adaptación

Pensamiento espacial

Una imagen vale más que mil palabras, es un refrán atribuido a la cita de Confucio:

Escuchar algo cientos de veces no es mejor que verla una vez.

Este adagio afirma que una representación visual puede transmitir ideas complejas, la esencia de algo, y múltiples significados de manera más efectiva que lo que logra una narración. A las imágenes se les atribuye mayor riqueza de información que a las palabras. Leonardo da Vinci escribió:

Un poeta sería vencido por el sueño y el hambre antes de poder describir con palabras lo que un pintor puede representar en un instante.

Leonardo consideraba que las infinitas obras de la naturaleza, se hallan entretejidas en un todo lleno de patrones. En sus cuadernos aparecen dibujados rizos de cabello, remolinos de agua y turbulencias de aire, junto a notas en las que intenta explicar los fundamentos matemáticos de estas espirales. El escritor ruso Iván Turguénev escribió en 1861:

El dibujo me muestra de un vistazo lo que podría extenderse en diez páginas en un libro.

A Napoleón Bonaparte, se le atribuye una cita similar:

Un buen bosquejo es mejor que un discurso largo.

Sin embargo, Jeff Bezos considera que explicitar las ideas por medio de narraciones escritas da mayor claridad, facilita el análisis, mejora la discusión y como resultado se toman mejores decisiones. Sostiene que una buena propuesta escrita, exige rigor tanto en la comprensión, como en la redacción. Requiere llegar a la esencia de las ideas que se quieren transmitir y luego obliga a expresarlas por medio de un texto directo y simple que garantice que todos entiendan los puntos clave. Llew Mason, de Amazon comenta al respecto:

Casi todas las reuniones que implican tomar una decisión de negocios están impulsadas por un documento. Una de las mejores cosas de un documento escrito es que genera mucha claridad en el proceso.

John Rossman, en su libro Piensa como Amazon, describe esta práctica. Las narraciones en Amazon son documentos de dos a seis páginas, escritos con frases completas y bien articuladas. Se usan para presentar y proponer planes, ideas, servicios e inversiones. En la carta a los accionistas de 2017, Bezos escribió:

No hacemos presentaciones de PowerPoint en Amazon. Escribimos memorandos narrativos estructurados de seis páginas. Leemos un memo en silencio al comienzo de cada reunión en una especie de ‘sala de estudio’. No es sorprendente que la calidad de estos memorandos varíe ampliamente.

Estas narraciones, discursos o relatos escritos, deben adaptarse expresamente a la situación en función del tema, el momento de la iniciativa y la audiencia. Debe fluir de una manera que tenga sentido. Pueden incluir datos, cuadros y diagramas, pero estos deben ser explicados en el texto de la narración. Bezos precisa:

Creen erróneamente que un memorando de alto nivel, de seis páginas, puede escribirse en uno o dos días o incluso en unas pocas horas, ¡cuando realmente puede llevar una semana o más!… Los grandes memorandos se escriben y reescriben, se comparten con colegas a los que se les pide que mejoren el trabajo, se ponen a un lado durante un par de días y luego se editan nuevamente con una mente fresca.

Tomarse el tiempo para escribir una narración mejora drásticamente la definición de lo que se propone, además que exige un riguroso proceso de redacción. Las ideas son la materia prima. Bezos quiere el producto final. El desafío es cómo fabricarlo. El mundo nos proporciona una multitud de sensaciones a partir de las cuales nuestra mente estructura ideas. Experimentamos la vida como una serie de eventos, eventos que normalmente involucran objetos en lugares y que interpretamos con la ayuda del lenguaje. Sin embargo, para reducir la abrumadora cantidad de información, darle sentido, predecir y prepararse para lo que podría suceder, nuestra mente segmenta, agrupa y categoriza. Estructuramos objetos, eventos y escenas, que se experimentan como totalidades y partes significativas, organizadas y relacionadas, que distinguimos de los contextos. El lingüista Teun A. van Dijk, en su libro Discurso y contexto, explica que una narración es la representación más humana de los humanos. Comunicar con historias solo lo hacen los humanos. El discurso es un fenómeno multimodal, que conecta estructuras del discurso con estructuras profundas de la cognición humana.

