adaptación
figura de boss light year y el vaquero goody

Caer con estilo

Atrapado en un entorno hostil, de pronto descubres que todas las ideas que tenías sobre ti y tu mundo son mentira. Todos tus recuerdos son falsos, todas tus convicciones erróneas. Eso le ocurrió a Buzz Lightyear.

Toy Story, el primer largometraje de dibujos animados que en 1995 lanzó Pixar de la mano de Steve Jobs, cambió todo lo conocido con sus innovaciones tecnológicas, sin embargo, como señala Nicholas Barber en The dark side of Toy Story, el elemento innovador más radical fue desarrollar la temática de la desilusión.

Buzz Lightyear es el nuevo juguete de Andy, y está convencido que es un héroe interestelar cuya misión es matar al emperador Zurg para salvar al Universo. Mientras tanto, los otros juguetes asumen con alegría su condición y función para la que fueron creados; hacer que Andy juegue con ellos.

Woody al principio cree que Buzz es un juguete más, pero rápidamente se da cuenta de que tiene creencias extrañas y una especie de complejo de superioridad. Buzz al ser enfrentado a la idea de que es un juguete, lo niega rotundamente y responde rebotando por la habitación de Andy para demostrar que puede volar, intentando arreglar su nave espacial, afirmando que solo él tiene información que puede destruir la estrella de la muerte del emperador Zurg. Woody es directo:

¡¡¡Eso no es volar, eso es CAER CON ESTILO!!! ¡¡¡ERES UN JUGUETE!!! ¡No eres el verdadero Buzz Lightyear, eres una figura de acción! ¡¡Eres un juguete de niños!! eres un hombrecillo extraño y triste y te tengo lastima. Adiós.

Por muy divertida y conmovedora que sea Toy Story, la tesis de la película es que no somos especiales, sino iguales a todos los demás mortales, y que viviremos más en paz cuando nos resignemos a esta condición y la vivamos sin complicaciones.

En una memorable escena, Buzz ve en televisión un anuncio comercial de su juguete, observa una imagen con estantes llenos de juguetes iguales que él. Experimenta una profunda crisis, y con la última esperanza que todo sea un error y que, si sea un héroe interestelar capaz de volar, se lanza por la escalera, se cae y se rompe un brazo.

Hasta aquí el mensaje de Hollywood había sido: “Puedes ser lo que quieras ser”, el mensaje de Toy Story es “No, no puedes”.

Al final Woody le propone a Buzz un nuevo propósito, una nueva misión heroica; hacer feliz a Andy.

En 12 Rules for Life: An Antidote to Chaos, Jordan Peterson, advierte que da igual lo bueno que seamos en algo o cómo midamos nuestros logros, siempre habrá alguien por ahí que nos hará quedar como incompetentes: “No tocas mal la guitarra, pero no eres Jimmy Page ni Jack White”.

El problema es que llevamos dentro de nosotros una voz crítica que sabe todo esto, insiste en condenar nuestros mediocres intentos y, en ocasiones no deja de culparnos por no cumplir con nuestras altas expectativas. Peterson, aconseja:

Quizá descubras que los detalles de los diferentes juegos en los que participas son tan exclusivos de ti, tan individuales, que cualquier comparación con otra persona resultaría inapropiada. Quizá sobrevaloras lo que no tienes y desprecias lo que sí. La gratitud tiene cierta utilidad real, supone una buena forma de protección contra los peligros del victimismo y el resentimiento.

Nos contamos historias desde niños y seguimos contándonoslas durante toda nuestra vida. Cuanto más tiempo abrazamos relatos imaginarios, tanto más fuerte se vuelve la obsesión por reforzarlos para seguir dándole sentido a nuestra existencia.

El cuento Un problema de Jorge Luis Borges, trata sobre don Quijote de La Mancha. Don Quijote se ha creado un mundo imaginario en el que él es un héroe legendario dispuesto a luchar contra gigantes y salvar a doña Dulcinea del Toboso. En este cuento Borges se pregunta:

¿Qué ocurriría, si a partir de sus creencias fantásticas don Quijote matara a una persona real?

Borges nos invita a cuestionarnos: ¿qué ocurre cuando los relatos que nos contamos a nosotros mismos nos causan gran daño o lo causan a los demás? Borges propone tres opciones:

  • Una opción es que no ocurra casi nada. Don Quijote no se preocupará en absoluto por haber matado a una persona real, porque: “haber matado a un hombre no tiene por qué perturbar a quien se bate, o cree batirse, con endriagos y encantadores”.
  • Otra opción es que después de matar a una persona real, don Quijote se sienta tan horrorizado que acabe saliendo de sus delirios.
  • La tercera opción, sería que mientras luchaba contra gigantes imaginarios, don Quijote una vez que haya matado a alguien, se aferre con más fuerzas a sus fantasías, porque serán lo único que dará sentido a su terrible crimen.

Yuval Noah Harari en Homo Deus, advierte que nuestra identidad es un relato imaginario. Lo narrativo es natural en nosotros; es la manera que tenemos de organizar e integrar contextos, ideas, emociones y sensaciones. Cada uno de nosotros tiene un sofisticado sistema que filtra la mayoría de las experiencias vividas, conserva solo algunas muestras bien seleccionadas, las combina con fragmentos de películas, novelas, discursos y sueños, y con todo ese revoltijo nos tejemos un relato en apariencia coherente sobre quienes somos, de dónde venimos y adónde vamos.

Para algunas personas su relato es una tragedia, otras habitan en un drama inacabable, otras abordan la vida como si se tratara de una película de acción, y no pocas actúan como si fueran parte de una comedia. Pero, al final, todos son solo relatos.

En la película documental británica The Last Shaman, un joven estadounidense de clase alta sufre una depresión tan profunda que ningún tratamiento logra mitigar ni menos curar. Sin opciones convencionales, James toma la decisión de viaja solo a la Amazonía peruana en busca de sanación. Encuentra amistades, respuestas y una especie de redención. Luego de un largo trabajo de diez meses, James reflexiona:

Tengo que volver a casa e integrar lo que aprendí aquí, para hacer las paces con los lugares de los que vengo. No vine a gobernar el mundo, no vine a ser alguien grande, vine simplemente a ser una parte muy pequeña de algo mucho más grande que yo, y eso es extremadamente liberador.

Nuestros relatos personales, estructuran nuestra conciencia y nos señalan el rumbo que seguimos. Nos dicen a quién amar, que esperar y qué hacer. Si no los evidenciamos y cuestionamos, nos dirigirán inconscientemente. Somos las historias que contamos a los demás sobre nosotros, y también las que nos contamos a nosotros mismos.

La opción es abrirnos a relatos más sanos y poderosos, sin compararnos con otros, sino con quien fuimos antes.

Al infinito… ¡y más allá!

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