The Stoic Philosophy of Marcus Aurelius, de Donald Robertson, un psicoterapeuta cognitivo-conductual escocés y fundador del Modern Stoicism, un grupo de académicos y psicoterapeutas que colaboran en la promoción de ideas y prácticas extraídas de esta antigua filosofía.

El renovado interés mundial sobre el pensamiento estoico comenzó en 2014 con el gran éxito del libro The Obstacle Is the Way de Ryan Holiday, sin ser académico, el texto ha tenido gran popularidad y se ha traducido a más de 20 idiomas. Luego vino una multitud de otras publicaciones. El estoicismo se presentaba como una forma de autoayuda y una filosofía de vida. La historiadora Ada Palmer, profesora en la Universidad de Chicago, en su blog Ex Urbe escribe:

La nueva popularidad del estoicismo entre los tecnólogos de Silicon Valley y Wall Street, es sorprendentemente similar a la popularidad del estoicismo entre las élites poderosas de la antigua Roma.

Sócrates dijo que una vida no examinada no vale la pena de ser vivida. Tal vez es una exageración. Pero, su afirmación concuerda con su visión de la filosofía. Para Sócrates, la filosofía no solo era una guía moral, sino que también era una forma de terapia psicológica. Hacer filosofía, decía, puede ayudarnos a superar nuestro temor a la muerte, a mejorar nuestro carácter y hasta a encontrar un genuino sentido de satisfacción. En Apología, Platón captura la esencia de esta visión de Sócrates. En un punto explica, en lenguaje simple, lo que para él significa ser un filósofo:

La riqueza no lleva a la virtud, sino que la virtud hace de la riqueza y todo lo demás algo bueno para el hombre, tanto individual como colectivamente.

Un filósofo, en el sentido socrático, es una persona que ama la sabiduría en un sentido literal. El filósofo e historiador francés Pierre Hadot, especialista en filosofía antigua, en su libro ¿Qué es la filosofía antigua? y Filosofía como forma de vida descubrió que la filosofía griega y romana estaban claramente concebidas para ayudar a las personas a superar el sufrimiento emocional y a desarrollar la fuerza de su carácter. La escuela estoica, en particular, se enfocó en el aspecto práctico de la filosofía socrática, no solo mediante el desarrollo de virtudes como la disciplina personal y la fortaleza, sino también mediante el uso intensivo de prácticas. Robert Nozik, de la Universidad de Harvard, en The Examined Life, desarrolla una interesante lista de lo que en su opinión una persona sabia debe saber:

Lo que una persona sabia necesita saber y comprender constituye una lista variada: las metas y valores más importantes de la vida: la meta final, si la hay; qué medios lograrán estos objetivos sin un costo demasiado alto; qué tipo de peligros amenazan el logro de estos objetivos; cómo reconocer y evitar o minimizar los peligros; cómo son los diferentes tipos de seres humanos en sus acciones y motivos (ya que esto presenta peligros u oportunidades); lo que no es posible o factible de lograr (o evitar); cómo saber qué es apropiado y cuándo; saber cuándo se alcanzan suficientemente ciertos objetivos; qué limitaciones son inevitables y cómo aceptarlas; cómo mejorar uno mismo y las relaciones con los demás o con la sociedad; saber cuál es el valor verdadero y no evidente de las cosas; cuándo tener una visión a largo plazo; conocer la variedad y la obstinación de los hechos, las instituciones y la naturaleza humana; comprender cuáles son los motivos reales de uno; cómo afrontar y manejar las principales tragedias y dilemas de la vida, y también las principales cosas buenas.

Massimo Pigliucci biólogo y profesor de filosofía en el City College de Nueva York, investigaba sobre la plasticidad fenotípica y la selección natural. En una discusión de su libro Answers for Aristotle: How Science and Philosophy Can Lead Us to a More Meaningful Life, Pigliucci afirmó:

Aristóteles fue el primer pensador antiguo que realmente tomó en serio la idea de que necesitamos ambos: los hechos empíricos, una aproximación al mundo basada en la ciencia y el significado de esos hechos. Si quieres respuestas a cuestiones morales entonces no preguntas al neurobiólogo, no preguntas al biólogo evolutivo, preguntas al filósofo.

