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Hábitos

En su cumpleaños número 30, Steve Jobs envió el siguiente refrán hindú a sus amigos:

Durante los primeros 30 años de tu vida, creas tus hábitos. Durante los últimos 30 años de tu vida, tus hábitos te crean a ti.

Cuando nos convertimos en adultos, rara vez notamos los hábitos que nos constituyen, después de décadas de programación mental, operamos en automático y toman el control nuestros patrones de pensamiento y acción.

Según las estadísticas, bajar de peso, dejar de fumar, no ser irónico, entre otros, es extremadamente difícil para los seres humanos. Y si para una persona es difícil reconocer sus hábitos y cambiarlos, imagine en una empresa.

Charles Duhigg, en su libro El poder del hábito: por qué hacemos lo que hacemos en la vida y los negocios, afirma que las empresas, organizaciones y comunidades tienen hábitos que operan de manera muy similar a como lo hacemos en nuestra vida personal.

El cambio lo podemos focalizar en tres dimensiones:

  • Los resultados: esto implica volcar nuestra atención en las metas que queremos alcanzar.
  • Lo que hacemos: esto involucra cambiar nuestros hábitos y sistemas que generan los resultados.
  • Nuestra identidad: esto implica cambiar nuestra forma de ver el mundo, nuestros juicios, nuestros estándares y nuestras expectativas.

James Clear en su libro Atomic Habits, sostiene que nuestra identidad es esencialmente la suma de nuestros hábitos.

  • ¿Qué tan en forma o fuera de forma estamos?, es el resultado de nuestros hábitos.
  • ¿Qué tan feliz o infeliz nos sentimos?, es el resultado de nuestros hábitos.
  • ¿Qué tan exitoso o fracasado nos percibimos?, es el resultado de nuestros hábitos.

Lo que hacemos repetidamente forma en última instancia la persona, empresa, organización o comunidad que somos. Es decir, si somos capaces de cambiar nuestros hábitos y sistemas, no solo cambiamos los resultados posibles de alcanzar, sino que también cambiamos nuestra identidad.

Según Clear, existe un patrón de cuatro etapas en la formación de hábitos. Cada vez que entra en acción, nuestro cerebro sigue esta secuencia en el mismo orden, la profundiza y la reafirma:

  1. Señal: Analizamos continuamente nuestro entorno interno y externo en busca de indicios de dónde hay recompensas. Cuando una señal activa nuestro cerebro, se inicia el proceso. La percepción de señales asociadas a comportamientos repetitivos, es la primera indicación de que estamos cerca de una recompensa y la vinculamos naturalmente a un deseo.
  2. Anhelo: Es la fuerza motivadora detrás de cada hábito. Lo que anhelamos no es el hábito en sí, sino el impulso para producir el cambio de estado. No anhelamos fumar, sino la sensación de alivio que proporciona. Cada anhelo está vinculado al deseo de cambiar nuestro estado interno. Las señales no tienen sentido hasta que se interpretan. Los pensamientos, sentimientos y emociones conectan las señales que percibimos con deseos y anhelos.
  3. Respuesta: Este es el hábito en sí. Es el comportamiento repetitivo, que puede tomar la forma de un pensamiento o una acción. Depende de la motivación y la competencia. Un hábito solo puede ocurrir si somos capaces de realizarlo.
  4. Recompensa: Las recompensas son el objetivo final de todo hábito. La señal, avisa que hay una recompensa posible. El anhelo se ocupa de potenciar la recompensa con una emoción y desearla. La respuesta es la forma automática con la que creemos que obtendremos la recompensa.

James Clear, sostiene que, si un comportamiento es insuficientemente reforzado en cualquiera de estas cuatro etapas, no se convertirá en un hábito. Si eliminamos la señal, el hábito nunca comenzará, si se reduce el anhelo, no se experimentará la suficiente motivación para actuar. Si se dificulta la ejecución del comportamiento, no se podrá realizar. Y si la recompensa no satisface el deseo, no habrá motivos para volver a realizarlo en el futuro. Sin los primeros tres pasos, no se realizará el comportamiento y sin el cuarto paso, el comportamiento no se convertirá en hábito.

Estas cuatro etapas del hábito se representan como un ciclo de retroalimentación que se refuerza permanentemente en nuestras vidas. Este ciclo explora continuamente el entorno, predice lo que sucederá a continuación, prueba diferentes respuestas y aprende de los resultados.

La señal desencadena un anhelo, que motiva una respuesta, que proporciona una recompensa, que satisface el deseo y, en última instancia, se asocia con la señal. Juntos, estos cuatro pasos forman un circuito de retroalimentación neurológica: señal, anhelo, respuesta, recompensa; señal, anhelo, respuesta, recompensa, que crea y refuerza hábitos.

Similarmente, en una empresa existen múltiples procesos, prácticas y hábitos que forman parte de su cultura corporativa, cambiarlos requiere:

  • Comprender: Analizar cómo funcionan los hábitos. Entender por qué se producen e identificar las posibles “causas raíces”.
  • Priorizar: Charles Duhigg, describe el caso de Alcoa, y como esta empresa se focalizó en una práctica aparentemente irrelevante desde el punto de vista financiero, la seguridad. Sin embargo, esto permitió corregir numerosos procesos y conductas, cambiando literalmente la identidad y los resultados de la empresa en una década.
  • Perseverar: Las malas prácticas no nacen de la noche a la mañana y tampoco desaparecen así. Es como aprender a caminar, primero debes ponerte de pie, dar algunos pasos tentativos y caerte. Luego te levantas y sigues intentándolo todo el tiempo que sea necesario. Cuanto más complejo y desafiante sea el esfuerzo, más prueba y error se necesitará para hacerlo bien.
  • Personas: Para que el cambio ocurra y sea parte de la identidad de la empresa, debe estar arraigado en las personas. Cuando en Alcoa se animó a las personas a informar a los ejecutivos sobre los accidentes y riesgos de seguridad, el cambio comenzó. Las personas empezaron a proponer ideas no solo sobre seguridad, sino también para mejorar el negocio. La empresa se transformó.

El verdadero cambio de conducta es un cambio de identidad. Es posible adquirir un nuevo hábito por motivación, pero la única razón por la que se conserva es porque se hace parte de nuestro ser.

El conflicto con la identidad es la mayor barrera que puede enfrentar el cambio positivo a cualquier nivel (individual, grupal o social). Los hábitos positivos pueden tener sentido a nivel racional, pero si entran en conflicto con la identidad, pierden coherencia en la práctica.

Alasdair MacIntyre, en su libro Tras la virtud, señala:

El hombre, tanto en sus acciones y sus prácticas como en sus ficciones, es esencialmente un animal que cuenta historias. Lo que no es esencialmente, aunque llegue a serlo a través de su historia, es un contador de historias que aspira a la verdad.

Las mejoras, son solo declaraciones hasta que se convierten en parte integral de nuestra esencia, de lo que somos, lo que se expresa a través de lo que hacemos:

  • La meta no es leer un libro, la meta es convertirse en lector.
  • La meta no es correr un maratón, la meta es convertirse en deportista.
  • La meta no es aprender a tocar un instrumento, la meta es convertirse en músico.

Cuando la conducta y la identidad están sincronizadas y son coherentes, actuar fluye naturalmente. Simplemente se actúa como la persona, empresa, organización o comunidad que somos.

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