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Wabi-sabi

La perfección es algo por lo que la mayoría de los seres humanos nos esforzamos.

Thomas Curran y Andrew Hill, en 2019, publicaron el estudio Perfectionism is increasing over time: A meta-analysis of birth cohort differences from 1989 to 2016, en el que evidencian que el perfeccionismo en todas sus formas ha aumentado dramáticamente:

  • Perfeccionismo hacia uno mismo (debo ser perfecto).
  • Perfeccionismo como demanda social (los demás esperan que yo sea perfecto).
  • Perfeccionismo orientado hacia los demás (espero que los demás sean perfectos).

Las tendencias perfeccionistas se correlacionan con una mayor incidencia de depresión, ansiedad y pensamientos suicidas. Los investigadores creen que el aumento del perfeccionismo puede estar relacionado con las redes sociales que exacerban el sentido de comparación, con un énfasis excesivo en mostrarnos felices, exitosos y perfectos, tal como advierte el filósofo coreano Byung-Chul Han en La salvación de lo bello:

Lo pulido, pulcro, liso e impecable es la seña de identidad de la época actual. Es en lo que coinciden las esculturas de Jeff Koons, los iPhone y la depilación brasileña. ¿Por qué lo pulido nos resulta hoy hermoso? Más allá de su efecto estético, refleja un imperativo social general: encarna la actual sociedad positiva. Lo pulido e impecable no daña. Tampoco ofrece ninguna resistencia. Sonsaca los “me gusta”. El objeto pulido anula lo que tiene de algo puesto enfrente. Toda negatividad resulta eliminada.

La palabra perfección proviene del latín, y significa terminar o poner fin, es la acción de dejar algo acabado. Entonces, se entiende perfección, como el estado en el que todo está bien, no existe ningún tipo de defecto, está terminado y completo.

En Perfection: the Term and the Concept, el esteticista polaco Władysław Tatarkiewicz, explica que Aristóteles identificó tres atributos de la perfección:

  1. Completitud, contiene todas las piezas necesarias.
  2. Optimo, no se puede hacer nada mejor.
  3. Logra su propósito.

El perfeccionismo, es una creencia personal que establece que debemos alcanzar el más alto estándar para ser aceptables. Queremos que nuestro trabajo sea perfecto, que nuestra pareja sea perfecta, que nuestras relaciones sean perfectas; en síntesis, que nuestra vida sea la evidencia más clara de la genialidad absoluta y provoque admiración. Cualquier cosa que no esté a la altura de estos ideales es percibida como un fracaso. Esto tiende a provocar una respuesta emocional binaria: o soy el mejor o soy el peor.

Sin embargo, existe un enfoque contrapuesto, una filosofía que valora la imperfección, que nos anima a reconocer nuestras heridas, a buscar la belleza dentro de nuestros defectos, vulnerabilidades y fallas.

Para el taoísmo la perfección equivalente a la muerte, porque es un estado en el que no puede producirse ningún crecimiento o desarrollo adicional. El término wabi-sabi se originó en China y luego se transmitió al budismo Zen en Japón.

La estética wabi-sabi, acepta la imperfección, reconoce el fluir constante y la impermanencia de las cosas, las líneas torcidas y desiguales de los materiales naturales como las maderas viejas se evocan en el término wabi y la belleza inesperada de la descomposición y el desgaste por los años en sabi. Así wabi-sabi encapsula la aceptación de lo transitorio, incompleto y natural.

Tanehisa Otabe, profesor del Instituto de Estética de la Universidad de Tokio, comentó a la BBC que el arte de la ceremonia del té establecido a finales del siglo XV en Japón, optó por elegir la cerámica local, en vez de los técnicamente perfectos ejemplares importados de China. Para Otabe, wabi-sabi deja algo sin terminar o incompleto para el juego de la imaginación, integrando tres aspectos:

  • Conciencia de las fuerzas naturales involucradas en la creación.
  • Aceptación del poder de la naturaleza.
  • Abandono de la creencia de que estamos separados de nuestro entorno.

