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Atención robada

Hace más de 50 años, Herbert Simon, premio Nobel de economía, publicó un ensayo en que contó una historia: sus vecinos habían comprado un par de conejitos para su hija, y dado que los conejos eran macho y hembra, la comunidad pronto se encontró viviendo en un mundo superpoblado de conejos. Esto tuvo consecuencias, ya que un mundo rico en conejos es un mundo pobre en lechugas, pasto y flores de jardín. Simon usó esta historia para explicar el efecto que ya en esos años estaba provocando en el mundo la explosión de información y realizó el siguiente comentario:

En un mundo rico en información, la riqueza de la información significa una escasez de algo más: una escasez de lo que sea que la información consume. Lo que la información consume es bastante obvio: consume la atención de sus destinatarios.

En 2008 Nicholas Carr en una publicación de The Atlantic se planteó la pregunta ¿Está Google volviéndonos estúpidos? Carr afirmaba en esa columna que cuando leía en un dispositivo electrónico, sentía que no entendía nada:

Me doy cuenta sobre todo cuando leo. Antes me era fácil sumergirme en un libro o en un artículo largo. Mi mente quedaba atrapada en la narración o en los giros de los argumentos y pasaba horas paseando por largos tramos de prosa. Ahora casi nunca es así. Ahora mi concentración casi siempre comienza a disiparse después de dos o tres páginas. Me pongo inquieto, pierdo el hilo, comienzo a buscar otra cosa que hacer. La lectura profunda que me venía de modo natural se ha convertido en una lucha.

Unos años después, Carr publicó The shallows: what the Internet is doing to our brains, en que advirtió sobre los efectos perjudiciales que las tecnologías de Internet provocan en nuestra capacidad de concentración, memoria y procesamiento mental. Nuestros cerebros, cambian en respuesta a las tecnologías que utilizamos, ya que alteran nuestras redes neuronales. Carr explica que, así como el libro impreso nos ayudó a enfocar nuestra atención, promoviendo un pensamiento profundo y creativo, las nuevas tecnologías de Internet, hacen todo lo contrario, fomentan un pensamiento superficial y disperso. Están haciendo que perdamos nuestra capacidad de concentración, contemplación y reflexión:

La Red muy bien podría ser la más potente tecnología de alteración de la mente humana que jamás se haya usado en forma generalizada. Como mínimo, es la más potente que ha surgido desde la imprenta.

El cerebro humano está diseñado para adaptarse a los modos de pensar que practicamos regularmente, por lo que si dejamos de pensar con profundidad perdemos esa habilidad. En términos generales, Internet nos brinda información de una manera que debilita nuestra capacidad de pensar con profundidad. Google y otros servicios de Internet nos ayudan a investigar más rápidamente, encontrar información, comunicarnos, y mucho más, pero a la larga reducen nuestra capacidad cognitiva. Las formas más elevadas de pensamiento, la contemplación, la reflexión, la introspección, incluso la respiración profunda requiere que seamos capaces de prestar atención, que eliminemos el ruido, las distracciones, las interrupciones y ser capaces de abrazar el silencio. El filósofo alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han, en una reciente entrevista con EL PAÍS, señala:

Necesitamos que la información sea silenciada. De lo contrario, nuestros cerebros explotarán. Hoy percibimos el mundo a través de la información. Así es como perdemos la experiencia de estar presentes. Estamos cada vez más desconectados del mundo. Estamos perdiendo el mundo. El mundo es más que información y la pantalla es una mala representación del mundo. Giramos en un círculo alrededor de nosotros mismos. El teléfono inteligente contribuye de manera decisiva a esta mala percepción del mundo. Un síntoma fundamental de la depresión es la ausencia del mundo.

Nuestra mente se inclina espontáneamente a divagar. Nuestra biología está diseñada para captar información novedosa. El neurocientífico del MIT Earl Miller, explica que en la era de las cavernas esta era una capacidad de vida o muerte:

No había muchas fuentes de información, […] un susurro en los arbustos podía significar que un tigre estaba a punto de saltar sobre nosotros. Captar información nueva era crucial.

El problema es que, en el actual mundo abundante en información nos hemos vuelto adictos. David Lewis, en su artículo Dying for Information acuñó el término infoxicación para referirse a la intoxicación informacional, fruto del exceso de información disponible que excede nuestra capacidad y como consecuencia, nos genera ansiedad. Lewis escribe:

El conocimiento es poder, pero la información no.

