caos

El camino del agua

Casi todas las culturas humanas guardan la memoria de un diluvio. Un relato mapuche cuenta que, al despertar de un largo sueño, la serpiente marina Caicai se enfureció al ver que los hombres eran unos desagradecidos con el mar por todo lo que les daba. Con su cola golpeó el agua y provocó un gran diluvio que inundó la tierra. Para salvarse, las personas escaparon a lugares altos. En su huida fueron ayudadas por la serpiente de tierra Trentren, quien ordenó a los cerros que aumentaran su altura. Luego del cataclismo, las personas continuaron con su misma vida. Trentren observó el comportamiento de los hombres y también se enfureció, por lo que hizo que los volcanes entraran en erupción y la población nuevamente debió escapar a lugares más seguros. Esta lucha titánica entre Caicai y Trentren es la causante de la geografía de Chile. A veces, estas grandes serpientes se cansan y duermen, pero Trentren se manifiesta mediante terremotos y erupciones volcánicas, y Caicai hace lo suyo con maremotos e inundaciones cuando se revuelve en medio de su sueño.

En la mitología escandinava, Odín y sus hermanos mataron al gigante de hielo Ymir, provocando una gran inundación que arrasó con todo a su paso y ahogó a personas y animales. Para muchos en occidente, el relato de catástrofe universal provocada por el agua más familiar es la historia bíblica del diluvio de Noé. Estas historias comparten la idea que el desastre es obra de dioses ofendidos o de fuerzas que exceden por completo la voluntad humana. El hombre apenas sobrevive, refugiándose o esperando que la cólera divina amaine. Sin embargo, en China sobrevive una antigua leyenda de gran inundación que, a diferencia de otros relatos, se centra en el triunfo del ingenio, la perseverancia y el trabajo humanos para poner orden en el caos. Es, en cierto sentido, el mito fundacional de una civilización que decidió leer la catástrofe no como castigo, sino como problema de ingeniería y de carácter.

El sinólogo Mark Lewis, en su libro The Flood Myths of Early China (2006), describe el escenario donde nació esa leyenda. Afirma que hace unos cuatro mil años, el territorio que hoy llamamos China albergaba a unos dos millones de habitantes, distribuidos en comunidades agrícolas de clanes rivales a lo largo del río Amarillo. Apodado “el dolor de China”, el río se desbordaba con frecuencia y provocaba grandes desastres. Hallazgos geológicos han sugerido que el valle del río Amarillo fue, en tiempos prehistóricos, escenario de fenómenos de una violencia abrumadora, y las comunidades que lo habitaban tuvieron que enfrentarse a ellos.

Cuenta una antigua leyenda que, tras nueve años de tormentas, una inundación colosal lo destruyó todo. El emperador Yao, preocupado por estas incesantes catástrofes, ordenó a un hombre llamado Gun que emprendiera una de las primeras grandes hazañas de ingeniería. Debía diseñar un sistema para controlar las crecidas del rio. Si fracasaba, pagaría con su vida. Gun decidió construir unas gigantescas represas de tierra a lo largo del río. Pero una y otra vez, las aguas del río se abrían paso; todas las barreras fallaban; la corriente del río Amarillo se negaba a ser controlada. Gun no pudo salvar a su pueblo de las inundaciones y pagó con su vida.

El desafío de Gun pasó a su hijo Yu. Si fracasaba, enfrentaría el mismo castigo que su padre. Yu dedicó su vida a aquella tarea. Prometió a su joven esposa que no volvería a su hogar hasta que hubiera domado el río. La única certeza que tenía era que debía cambiar el enfoque que había seguido su padre. Antes que nada, decidió recorrer los más de 5.000 kilómetros del curso del río. Trabajó con maestros expertos en agricultura, durmió y comió con lugareños, buscando comprender el contexto, los elementos y sus dinámicas. En esta búsqueda, se le ocurrió algo totalmente diferente: en lugar de oponerse a la corriente, seguiría el camino del agua. Si la naturaleza del agua es fluir, le abriría caminos por donde fluir.