En esta estética, en lugar de ver las abolladuras o las formas desiguales como errores, se las considera una creación de la naturaleza. Una única flor en un jarrón, un pergamino minimalista, una pátina sin pretensiones, todo sirve como recordatorio de la sabiduría de la belleza rústica y defectuosa. Y que nada es perfecto. Ni permanente.

Richard R. Powell en Wabi Sabi Simple: Create beauty. Value imperfection. Live deeply, resume así el concepto:

[wabi-sabi] cultiva todo lo que es auténtico reconociendo tres sencillas realidades: nada dura, nada está completado y nada es perfecto.

La presión para ser perfectos puede provenir de nosotros mismos o de otros, pero rara vez es constructiva, ya que hace abstracción de nuestra naturaleza humana con sus complejidades biológicas, culturales, de historia personal y circunstancias.

El caso es que solo hay una perfección absoluta que nadie puede discutir, la naturaleza que nos rodea. Leonardo Da Vinci afirmaba: el maestro más sabio y noble es la naturaleza misma. Y bueno, ya sabemos, la naturaleza no hace líneas rectas.

La profesora de arte Cristina Zoica Dumitru en Perfection Of Imperfection In Art. The Illusion, The Trap And The Tips, señala que al igual que la naturaleza, el arte es una composición creada con elementos diversos y contrastantes, capaces de componer una escena creíble.

Leonard Cohen en Anthemnos recuerda:

Olvida tu ofrenda perfecta. Hay una grieta, una grieta en todo. Así es como entra la luz.

Las cicatrices y heridas que llevamos son un recordatorio de nuestra experiencia, fortaleza y resiliencia, ocultarlas sería ignorar nuestro valor e historia. Al aceptar e integrar lo imperfecto, reparar lo que está roto y aprender a valorar la belleza de las fallas, honramos la vida. Tomás Navarro en Wabi Sabi: Aprender a Aceptar la Imperfección, señala:

Todos y cada uno de nosotros somos seres únicos, nacidos para ser reales, no para ser perfectos; nacidos para vivir, no para limitarnos a sobrevivir; nacidos para ser originales, no para ser copias. Nuestra individualidad es la clave de nuestra belleza interior y exterior. Lo auténtico es bello. Lo genuino es atrayente. Lo esencial es enriquecedor. La diferencia es bella.

Así que, en vez de perseguir la perfección, es más sano buscar la excelencia, el desarrollo y el crecimiento. La voluntad de ser lo mejor que podamos llegar a ser, sin las exigencias, ansiedades y frustraciones por los “likes”. La excelencia se centra en el proceso, más que en los resultados.

La búsqueda de la excelencia ofrece más opciones, ya que no nos paraliza el miedo al fracaso, nos hacemos cargo de nuestra autenticidad y disfrutamos de la experiencia. Como señala el periodista Ed Bliss:

La búsqueda de la excelencia es gratificante y saludable. La búsqueda de la perfección es frustrante, neurótica y una terrible pérdida de tiempo.

La excelencia se manifiesta cuando el trabajo que hacemos hoy es mejor que el que hacíamos hace seis meses, y tenemos la determinación que el que haremos dentro de seis meses será aún mejor que el actual:

  • La excelencia es un equilibrio y armonía entre desafíos y habilidades.
  • La excelencia es única para cada individuo, coherente con sus circunstancias y voluntad.
  • La excelencia integra las imperfecciones, ya que la aceptación es la base del crecimiento.
  • La excelencia es dinámica, la perspectiva puede cambiar en instantes diferentes.

La actitud wabi-sabi es una invitación a ser auténticos, a reconciliarnos con nuestra esencia, a poner nuestra vida en contexto y disfrutar de una vida imperfecta, ya que la vida es bella aun con errores.

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