Conciencia

Memento mori

Memento mori, es una expresión latina que puede traducirse como “recuerda que morirás” o “acuérdate de morir”. La frase tiene una larga historia, atraviesa culturas, continentes, religiones y filosofías: desde la antigua Grecia hasta los generales romanos, los monjes budistas y los sufíes islámicos. Meditar sobre la muerte ha permitido a muchas personas enriquecer su vida.

Memento mori se arraigó como una tradición romana en que mientras un general atravesaba triunfante la ciudad, un esclavo le susurraba al oído:

Respice post te! Hominem te esse memento!

¡Mira tras de ti! Recuerda que eres un hombre.

El propósito del mensaje era ayudar al victorioso general a mantener controlado su ego, y así evitar que cometiera alguna estupidez ofensiva a los dioses.

Walter Isaacson, el biógrafo de Steve Jobs, narra que el cofundador de Apple, estaba en la cúspide de sus logros empresariales cuando en 2004, a la edad de 49 años fue diagnosticado con cáncer de páncreas. Jobs, con su reconocida tendencia a distorsionar la realidad, pospuso la cirugía durante nueve meses en contra de los consejos de sus médicos y decidió tratar su enfermedad con una dieta macrobiótica. Cuando finalmente fue operado, el cáncer ya se había extendido.

Jobs era budista y una persona espiritual cuyas creencias religiosas fueron alteradas profundamente por su diagnóstico de cáncer. Isaacson recuerda:

Un día nos sentamos en su patio trasero y él comenzó a hablar de Dios. Dijo: A veces creo en Dios, a veces no. Creo un 50-50. Pero desde que tuve cáncer, he estado pensando más en eso. Y me encuentro creyendo un poco más. Quizás es porque quiero creer en una vida después de la muerte. Que cuando mueras, no solo desaparece todo. La sabiduría que has acumulado. De alguna manera, sigue viva.

La conciencia de su mortalidad impulsó a Jobs, en su último periodo de vida a crear algunos de los productos más innovadores de Apple; el iPhone y el iPad.

Bronnie Ware, escritora australiana, trabajó por muchos años asistiendo a personas desahuciadas. A partir de esa experiencia, escribió The Top Five Regrets of the Dying, libro en que sintetiza los sentimientos de sus pacientes frente a la inminencia de la muerte:

La gente crece mucho cuando se enfrenta a su propia mortalidad. Aprendí a no subestimar la capacidad de nadie para crecer. Algunos cambios fueron fenomenales. Cada uno experimenta una variedad de emociones, como es de suponer, negación, miedo, enojo, remordimiento, más negación y eventualmente aceptación. Cada paciente individual encontró su paz antes de partir.

Entre relatos de arrepentimiento y cosas que sus pacientes le narraban que hubieran querido haber hecho en forma distinta, identificó cinco temas recurrentes:

  1. Ojalá hubiera tenido la valentía de vivir la vida que quería y no la vida que otros esperaban de mí. Cuando las personas reconocían que su vida estaba llegando a su final, miraban hacia atrás, y observaban sus sueños truncados. La mayoría no concretó ni la mitad de ellos y enfrentaban la muerte sabiendo que eso había sido debido a sus propias elecciones.
  2. Ojalá no hubiera trabajado tan duro. Los pacientes varones, extrañaban no haber estado más presentes durante la juventud de sus hijos y disfrutar de la compañía de sus parejas. Las mujeres también hablaron de este pesar. Pero como la mayoría pertenecía a una generación mayor, muchas de ellas no habían sido el sostén económico de su familia. Sin embargo, todos los hombres a los que cuidó, lamentaron profundamente haber pasado la mayor parte de sus vidas dedicados a su trabajo.
  3. Ojalá hubiera tenido el valor de expresar mis sentimientos. Muchas personas reprimieron sus sentimientos para mantener la paz con los demás. Como resultado, se conformaron con una existencia mediocre y nunca llegaron a expresar lo que realmente querían. Algunos incluso desarrollaron enfermedades relacionadas con la amargura y el resentimiento.
  4. Ojalá me hubiera mantenido en contacto con mis amigos. A menudo, no se daban cuenta realmente de todos los beneficios de los viejos amigos hasta sus últimas semanas y ya no siempre era posible localizarlos. Hubo muchos arrepentimientos profundos por no haber dado a las amistades el tiempo que merecían. Todos extrañan a sus amigos cuando están muriendo.
  5. Ojalá me hubiera permitido ser más feliz. Este fue un arrepentimiento sorprendentemente común. Muchos no se dieron cuenta hasta el final de sus días que la felicidad es una elección. Se habían quedado atrapados en viejos patrones y hábitos. El miedo al cambio los hacía fingir ante los demás y ante sí mismos que estaban contentos. Sin embargo, en lo profundo de sí, añoraban haber disfrutado mucho más su vida.

