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Proyectos personales

Michael Phelps, ha sido considerado uno de los mejores nadadores de la historia. Por su parte Hicham El Guerrouj, corredor de medio fondo marroquí, mantiene las plusmarcas del mundo en 1.500 metros, 2.000 metros y una milla. Ambos atletas son físicamente muy diferentes, Phelps con una estatura de 1.93 metros y 88 kilos, mientras que El Guerrouj con 1.75 metros de altura y 62 kilos de peso, sin embargo, ambos usan la misma talla de pantalones. La razón, Phelps para su estatura tiene unas piernas relativamente cortas y un torso muy largo, una complexión perfecta para un nadador. Por su parte El Guerrouj para su altura tiene unas piernas increíblemente largas y un torso corto, constitución ideal para un corredor de media distancia.

En una hipotética competencia de 5.000 metros planos de nivel olímpico, Phelps habría estado condenado al fracaso desde el principio. De manera similar, El Guerrouj podrá ser uno de los mejores corredores de la historia, pero es dudoso que hubiera calificado para los juegos olímpicos como nadador.

Los grandes ciclistas generalmente tienen una capacidad cardíaca extraordinaria. La media de pulsaciones en reposo de los ciclistas profesionales oscila entre 34 y 40 latidos por minuto. Miguel Indurain, cinco veces ganador del Tour de Francia y medallista de oro olímpico en 1996, registró una frecuencia cardíaca en reposo de 28 latidos por minuto. En las etapas de montaña del Tour de Francia, Indurain llegaba a 189 pulsaciones por minuto y en los descensos las bajaba a 60 latidos en medio minuto. Hoy 24 años después de su retiro, con 56 años y 10 kilos más de peso, su privilegiado corazón en reposo tiene solo 45 pulsaciones por minuto. “Lo mío es algo genético”, comentó Indurain en una entrevista.

Phillip B. Sparling, profesor de fisiología aplicada del Instituto de Tecnología de Georgia señala:

Los mejores atletas del mundo son el resultado de buenos genes y un entrenamiento óptimo. Una persona que tiene una gran dedicación, motivación y un excelente entrenamiento no llegará a un nivel de clase mundial a menos que haya heredado un sistema fisiológico superdotado para su deporte.

El pedagogo y profesor de ajedrez húngaro László Polgár rechazaba por completo la idea del talento innato, y consideraba que, con práctica dirigida y trabajo duro, un niño podía convertirse en un genio dentro de cualquier especialidad. Su lema era: “Un genio no nace, un genio se entrena y se educa”. László puso a prueba su teoría con sus propias hijas, decidió que el ajedrez sería el campo apropiado para experimentar y diseñó un plan para formarlas desde su infancia para que llegaran a ser grandes maestras del ajedrez. Susan, su hija mayor, empezó a jugar ajedrez cuando tenía solo 4 años, después de un período de seis meses, ya era capaz de derrotar a jugadores adultos. Sofia, la hija del medio, lo hizo aún mejor, a la edad de 14 años, era la campeona del mundo y, unos años después, se convirtió en gran maestra. Judit, la más joven, fue la mejor de todas. A la edad de 5 años, ya podía derrotar a su padre. A los 12 años, fue la jugadora más joven en entrar a la lista de maestros superando a Bobby Fischer. Judit Polgár por 27 años consecutivos, fue la jugadora de ajedrez número uno del mundo, y es considerada la mejor ajedrecista de la historia.

Brian R. Little en su libro Who Are You, Really?: The Surprising Puzzle of Personality, acepta que nuestra naturaleza está influenciada por factores genéticos y sociales:

  • Primarios o biogénicos: cuya influencia surge de nuestras raíces genéticas que moldean nuestras estructuras y procesos cerebrales.
  • Secundarios o sociogénicos: que emergen a través de la socialización y el aprendizaje de los códigos culturales, normas y expectativas de nuestro entorno.

Sin embargo, Little considera que más allá de la influencia de las fuentes de motivación biogénicas y sociogénicas, existe otra influencia fundamental de nuestro comportamiento que denomina motivos idiogénicos, una palabra que deriva del griego “idio”, que significa particular a uno mismo o personal. Los motivos idiogénicos, están conformados por los planes, aspiraciones, compromisos y proyectos personales que perseguimos en el transcurso de nuestra vida diaria. Estas pasiones pueden moldear nuestros pensamientos y acciones. Los proyectos personales pueden variar desde actividades aparentemente triviales hasta épicas trascendentales. Incluyen esfuerzos pequeños y grandes, desde lo íntimo hasta lo profesional, desde lo mundano hasta lo existencial.