Pensar es una actividad enormemente compleja y en su mayor parte no somos conscientes de cómo ocurre. Estructurar un discurso requiere al mismo tiempo ser un buen orador y un buen escucha. Implica conflicto. El conflicto, necesita negociación y compromiso, lo que demanda ceder, modificar argumentos y ajustar ideas, incluso si se trata de discusiones con nosotros mismos. Steven Pinker, en El instinto del lenguaje afirma que el lenguaje no solo surge como una adaptación biológica, sino que también es influenciado por factores sociales y culturales. Noam Chomsky en su libro ¿Qué clase de criaturas somos?, precisa aún más:

Las lenguas no son herramientas diseñadas por los humanos, sino objetos biológicos, como el sistema visual, inmune o digestivo. […] El lenguaje básicamente es un instrumento de pensamiento.

Entonces, no solo pensamos con palabras, hay gente para la que es más habitual el pensamiento visual o el sensible. Además, estas formas de representación pueden mezclarse. Hay gente que lee una novela y ve las acciones como si fuera una película, pero para otros hay una voz interior narrándoles la historia. Los matemáticos, piensan usando el lenguaje formal de las matemáticas de un modo que para muchos nos resulta difícil de comprender. El violonchelista franco-estadounidense Yo-Yo Ma, considerado uno de los mejores del mundo, respecto de sus interpretaciones musicales y conciertos afirma:

Si no tienes las ideas claras estarás comunicando simples sonidos.

Nuestra experiencia es multimodal, el lenguaje afecta de manera activa la comprensión del mundo que nos rodea y de nuestras circunstancias como seres vivos. En el libro La conquista del lenguaje,el neurocientífico Xurxo Mariño precisa:

Si hubiera que sintetizar las características que definen la naturaleza humana y que, en conjunto, nos separan de los demás seres vivos, se podrían escoger tres: autoconsciencia, pensamiento simbólico y lenguaje.

Entendemos inteligencia como la capacidad de percibir más allá de lo obvio, leer entre líneas. La palabra deriva del verbo latino intellegere, “inter” (entre) y “legere” (escoger o leer), otras fuentes, dicen que viene más bien de “Intus” (dentro) y significaría leer hacia dentro. Cada palabra o gesto no está relacionado con algo exterior a nosotros, sino con nuestro interior. Son nuestras acciones y las emociones que están en su base, las que especifican y dan a nuestras palabras su significado particular. Charles Fernyhough en The Voices Within, indica que pensamos mucho con palabras, sin embargo:

El lenguaje no es necesario para pensar; más bien es una herramienta que muchos humanos usamos durante gran parte del tiempo para pensar.

Barbara Tversky, profesora de psicología, en la Universidad de Stanford, en su reciente libro Mente en movimiento, propone una tesis muy interesante. Explica que todos los animales para sobrevivir deben moverse; y, aquellos que no, por lo general no necesitan de un cerebro. Por ejemplo, las ascidias, que son unos animales marinos, cuando nacen tienen cerebro, hasta que encuentran un lugar donde adherirse, en él permanecen inmóviles y rápidamente digieren su propio cerebro, porque ya no les será necesario. La función última del cerebro es facilitar nuestra supervivencia a través del movimiento y capacidad de acción. La tesis de Tversky, es que la acción y el movimiento son la base del pensamiento abstracto.

Para Tversky, evolutivamente hablando, los seres humanos y otros animales desarrollamos diversas formas de comunicación previos a la evolución del lenguaje. De hecho, los bebés y otros animales logran asombrosas hazañas de pensamiento, sin un lenguaje explícito. El pensamiento espacial ha sido marginado, pero lentamente se va reconociendo la importancia de razonar con el cuerpo, de razonar con el contexto en que habitamos y con las cosas que hemos creado. Un impulso radical lo ha logrado la investigación realizada por John O’Keefe, Eduard y Britt May Moser, por la que obtuvieron el premio Nobel de medicina en 2014. Descubrieron que en nuestro cerebro existen unas neuronas específicas responsables de nuestra ubicación espacial, células que conforman un sistema de posicionamiento, las llamaron célula grid (células de cuadrícula). Estas células forman un sistema de coordenadas. Son nuestro GPS. Nuestro Google Maps. Cada celda de estas cuadrículas se dispara en posiciones regularmente espaciadas, que forman patrones hexagonales. György Buzsáki, neurocientífico de la Facultad de Medicina de la Universidad de Nueva York, comenta:

Lo que captura la celda de la cuadrícula es la instanciación dinámica de la solución más estable de la física. El hexágono.