Todos morimos de una enfermedad crónica llamada vida. Cada segundo que perdemos por dejación, pereza, dilación o indiferencia aporta a la muerte. Como dice el ídolo musical de Steve Jobs, Bob Dylan; “Aquel que no está ocupado naciendo, está ocupado muriendo”.

En el discurso de graduación de 2005 en la Universidad de Stanford, Jobs recordó la importancia de contemplar el futuro para vivir mejor el presente, diciendo:

Me he mirado en el espejo todas las mañanas y me he preguntado: si hoy fuera el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy? Y siempre que la respuesta ha sido no durante demasiados días seguidos, sé que necesito cambiar algo.

La muerte puede servir como un entrenador, que nos anima a vivir el presente con más confianza y menos miedo. La contemplación de nuestra mortalidad, profundiza nuestra comprensión de lo que significa honrar la vida. Sin embargo, nuestra cultura occidental no nos anima a considerar la muerte mientras aún estamos vivos. Woody Allen, lo expresa notablemente:

No es que tenga miedo de morir; ¡es solo que no quiero estar allí cuando suceda!

Fred Kofman en The Meaning Revolution: Leading with the Power of Purpose, comenta que “morir antes de morir” es el esfuerzo más importante que debemos hacer si queremos vivir plenamente. Sugiere que imaginemos el discurso de nuestro funeral, lo que dirán de nosotros nuestros seres queridos o el texto de nuestra lápida. Propone reflexionar profundamente sobre:

  • ¿Qué sueños no hemos perseguido?
  • ¿Qué miedos no hemos superado?
  • ¿Qué amor no hemos expresado?
  • ¿Qué resentimientos no hemos resuelto?
  • ¿Qué disculpas no hemos pedido?
  • ¿Qué regalos no hemos dado?

No hace falta enfrentar la muerte en un sentido literal, la invitación es a examinar nuestra vida, hacer las paces con nuestra mortalidad e inspirarnos a vivir. Como dijo Steve Jobs a los estudiantes de Stanford:

Recordar que van a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienen algo que perder. Ya están desnudos. No hay ningún motivo para no hacer lo que les pide el corazón.

Lo que la mayoría de nosotros teme no es realmente la muerte, sino nuestra idea de la muerte. En Meditaciones, Marco Aurelio aconseja:

Puedes dejar esta vida en cualquier momento; tenga esta posibilidad en su mente en todo lo que haga, diga o piense.

La muerte es la llamada a despertar definitiva. La muerte es un recordatorio de lo preciosa que es la vida y del tiempo limitado que tenemos para experimentarla y manifestarla. Cada momento encapsula posibilidades y decisiones. Cada momento abre oportunidades que se pueden aprovechar o descartar. Y esta apertura existencial caracteriza la vida humana.

Memento mori, es una reflexión oportuna para el complejo momento en que nos encontramos, permite abordar nuestros miedos, defectos y fracasos con una perspectiva más amplia. Con mayor conciencia de que este día, esta hora, este momento es todo lo que tenemos.

Créditos de la imagen: De Acaben, cropped by Kyro – Flickr, CC BY-SA 2.0,

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