Pigliucci, comenta que luego de pasar por una profunda crisis personal, reformuló su carrera académica desde la biología a la filosofía. Se convirtió en un divulgador del estoicismo y una de sus fuerzas impulsoras. Su ensayo de 2015 Cómo ser un estoico en The New York Times ha sido uno de los artículos más compartidos hasta la fecha. En su reciente libro How To Live A Good Life: A Guide to Choosing Your Personal Philosophy, junto a Skye Cleary y Daniel Kaufman, invitaron a quince filósofos practicantes de las principales filosofías y religiones, para que realizaran un ensayo de sus filosofías de vida. El libro comienza con las tres principales filosofías antiguas de Asia: el budismo, el confucianismo y el taoísmo. Continúa examinando las antiguas filosofías griegas del aristotelismo, el estoicismo y el epicureísmo. La tercera parte trata de las religiones tradicionales, el hinduismo, el judaísmo, el cristianismo, el islam progresista y la cultura ética. La cuarta y última parte examina las filosofías modernas, a saber, el existencialismo, el pragmatismo, el altruismo efectivo y el humanismo secular.

Una filosofía de vida, está conformada por una metafísica, es decir, una explicación de cómo funciona el mundo; una ética, es decir, un relato de cómo debemos vivir en el mundo y un conjunto de prácticas. Si el relato incluye entidades trascendentales, dioses, etc., lo llamamos religión; si no, tenemos una filosofía de vida. Por ejemplo, la metafísica de los epicúreos postulaba que el mundo estaba hecho de átomos que chocaban al azar. La ética de los budistas sigue el camino óctuple. Algunas prácticas del estoicismo combinan ejercicios cognitivos de autorreflexión, como el diario filosófico y ejercicios físicos como el ayuno y las duchas frías. Así definidas, todas las religiones son una especie de filosofía de vida, ya que incluyen tanto una metafísica como una ética, y algún tipo de práctica. El cristianismo, por ejemplo, postula que el mundo fue creado por un Dios omnipotente, metafísica; que debemos amar a los demás como a nosotros mismos, ética; y que debemos estudiar la Biblia, hacer buenas obras y orar, practicas.

Para muchos de nosotros, la elección inicial no la hicimos voluntariamente, la heredamos. Nacemos y crecemos en una familia que ha adoptado una determinada tradición religiosa, o no religiosa. Sin embargo, parte de lo que significa convertirse en adulto es asumir la responsabilidad de realizar nuestras propias elecciones, forjando nuestro camino individual. Puede haber varias respuestas razonables sobre cómo vivir una buena vida. Por otra parte, también hay una serie de malas respuestas a esa misma pregunta. Los famosos historiadores William y Ariel Durant luego de condensar los patrones más significativos que encontraron en su extensa investigación de 5.000 años de la historia humana, escribieron en Our Oriental Heritage:

Una nación nace estoica y muere epicúrea.

La naturaleza humana no ha cambiado en gran medida a lo largo de la historia: los medios cambian, pero los motivos siguen siendo los mismos. Es evidente que no podemos confiar en un solo sistema filosófico como guía para la vida, el universo y todo. No se trata de importar el estoicismo antiguo a nuestro actual mundo tecnológico y científicamente informado y acabar con él. El objetivo es mantener la esencia de la idea original y tomar en cuenta lo mejor que la humanidad ha sido capaz de descubrir y desarrollar en estos 23 siglos intermedios.

La teoría general del estoicismo es que podemos, y debemos vivir una vida digna de ser vivida. Una vida eudaimonica. Término griego comúnmente traducido como florecimiento humano o prosperidad. Una vida con estructura y coherencia. Para lograr esto, según los estoicos, primero debemos desarrollar una comprensión aceptable de cómo funciona el mundo, para no hacernos ilusiones y perder tiempo y recursos, y luego, ser capaces de razonar tan bien como podamos sobre las cosas, para decidir bien qué hacer y cómo hacerlo. Según Pigliucci la receta estoica para la vida es:

Física (estudio de cómo funciona el mundo, lo que hoy llamamos ciencia natural y metafísica) + Lógica (estudio del razonamiento incluyendo las ciencias cognitivas) + Ética (estudio del cómo vivir) = Eudaimonia (vida floreciente).

