Gestión del conocimiento e innovación

Conocimiento y comprensión

Las ideas simples son las más difíciles de captar. Se nos escapan a causa de la extrema complejidad de nuestra mente que nos incita a complicarlo todo. Abordemos la relación entre las nociones de conocimiento y comprensión. Podemos conocer sin comprender; pero no podemos comprender sin conocer.

Descartes, considerado el fundador de la filosofía moderna, frente a la pregunta: “¿Hay algo que pueda saber con absoluta certeza?”, se dio cuenta de que no había duda alguna acerca del hecho de estar pensando constantemente, y concluyó: “Pienso, luego existo”, así que para Descartes pensar era sinónimo de ser, es decir, que la identidad era sinónimo del pensamiento. Pasaron casi 300 años para que Jean Paul Sartre, comenzara a reflexionar sobre ese “Pienso, luego existo” y súbitamente descubrió, según sus propias palabras, que “La conciencia que dice ‘existo’ no es la misma conciencia que piensa”, es decir, cuando tomamos conciencia de estar pensando, esa conciencia no es parte del pensamiento.

Para el neurocientífico Antonio Damasio, hablar de nuestro cerebro, requiere que lo insertemos en un cuerpo, Para Damasio, un organismo forma una mente a partir de neuronas excitables y organizadas en circuitos. La mente surge cuando la actividad de pequeños circuitos de neuronas se organiza a través de grandes redes, y componen patrones. Estos patrones representan cosas y acontecimientos que se hallan situados fuera del cerebro.

Estos patrones son los “mapas”. Así, el cerebro levanta mapas del mundo a su alrededor, así como de sus propias actividades. Estos mapas se experimentan en nuestra mente como imágenes, imágenes visuales, auditivas, viscerales, táctiles, o de cualquier otro tipo sensorial.

Los primeros productos, y los más elementales, del “proto-sí mismo” son los sentimientos. El cerebro empieza a forjar la conciencia desde el tronco encefálico hasta la corteza cerebral, así el “sí mismo y la conciencia” no “ocurren” en una única área del cerebro. El progreso de la mente no termina con la aparición de los niveles de “sí mismo”, las mentes conscientes, apoyadas por capacidades mayores de memoria, razonamiento y lenguaje, engendraron los instrumentos de la cultura y abrieron el campo a nuevos medios de homeostasis sociales, que dieron origen a los sistemas de justicia, organizaciones políticas y económicas, las artes, la medicina y las tecnologías.

Al parecer, jamás, en toda nuestra historia conocida como especie, hemos acumulado más conocimiento que durante los últimos cien años. Actualmente estamos celebrando la apoteosis de la razón. Sin embargo, parece que algo falta. Como Manfred Max-Neef señala en La economía desenmascarada: Del poder y la codicia a la compasión y el bien común:

Podemos, por ejemplo, guiados por nuestro admirado método científico, estudiar todo lo que existe, desde visiones teológicas, antropológicas, sociológicas, psicológicas e incluso bioquímicas, sobre un fenómeno humano llamado amor. El resultado será que sabremos todo lo que se puede saber sobre el amor. Pero una vez satisfecho nuestro conocimiento, tarde o temprano descubriremos que jamás podremos comprender el amor, a menos que nos enamoremos.

El saber sin comprender es vacío, y el comprender sin saber es incompleto. La comprensión depende de nuestro estado de ser, de nuestro estado de presencia, no es sólo una idea en mi cabeza o una sensación o una emoción particular. La comprensión implica todo nuestro ser.

Hoy comentábamos con un amigo, la diferencia que se experimenta cuando integramos nuestra mente, cuerpo y emociones en lo que hacemos, es decir, pasar de la conciencia a la presencia.

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