Yu decidió que, en lugar de construir represas para controlar el flujo del agua, domaría al río Amarillo dividiéndolo. Construiría una red de canales y diques paralelos para descargar el agua de las crecidas en los campos. Así, el desbordamiento, antes destructor, alimentaría arrozales y estanques de acuicultura.

Para realizar este proyecto colosal necesitaría mucha mano de obra, largos años y una cooperación a una escala sin precedentes. Tenía que convencer a cientos de clanes rivales para que dejaran de lado siglos de hostilidad y trabajaran juntos. Cuando lo consiguió, comenzaron las obras. Yu comía y dormía con los trabajadores. Sus manos y sus pies estaban completamente cubiertos de callos, dragando personalmente los lechos cenagosos del río y sus afluentes.

Según la leyenda, durante aquellos años, Yu pasó tres veces por la puerta de su casa, pero en cada una de ellas respetó su promesa y no entró. La primera vez escuchó que su esposa estaba de parto. La segunda vez, su hijo ya podía llamarlo. La tercera vez, su hijo tenía más de diez años. En cada ocasión se negó a entrar en su casa, diciendo que, mientras las inundaciones continuaran dejando a tantas personas sin hogar, él no descansaría.

Luego de trece años de intenso trabajo, la enorme red de canales de miles de kilómetros de extensión estaba terminada. Había llegado el momento de poner a prueba la gran obra de ingeniería. Llegaron las inundaciones y la gigantesca red de canales, el dragado y el sistema de irrigación funcionaron. Las incesantes crecidas estaban controladas y el sistema de canales permitió que las comunidades florecieran a lo largo de las vías fluviales. Yu resolvió un problema de inundación y creó un excedente. El soberano Shun, sucesor de Yao, quedó tan impresionado por el trabajo, la perseverancia y la determinación de Yu que le entregó el trono en lugar de a su propio hijo. Pasó a la historia como Da Yu (Yu el Grande). David Montgomery, profesor de geomorfología en la Universidad de Washington, señaló en “Ancient Chinese Megaflood May Be Fact, Not Fiction”(2016):

Estamos aprendiendo que algunas historias que alguna vez se consideraron folclore y mito pueden tener sus raíces en hechos reales. Los científicos están prestando un poco más de atención a las historias tradicionales.

Tras ver completada su obra, Yu se permitió volver con su familia. En este relato, el héroe realizó hazañas de ingeniería fluvial que pusieron orden en la tierra y allanaron el camino para el desarrollo de su sociedad. La historia de Yu se centra en la determinación, perseverancia y trabajo, pero también muestra estrategias para abordar lo desconocido, confuso e impredecible. El enfoque adoptado por su padre consistió en intentar controlar y dominar a través de restricciones rígidas que impidieran el flujo natural de las cosas, mientras que Yu, luego de comprender profundamente el problema, se ocupó de redirigir el agua, dragando nuevos canales en el río para canalizarlo de acuerdo con su flujo natural. Robin Wang, profesora de filosofía en la Universidad Loyola Marymount en Los Ángeles, en su libro Yinyang: The Way of Heaven and Earth in Chinese Thought and Culture(2012)escribe sobre Yu:

Su método sirve como la metáfora de fluir en sintonía con el terreno para lograr las cosas con excelencia, facilidad y sostenibilidad.

En la cosmología del pueblo chino, el hombre y la naturaleza están unidos. Para entender sus principios se requiere una profunda conexión con la tierra, sus elementos y criaturas. Esto solo se puede lograr aprendiendo a observar, sintiendo el ritmo de la vida y percibiendo cómo todo está interconectado en un equilibrio armónico. Nathan Sivin, en su artículo “Chinese Alchemy and the Manipulation of Time” (1976), escribió:

El pensamiento científico comenzó, en China como en otros lugares, con intentos de comprender cómo es que, aunque las cosas individuales están cambiando constantemente, siempre surgiendo y pereciendo, la naturaleza como un orden coherente no solo perdura, sino que sigue siendo conforme a sí misma.