La infoxicación es un problema para nuestra limitada capacidad de atención, sin embargo, la situación es aún peor. Shoshana Zuboff profesora emérita de Harvard, en su libro The Age of Surveillance Capitalism, señala que actualmente estamos inmersos en un capitalismo de la vigilancia.

El capitalismo de la vigilancia adquiere datos de nuestras experiencias humanas privadas y las transforma en mercancía.

La finalidad es extraer nuestros datos y por medio de algoritmos y gran poder de cómputo tipificar nuestro comportamiento para hacer predicciones. Así, venden productos de predicción. Y se venden a empresas y mercados que comercian exclusivamente con nuestros comportamientos futuros. Zuboff sostiene que este modelo de negocios, fue inventado por Google durante la crisis de las puntocom. La empresa descubrió que podía vender a sus anunciantes predicciones que extraía de los datos privados de sus usuarios.

Marta Peirano en su libro El enemigo conoce el sistema, explica que el modelo de negocios de las tecnologías persuasivas, la economía de la atención y el capitalismo de vigilancia gana dinero estimulando nuestra adicción a la información, para que usemos el mayor tiempo posible sus aplicaciones, plataformas y compartamos alegremente nuestros datos para modelarnos. Mientras más clics y contenidos generamos, hacemos más valioso su banco de datos. Peirano explica:

No somos adictos a la tecnología, somos adictos al chute de dopamina que ciertas tecnologías han infiltrado en sus plataformas. Esto no es un accidente, es deliberado.

Te hackean el cerebro para que la combinación exacta de grasa, azúcar y sal te genere bienestar, pero como no aporta nutrición al cuerpo, nunca se te pasa el hambre y tienes una especie de cortocircuito: tu cerebro te está diciendo dame más, esto es bueno, pero el resto de tu cuerpo dice tengo hambre. La perspectiva de la psicología y la neurociencia cognitiva contemporáneas coincide con lo que advertía la tradición contemplativa budista hace más de 2.500 años, tenemos una mente de mono:

Así como un mono que se balancea entre los árboles, agarra una rama y la deja ir para agarrar otra, así también, eso que se llama pensamiento, mente o conciencia surge y desaparece continuamente tanto de día como de noche.

¡Publiqué algo!, ¡Necesito urgente la máxima cantidad de Me gusta!. Estas tecnologías literalmente están modificando nuestra forma de percibir, actuar, sentir y pensar, nos interrumpen y distraen deliberadamente. Johann Hari en la investigación que realizó para su libro Stolen Focus: Why You Can’t Pay Attention entrevistó a los principales expertos mundiales en el tema, para responder a las preguntas: ¿Por qué hemos perdido nuestra capacidad de concentración? ¿Cuáles son las causas? Y, lo más importante, ¿cómo la recuperamos? Su conclusión es tajante:

Tu atención no colapsó. Te la robaron. Las redes sociales y muchos otros aspectos de la vida moderna están destruyendo nuestra capacidad de concentración. Necesitamos recuperar nuestras mentes mientras podamos.

Hari, descubrió que los adolescentes hoy solo se concentran en una tarea durante 65 segundos, y los trabajadores de oficina en promedio cambian de actividad cada tres minutos. Cita al investigador Earl Miller:

Nuestro cerebro sólo puede producir una o dos ideas a la vez. […] Somos muy, muy enfocados. Nuestra capacidad cognitiva es limitada. Pero hemos caído en una enorme ilusión. Creemos erróneamente que podemos manejar seis fuentes de información diferentes al mismo tiempo. No somos multitarea.

Gloria Mark de la Universidad de California, explica que cambiar rápidamente entre tareas conlleva costos de cambio. Para saltar de una tarea a otra, tenemos que alejarnos cognitivamente de una actividad y activar las nuevas reglas y habilidades necesarias para la nueva tarea. Esta conmutación entre tareas es ineficaz, nuestro desempeño baja, aumentan los errores, disminuye nuestra capacidad de memoria y creatividad. Por si esto fuera poco, tardamos un promedio de 25 minutos en volver a conectarnos con lo que estábamos haciendo originalmente. Otro estudio de la Universidad Carnegie Mellon tomó a 136 estudiantes y los hizo rendir un examen. Algunos de ellos tuvieron que tener sus teléfonos móviles apagados y otros tenían sus teléfonos encendidos y recibieron mensajes de texto intermitentes. Los estudiantes que recibieron mensajes obtuvieron, en promedio, un desempeño 20% inferior. Miller afirma:

Vivimos en una tormenta perfecta de degradación cognitiva.