La naturaleza llegó a esta solución para que nuestro cerebro representara, mediante cuadrículas hexagonales, cualquier relación, desde mapas de significados de palabras hasta mapas de planes futuros. Pensamos espacial y geométricamente utilizando diagramas hexagonales. Antes de pensar con palabras pensamos con diagramas. Nuestro cerebro organiza los pensamientos de la misma forma que los objetos se ubican en el espacio físico, construyendo espacios cognitivos, con mapas que nos sirven de orientación, tanto para navegar por el mundo de los objetos como por el de las ideas. Nuestro cerebro organiza en mapas hexagonales las relaciones temporales, sociales y conceptuales. Tversky afirma:

El pensamiento espacial es la base del pensamiento. No todo el edificio, sino los cimientos mismos.

Nuestra mente simplifica y abstrae. Nos movemos de un lugar a otro a lo largo de caminos al igual que nuestros pensamientos se mueven de una idea a otra a lo largo de relaciones. Pensar es encontrar relaciones y caminos entre las cosas. Así como nuestros pies se mueven de un lugar a otro a lo largo de caminos espaciales, nuestras mentes se mueven de un pensamiento a otro a lo largo de caminos conceptuales. Hablamos de acciones sobre pensamientos de la misma manera que hablamos de acciones sobre objetos: los colocamos sobre la mesa, los damos vuelta, los separamos y los juntamos, los agrupamos y clasificamos. Nuestros gestos transmiten esas acciones físicas, directamente a nuestro cerebro. Construimos estructuras para organizar ideas en nuestra mente y cosas en el mundo, categorías y jerarquías y correspondencias uno a uno, simetrías y recursiones.

Ponemos nuestra mente en el mundo. La mente en el mundo crea un terreno común para nuestros pensamientos colectivos. Nos informa, nos dice qué es, dirige nuestros pensamientos y dirige nuestras acciones.

Poner pensamientos complejos en el mundo es una habilidad distintivamente humana. Desde las pinturas rupestres, pasando por los murales y los grafitis, en cada espacio que habitamos o creamos, la percepción y la acción de las personas en ese espacio sesgan la memoria y el pensamiento. Los modos de percepción y acción también guían nuestras representaciones mentales de esos espacios, cómo pensamos sobre ellos, cómo pensamos con ellos, cómo los comunicamos. Einstein imaginaba volar al espacio a la velocidad de la luz, un arquitecto visualiza el edificio que quiere diseñar, un entrenador de fútbol planifica una jugada para que el equipo la realice. Cuando andamos en la calle, captamos las acciones e intenciones de los demás y las usamos para decidir lo que haremos.

Todo eso sucede demasiado rápido para las palabras, pero es procesado por nuestro pensamiento espacial.

Crear narraciones requiere habilidad, experiencia, compromiso y mucha paciencia, pero es el producto final. Previamente, necesitamos tener las ideas claras. No se pueden apresurar grandes narraciones porque no se puede apurar el surgimiento, maduración y perfeccionamiento de grandes ideas. Antes de transcribir el conocimiento tácito, es necesario elaborarlo a través de metáforas, analogías y diagramas. Seguir la secuencia propuesta por Mariño: autoconsciencia, pensamiento simbólico y por último lenguaje. Beau Lotto en Deviate: The Science of Seeing Differently, destaca la relevancia de ser conscientes de la estrategia que utilizamos para dar sentido al mundo:

Los seres humanos tienen la capacidad de ver sus vidas y afectarlas con solo reflexionar sobre su proceso de percepción. Al tomar conciencia de los principios por los que funciona su cerebro perceptivo, puede convertirse en un participante activo de sus propias percepciones y, de esta manera, cambiarlas en el futuro.

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