adaptación

Significado

Beatrice “Bebe” Vio, es una esgrimista italiana en silla de ruedas. Campeona de Europa en 2014 y 2016, campeona mundial en 2015 y 2017, y campeona paralímpica en Rio 2016 y en Tokio 2020.

Nació en Venecia en 1997, y comenzó a practicar esgrima desde los 5 años. En su niñez tenía tres pasiones, que bautizó como las tres S: escuela (scuola en italiano), esgrima (scherma) y escoutismo (scouting). A los 11 años, tuvo una meningitis severa, la enfermedad evolucionó a una necrosis que provocó que los especialistas tuvieran que amputarle ambas piernas desde la rodilla, y los dos brazos desde el antebrazo. Después de una larga rehabilitación fue capaz de volver al deporte. En una entrevista dijo:

No podía creer que me estuviera pasando. Mi familia y yo estábamos muy asustados y no estábamos preparados para esa situación, pero nos unimos y enfrentamos las dificultades todos juntos, apoyándonos mutuamente en los momentos más difíciles. ¡Juntos lo logramos!

Bebe, se hizo mundialmente conocida en el documental Rising Phoenix, donde es una de las protagonistas que presentan los Juegos Paralímpicos a través de la mirada de los deportistas. Publicó su autobiografía, es conferencista con su historia de vida y lidera junto a sus padres el proyecto Art4Sport, que tiene el objetivo de apoyar a las personas con discapacidad a través del deporte. Hasta la empresa Mattel lanzó una edición especial de muñecas inspiradas en ella.

Encontrar la respuesta última al significado de la vida ha sido una preocupación humana identificable desde las primeras culturas de las que tenemos rastro. Sin embargo, el filósofo francés Jean-Paul Sartre es contundente, no hemos venido a nada en especial a esta vida. Los objetos artificiales tienen una función concreta y vienen con un manual de instrucciones, pero nosotros no. Para Sartre, estamos condenados a elegir, debemos decidir en qué queremos convertirnos y a qué queremos dedicarnos. Cada una de las decisiones que tomamos, son una muestra del ejercicio de nuestra libertad. Somos responsables de nuestros actos, y eso es lo que nos angustia. En su obra más famosa, El ser y la nada, escribía:

La angustia se distingue del miedo en que el miedo es miedo de los seres del mundo, mientras que la angustia es angustia ante mí mismo.

La razón de estos miedos es constatar que el universo no fue diseñado pensando en nuestra comodidad. No es mucho lo que podemos hacer como individuos para cambiar el modo en que actúan las fuerzas externas que interfieren en nuestro bienestar. En palabras de Carl Sagan:

El Universo no parece ni benigno ni hostil, simplemente es indiferente a las preocupaciones de seres tan insignificantes como nosotros.

Cómo nos sentimos con lo que nos ocurre depende en última instancia de como nuestra mente filtra e interpreta las experiencias. Nuestro bienestar depende más de nuestra armonía interna que del limitado control que podemos ejercer sobre las circunstancias y el devenir.

La sencilla verdad de que el control de nuestra conciencia determina nuestra calidad de vida es tan antigua como la humanidad. El consejo del oráculo de Delfos conócete a ti mismo, resume magistralmente esta sabiduría. La razón por la que encontramos tantas veces repetido este consejo, es que funciona. Cada generación necesita redescubrir la sabiduría de estas palabras desde el punto de vista de su conocimiento actualizado y articularlo en algo práctico a su contexto.

Las formas de entropía psíquica que nos causan tanta angustia: deseos incumplidos, expectativas que nos desilusionan, soledad, frustración, inquietud, culpa, son subproductos del aumento en la complejidad de nuestro cerebro y del enriquecimiento simbólico de nuestra cultura. La evolución biológica de nuestro sistema nervioso central, ha dotado a la mente con una complejidad extrema. Un regalo evolutivo para la adaptación. Sin embargo, de la misma forma en que incrementa nuestra capacidad para manejar información, aumenta también la potencialidad para el conflicto interno.

Mario Alonso Puig en su libro Resetea tu Mente explica que nuestro cerebro es comandado simultáneamente por cuatro mentes que en forma independiente y a su manera buscan resolver los desafíos existenciales de supervivencia, adaptación y evolución.