Los proyectos personales, entonces, son conjuntos extendidos de acciones personalmente relevantes en un contexto dado, definamos estos atributos:

  • Personal: los proyectos personales se enmarcan y valoran a través de nuestra perspectiva propia. Tocar un instrumento, prepararse para una maratón, la pregunta es ¿qué significa esto para ti?
  • Extendido: un proyecto personal no es un acto momentáneo sino una secuencia de acciones que se extienden en el espacio y el tiempo.
  • Interconectado: Un proyecto personal engloba una serie de acciones interconectadas. Formar una empresa, cuidar de una familia, escribir un libro.
  • Relevante: Un proyecto personal representa una posibilidad entre múltiples opciones. Es deliberado y significativo. Como aconseja Warren Buffett, escribe una lista con 25 metas y concéntrate en las cinco prioritarias. El resto de ellas roban tiempo, energía y desvían la atención.
  • Acción: un proyecto personal no es una respuesta pasiva a fuerzas externas, sino una secuencia intencional de comportamientos.
  • Contexto: los proyectos personales se ejecutan en contextos físicos, sociales, culturales y temporales. Estos contextos, pueden estimular, potenciar, inhibir o bloquear el éxito del proyecto personal.

Brian R. Little y su equipo en la universidad de Cambridge han estudiado los proyectos personales de miles de personas y han identificado varias categorías de ellos, los que ordenados por frecuencia son:

  1. Trabajo y actividad
  2. Interpersonales
  3. Mantenimiento del entorno
  4. Recreación y Entretenimiento
  5. Bienestar físico y salud
  6. Intrapersonales

Pensar en nuestra personalidad como “hacer proyectos” en lugar de “tener rasgos” abre un tremendo potencial de cambio, ya que podemos elegir conscientemente y adaptar nuestra lista de proyectos personales de forma muy diferente a pretender cambiar nuestros rasgos o nuestra historia. Sin embargo, nuestros rasgos de personalidad y contexto social influencian y se conectan con nuestros proyectos personales, por lo que es conveniente mirar cuan alineados están para favorecer su realización.

Rasgos de personalidad: alinear los proyectos personales con nuestros rasgos de personalidad aumenta su sostenibilidad. Una persona tranquila e introvertida que persigue un proyecto personal de “escribir un libro”, tiene más probabilidades de mantener ese proyecto que si aspira a “postularse para un cargo político”. La forma en que cada uno interpreta sus proyectos personales puede tener un impacto significativo en su sostenibilidad. La sostenibilidad interna se refiere a nuestra capacidad para mantenernos motivados y comprometidos con nuestros proyectos personales, sin embargo, también requerimos sostenibilidad externa.

Contexto y apoyo: esto implica gestionar nuestros contextos cotidianos y contexto social, lo que incluyen no solo los entornos físicos que nos rodean, sino también a otras personas e instituciones. El apoyo emocional es fundamental para el éxito del proyecto. Los contextos diarios de nuestras vidas pueden facilitar o frustrar el éxito de nuestros proyectos personales, por lo que deben ser optimizados para darles mayor viabilidad.

Estructurar de manera consciente nuestra vida en torno a proyectos personales cuidadosamente seleccionados, es un avance considerable a un permanecer y transcurrir sin rumbo. Sin embargo, controlar, refinar y regular nuestras acciones diarias, con un sentido de dirección, significado y propósito puede resultar agotador. También debemos aceptar lo inesperado.

En medio de toda esta configuración consciente de nuestras perspectivas futuras, debemos dejar espacio para la innovación y creatividad. Esa ligereza es esencial para asegurar la sostenible de nuestros propósitos más profundos y para desarrollar ampliar nuestras perspectivas. Es lo que permite que la humanidad brille. Es totalmente posible llevar a cabo nuestros proyectos de forma consciente y estar abiertos al azar.

Brian R. Little aconseja:

Por lo tanto, perfeccione sus habilidades como el atleta en el que siempre soñó convertirse, pero esté listo para cambiar de rumbo si comienza a demostrar una fuerte pasión por la ciencia. Siga escribiendo su libro de poesía, pero aproveche la oportunidad cuando un editor le pida que escriba un artículo sobre música clásica. Planifique su tan esperado viaje a Las Vegas, pero aproveche al máximo una noche en Chicago cuando su vuelo se retrase. En última instancia, es la unión de estos dos enfoques lo que hace que la vida sea profundamente satisfactoria.

Es probable que nuestra herencia genética no sea la que heredaron Michael Phelps, Hicham El Guerrouj o Miguel Indurain. Los genes determinan nuestras áreas de oportunidad, pueden predisponer, pero no predeterminar. Para maximizar nuestras posibilidades debemos elegir un campo de competencia coherente con nuestras capacidades innatas. Adoptar esta estrategia implica reconocer que todas las personas nacemos con distintas habilidades, pero tenemos que trabajar esas habilidades para destacar. Nuestros proyectos personales son fundamentales para construir y reforzar la narrativa de nuestra identidad, identificarlos, definirlos y perseverar en ellos abre grados de libertad para escoger nuestro propio rumbo. En definitiva, proyectos personales motivadores, relevantes y dándolo todo en ellos.

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