Como un adicto, nuestro cerebro anhela toda esa información, pero nuestros cerebros no han evolucionado para lidiar con la increíble cantidad de fuentes disponibles. Como escribió Publius Syrius en el siglo I a. C.:

El que persigue dos conejos no atrapa a ninguno.

Lamentablemente, nos ha llevado hasta el siglo XXI para darnos cuenta de que Syrius tenía razón. Pero incluso si sabemos que cambiar de tarea es malo, nuestro cerebro nos hace creer que somos buenos en algo en que evidentemente no lo somos. Byung-Chul Han, en su libro Por favor, cierra los ojos advierte:

Los síntomas del Information Fatigue Syndrom (IFS), es decir, del cansancio de la información, incluyen la incapacidad de pensar analíticamente. Tal síndrome es la incapacidad de concluir e inferir. Por tanto, la masa de información acelerada ahoga el pensamiento. También el pensamiento necesita un silencio. Hay que poder cerrar los ojos.

Cal Newport es profesor asociado de informática en la Universidad de Georgetown, y en su libro Deep Work: Rules for Focused Success in a Distracted World acuñó el término trabajo profundo. Newport sostiene que hay dos habilidades humanas básicas que debemos recuperar:

  • La capacidad de dominar rápidamente cosas difíciles.
  • La capacidad para producir a un nivel superior, en términos de calidad y rapidez.

Para esto, la disciplina y la capacidad de concentración es fundamental. Newport define trabajo profundo como:

Todas las actividades que se llevan a cabo en un estado de concentración sin distracciones, que llevan las capacidades cognitivas al límite. Este esfuerzo crea valor, mejora las habilidades y no es fácil de replicar.

Sin embargo, esta habilidad cada vez es más escasa. Newport cita un estudio de la consultora McKinsey que muestra que los trabajadores de oficina en promedio pasan más del 60% de la semana laboral en redes sociales y búsqueda por Internet. Según Newport, el acceso a teléfonos inteligentes y las herramientas de Internet las 24 horas del día, los 7 días de la semana, son la fuente principal de distracción y solo nos habilitan para realizar trabajos superficiales, que él define como:

Tareas que no son exigentes desde el punto de vista cognitivo, tareas repetitivas que se suelen ejecutar en medio de distracciones. Estas actividades por lo general no crean un valor diferencial, son fáciles de replicar y potencialmente automatizables.

El trabajo de conocimiento que crea un valor diferencial, no es una cadena de montaje. Extraer valor de la información, conectar ideas, crear y reflexionar son actividades que a menudo están reñidas con la aceleración, la superficialidad y la dispersión.

El trabajo profundo es valioso, raro y significativo.

Para desarrollar la capacidad de realizar un trabajo de estas características, debemos ir más allá de las buenas intenciones y agregar rutinas y rituales diseñados para disponer de bloques de tiempo en que seamos capaces de mantener un estado de plena concentración ininterrumpida. Las distracciones deben ser reemplazadas por el enfoque. Algunas prácticas recomendadas:

  • Definir una rutina que incluya el lugar y la hora. La intención es proporcionar el entorno y la estructura adecuada para concentrarnos.
  • Eliminar las redes sociales.
  • Cerrar el correo electrónico, mensajería y notificaciones. Revisarlas en un horario establecido durante el día.
  • Poner el teléfono fuera de la vista.
  • Reducir los cambios bruscos de actividad. Agrupar tareas similares para evitar el malabarismo mental.

El ritmo lento y constante es fundamental para elaborar conclusiones significativas. Byung-Chul Han, nos aconseja:

Hoy día, el exceso de información, de transparencia y de rendimiento nos ha conducido a un tiempo incapaz de callar ni de concluir ningún proceso, un tiempo que ya no exhala ningún aroma. Pero el pensamiento no es posible sin silencio. Para poder pensar y concluir, hay que poder cerrar los ojos y contemplar.

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