Robin Wang, en su contribución a How to Live a Good Life (2024) argumenta que el taoísmo surgió como una respuesta pragmática a un mundo caótico. El taoísmo anima a navegar la incertidumbre, lo que requiere tomar perspectiva. El taoísmo compara la vida con un río. El río tiene un curso o varios cursos. La mayor parte de nuestras vidas nadamos contra la corriente. Creemos que debemos y podemos manipular el entorno para sobrevivir, aunque la mayoría de los procesos que están tanto dentro como fuera de nosotros están fuera de nuestro control. El enfoque taoísta es más bien navegar por el río en lugar de intentar controlarlo.

El modelo de conducta que propone el taoísmo es el wu-wei, que significa no intervenir en el curso de los acontecimientos, dejando que se exprese el orden natural y espontáneo de las cosas. Fluir con la dinámica de las cosas en vez de violentarla. “Espontaneidad cultivada” o esfuerzo sin esfuerzo. El sabio, dice la tradición, comprende los procesos que guían el mundo y se mueve con ellos, no contra ellos. Para conseguirlo, aconseja desarrollar la ausencia de deseos y ambiciones. Invita a una acción que no fuerza, sino que se adapta, que distingue lo que depende de nosotros de lo que no. Sin embargo “no-actuar” no significa pasividad. Esto es evidente en el gigantesco, laborioso y extenuante trabajo realizado por Yu y su equipo. El sinólogo español Iñaki Preciado, en su libro Los libros del Tao (2006), describe este enfoque como una naturalidad libre de artificio, una no intervención en el curso de los acontecimientos que, sin embargo, no excluye el trabajo. Esta es la paradoja productiva del wu-wei: se puede estar embarcado en la tarea más frenética y duradera y, aun así, ejecutarla en paz. Yu domó el río tomándolo por maestro. Su obra fue una intervención masiva: dragó, excavó, desvió, pero lo hizo sin forzar al agua a ser otra cosa que agua. El profesor de filosofía Jian-guang Wang, de la Universidad Agrícola de Nanjing en China, en su artículo “Water Philosophy in Ancient Society of China” (2019) escribe:

El agua es variable y condensable, blanda y dura. La razón por la que el agua puede conmocionar el pensamiento de las personas es que las personas pueden comprender su metáfora, observar los fenómenos sociales y sentir el verdadero significado de la vida según su imagen.

El actual caos mundial no es una crisis transitoria. La incertidumbre dejó de ser una anomalía pasajera para instalarse como clima permanente. La tentación de construir barreras que lo contendrán todo, sigue siendo la primera solución que pensamos, y la primera que falla. En lugar de luchar o presionar contra los obstáculos, podemos permitir que las cosas sigan su curso natural. Esto también puede significar que cuando no sabemos qué hacer, podemos optar por: “hacer nada”. A veces, las cosas deben permanecer un poco turbias por un tiempo. Dave Snowden, en Cynefin – Weaving Sense-Making into the Fabric of Our World (2020), explica que en los sistemas complejos muy pocas veces las cosas están claras. Frecuentemente está todo enredado y en múltiples capas. En situaciones complejas, cualquier diagnóstico o acción es una intervención y los pequeños cambios pueden producir efectos significativos, intencionados o no. El concepto de experimentos pequeños es preferible. Así, dirigimos la energía donde el sistema es receptivo. Buscamos enfoques paralelos en lugar de respuestas directas.

El mito de Yu enseña a trabajar con el caos. Encontró la solución a las inundaciones recorriendo los más de 5.000 kilómetros del río Amarillo, familiarizándose con el contexto, identificando sus componentes, observando sus dinámicas, aprendiendo de sabios, hablando con la gente común, viviendo y trabajando entre ellos. El trabajo era agitado y requería esfuerzo, pero la solución era una que seguía la naturaleza del agua. La vida es fluida y creativa. Siempre está llena de potencialidad y transformaciones inminentes. El cambio es una condición intrínseca y eterna, con independencia del deseo, la voluntad o la planificación humana. La incertidumbre es parte esencial de nuestra vida. Es una condición que hay que aceptar y para la que tenemos que estar preparados. En palabras de Wang:

Aunque no invitamos a la incertidumbre a nuestra vida, nunca podremos eliminarla. El mundo no se trata de control racional, sino de ritmo natural.

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