  • Hipotálamo: Es nuestra mente más instintiva. Para el hipotálamo, la supervivencia significa comer y evitar que nos coman. La adaptación se expresa en reconocer cambios que afectan a la supervivencia física y buscar formas de adaptarse a ellos. Para esta mente la evolución, consiste en maximizar las posibilidades de reproducción para transmitir los genes a las siguientes generaciones.
  • Sistema límbico: Para el sistema límbico, la supervivencia implica la generación de vínculos afectivos. La adaptación consiste en aprender las reglas y normas culturales para que el grupo en que vivimos nos acepte. Para el sistema límbico la evolución se asocia a la capacidad de estar más conectado con el placer y menos con el sufrimiento.
  • Hemisferio izquierdo: Para el hemisferio izquierdo la supervivencia implica la permanencia en el tiempo de nuestras ideas, puntos de vista y creencias. La adaptación implica utilizar el conocimiento para describir, conceptualizar, entender, manipular el entorno y utilizar los recursos disponibles. La evolución consiste en utilizar el conocimiento y tecnologías derivadas para crear un mayor grado de bienestar.
  • Hemisferio derecho: Para el hemisferio derecho la supervivencia implica el reconocimiento de nuevos patrones en entornos que son cambiantes e inciertos. La adaptación consiste en desarrollar la cooperación en base a la empatía y voluntad de encuentro. La evolución de esta mente se asocia a la trascendencia con dimensiones existenciales profundas, lo que se conoce como autorrealización.

La independencia con que nuestras cuatro mentes operan genera entropía psíquica tan peculiar de nuestra condición humana. Sin embargo, en las vidas de algunas personas es posible reconocer un tipo de propósito unificador que da sentido a todo lo que hacen, focaliza su energía psíquica, y prima sobre sus otras metas.

Quien sabe cuál es su propósito y trabaja para lograrlo es una persona cuyos sentimientos, pensamientos y acciones son congruentes entre sí y logra armonía interior. Sin tal propósito unificador, incluso la conciencia mejor ordenada carece de significado. En el libro Flow,Mihaly Csikszentmihalyi comenta:

Es cierto que la vida no tiene ningún significado, si por eso entendemos una meta suprema inherente a la estructura de la naturaleza y la experiencia humana, una meta que sea válida para todos los individuos. Pero esto no significa que a la vida no podamos darle un significado.

El significado de la vida entonces, consiste en darle un significado, sea lo que sea, venga de donde venga. Tener un propósito unificado es lo que da significado a la vida. Armonizar los objetivos y estrategias de nuestras cuatro mentes en un propósito unificador, basado en la razón y la elección, requiere una sucesión de pasos, que se van incrementando en complejidad:

  1. Supervivencia: En el primer nivel, la energía psíquica se invierte en las necesidades de nuestra estructura física. El foco es cubrir nuestras necesidades básicas. En este punto el significado de la vida es simple; equivale a la supervivencia, la comodidad y el placer. Mihaly Csikszentmihalyi, señala:

En nuestra época la mayoría de las personas son conscientes de la importancia de la salud y de la forma física. […] Puesto que estas oportunidades están fácilmente al alcance, el paso más fácil para mejorar la calidad de vida consiste simplemente en aprender a controlar el cuerpo y sus sentidos.

  1. Relaciones: En el segundo nivel, podemos empezar a invertir nuestra energía psíquica y atención en las metas de un grupo de pertenencia. La aceptación y el respeto de otras personas definen los parámetros del orden interior. Este nivel conduce a una complejidad mayor de la personalidad, aunque por lo general implica aceptar las normas del grupo. Emily Esfahani Smith en The Power of Meaning señala:

El sentido de pertenencia es la fuente de significado más importante. Mi definición de pertenencia incluye dos conceptos: sientes pertenencia no sólo cuando formas parte de un grupo o de una relación, sino también cuando las personas te tratan de forma que te hacen sentir que les importas y que te lo mereces.

  1. Crecimiento personal: En el tercer nivel, volvemos la atención nuevamente sobre nuestra individualidad. Luego de lograr un sentimiento de pertenecer en una comunidad humana, la persona siente la necesidad de destacar o diferenciarse, desarrollando su potencialidad personal. Nos abocamos a realizar intentos para mejorar, experimentamos con diferentes habilidades, diferentes ideas y disciplinas. En esta etapa es el disfrute, en lugar del placer, lo que se convierte en la fuente principal de gratificación. En esta fase podemos caer en una crisis, motivada por un cambio de intereses o carrera y una lucha cada vez más marcada contra nuestras propias limitaciones. En este punto la meta principal en la vida es el deseo de desarrollarnos, crecer y mejorar. Dan McAdams en The Psychology of Life Stories señala:

Las personas que creen que su vida tiene sentido, suelen contar relatos que se caracterizan por el crecimiento personal, la comunión y la acción. Estas historias les permiten crearse una identidad positiva: llevan las riendas de su vida, son amadas, están evolucionando y los obstáculos con los que se han encontrado en su camino han sido superados con creces por los buenos resultados que han obtenido.