La brújula de vida del estoicismo gira en torno a tres nociones:

Vivir de acuerdo con la naturaleza: Los seres humanos somos animales sociales capaces de razonar. De esta forma, una concepción de una buena vida humana es aquella que se ocupa de usar la razón al servicio de la comunidad.

La dicotomía del control: Tomar conciencia que algunas cosas están bajo nuestro control y otras no. Lo que está bajo nuestro control, son nuestras interpretaciones y nuestras acciones:

Dentro de nuestro poder están la opinión, la motivación, el deseo, la aversión y, en una palabra, todo lo que sea obra nuestra; no están dentro de nuestro poder nuestro cuerpo, nuestra propiedad, reputación, cargo y, en una palabra, todo lo que no sea obra nuestra.

Vivir con virtud: Las virtudes son rasgos de carácter, disposiciones para comportarse de cierta manera. Los estoicos como la mayoría de los griegos antiguos, reconocían la existencia de cuatro virtudes, las llamadas virtudes cardinales: sabiduría, coraje, justicia y templanza.

  • Sabiduría: Ser capaces de navegar por situaciones complejas de la mejor manera posible. Es la fuerza cognitiva que implica la adquisición y el uso del conocimiento; ejemplo: creatividad, curiosidad, buen juicio y perspectiva.
  • Coraje: Hacer lo correcto, tanto física como moralmente, en cualquier circunstancia. Es la fuerza que implica el ejercicio de la voluntad para alcanzar metas ante una oposición externa o interna; ejemplo: valentía, perseverancia y honestidad.
  • Justicia: Tratar a todos los seres humanos —sin importar su situación en la vida— con justicia y amabilidad. Fuerza cívica que subyace en una vida comunitaria sana; ejemplo: ecuanimidad, liderazgo, ciudadanía y trabajo en equipo.
  • Templanza: Ejercer la moderación y el autocontrol en todas las esferas de la vida. Fuerza emocional que protege contra los excesos; ejemplo: perdón, humildad, prudencia y autocontrol.

Los estoicos concebían que vivimos en un mundo en el que todo, y todos, estamos interconectados por una compleja red de causa-efecto. Cada vez que mejoro como persona, hago del mundo un lugar mejor; del mismo modo, cada vez que mis acciones hacen del mundo un lugar mejor, soy una mejor persona. El político, filósofo y dramaturgo romano Séneca, lo expresó de esta manera:

Aprender la virtud, es desaprender los vicios.

La metafísica de los estoicos tiende al panteísmo, es decir, a pensar que Dios impregna todo el universo. Creían en algo que llamaban logos, o destino, o razón universal. Para ellos Dios ocupa todo el cosmos. Un texto de Crisipo, citado por Cicerón en su De Rerum Natura señala:

El universo mismo es Dios y la efusión universal de su alma; es el principio rector de este mismo mundo, que opera en la mente y la razón, junto con la naturaleza común de las cosas y la totalidad que abarca toda la existencia.

Clarificar nuestra filosofía de vida y combinarla con una práctica diaria, nos da la oportunidad de desarrollar una mayor resiliencia emocional, fuerza de carácter e integridad. André Comte-Sponville en Présentations de la philosophie, señala:

¿Cómo he de vivir? Ésta es la cuestión con la que la filosofía se enfrenta desde su mismo inicio. La respuesta sería la sabiduría, pero una sabiduría encarnada, vivida, en acto: corresponde a cada cual inventar la suya.

Según Donald Robertson, los estoicos nos enseñan a encontrar un sentido de propósito en la vida, a enfrentar la adversidad, a conquistar la ira dentro de uno mismo, a moderar los deseos, a experimentar fuentes de alegría sanas, a soportar el dolor y la enfermedad con paciencia y con dignidad, a exhibir fortaleza ante las ansiedades, a lidiar con la pérdida y, quizá, hasta a confrontar la propia mortalidad con tranquilidad. Tal vez puede ser un buen momento para clarificar nuestra filosofía de vida. Como el emperador filósofo Marco Aurelio se aconsejó a sí mismo en Meditaciones:

No desperdicies tiempo discutiendo sobre cómo debería ser un hombre bueno; solo sé uno.

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