  1. Trascendencia: En el cuarto nivel, somos más conscientes de lo que podemos y no podemos hacer. Por lo que aquí la meta se funde con un sistema mayor que la persona. Nos inspira una causa, una idea, un propósito más grande que nosotros mismos. Este paso se construye sobre los anteriores, y corresponde a un alejamiento final de la personalidad, la búsqueda de la integración con otras personas y con los valores universales. Viktor Frankl en El hombre en busca de sentido, escribe:

El hecho de ser humano siempre apunta, y está dirigido, hacia algo o alguien diferente a él mismo, ya sea cumplir algo que aporte sentido o conectar con otro ser humano. Cuanto más se olvida de sí mismo entregándose a una causa a la que servir o a otra persona a la que amar, más humano es.

No todos se mueven siguiendo estrictamente las etapas de esta espiral de complejidad ascendente. Lamentablemente algunas personas nunca tienen la oportunidad de salir del primer nivel. Cuando las demandas de la supervivencia son tan apremiantes una persona no puede dedicar mucha atención a otras cosas y no tiene suficiente energía psíquica disponible para invertir en las metas de la familia o de la comunidad. Basta ya con sobrevivir, y eso en sí mismo es una fuente de significado.

La mayoría de personas probablemente estarán confortables en el segundo nivel de desarrollo, donde el bienestar de su familia, su trabajo, su empresa, su comunidad o nación son sus fuentes de significado. Muchos menos alcanzan el tercer nivel de individualismo reflexivo, en que su foco está en el desarrollo personal y superación constante. Y los menos, tienen la energía necesaria para forjar una unidad con los valores universales. Estos niveles de desarrollo simbolizan lo que puede suceder si una persona es capaz de controlar su conciencia.

Poco después de ganar el oro en Rio 2016 Beatrice Vio declaró:

Hoy es una historia de éxito, pero hubo muchos momentos en que quise entregarme a la depresión, no saber nada más del mundo. Meses sin poder moverme de una cama, verme sin brazos ni piernas, pero la esgrima siempre me ayudó a salir adelante porque mi sueño de ser deportista olímpica solamente mutó a paralímpica.

La complejidad psíquica requiere que invirtamos energía en desarrollar cualquier habilidad con la que hemos nacido, llegando a ser autónomos, independientes, conscientes de nuestra originalidad y de nuestras limitaciones. A la vez debemos invertir energía en reconocer, comprender y hallar la manera de adaptarnos a las fuerzas más allá de los límites de nuestra individualidad. Por supuesto no tenemos obligación de emprender ninguna de estas tareas. Pero la satisfacción y realización que producen al parecer valen el esfuerzo.

La realidad y la vida de Beatrice Vio es un símbolo de superación y significado. Su coraje, fuerza y ganas de vivir siguen siendo los ingredientes necesarios para ser un agente de cambio dentro y fuera del deporte. El pasado junio, se presentó el proyecto Bebe Vio Academy. Se trata de la primera escuela italiana para favorecer el deporte inclusivo con el objetivo de involucrar en la práctica deportiva a niños y jóvenes de entre 6 y 18 años con distintas discapacidades. En una entrevista declaró:

Me gustaría hacer crecer el movimiento Paralímpico en Italia. Mi sueño es que alcance el mismo nivel que el olímpico en 8 años. Esto requerirá un ímpetu cultural, un cambio de mentalidad y mucha energía que vendrá principalmente de los niños.

Albert Camus en El mito de Sísifo utilizó esta metáfora para reflejar la condición humana. Castigado por engañar a los dioses a subir eternamente una roca por la ladera de una montaña, la que luego volvía a caer y tenía que repetir nuevamente el mismo ciclo, Sísifo, aceptaba el castigo, sin angustia. Porque no hay nada más tranquilizador que aceptar la carga de una vida sin sentido sabiendo que a cada instante tenemos la libertad de darle un nuevo significado, equivocado o no, pero libre.

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