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BIFURCACIONES

Si la historia no sigue una regla estable, y si no podemos predecir su rumbo futuro, ¿para qué estudiarla?, una respuesta podría ser que si examinamos los actos de nuestros ancestros podemos repetir sus buenas decisiones y evitar sus equivocaciones… lamentablemente casi nunca funciona de esta manera, por la sencilla razón de que el presente es demasiado diferente del pasado.

Vivir es una interminable secuencia de decisiones. Las decisiones que tomé años atrás, implican de alguna forma las decisiones no tomadas. El camino recorrido, es parte de las rutas no recorridas, nuestra vida se constituye de una seguidilla de decisiones entre bifurcaciones. El actual momento de crisis, es otra bifurcación, ya que junto con los peligros también existen oportunidades. Oportunidad individual para usar este receso como un reinicio creativo para nuestra vida, y también el potencial para abordar transformaciones colectivas.

La historia muestra que muchas veces acontecimientos imprevistos, desvían la ruta que se venía siguiendo. Estudiar esos eventos que, en su momento, fueron totalmente inesperados, posibilita reconocer evoluciones completamente distintas a las previamente esperadas.

En Homo Deus, Yuval Noah Harari, declara:

“el estudio de la historia pretende por encima de todo hacernos conscientes de posibilidades que normalmente no consideramos. Los historiadores estudian el pasado, no con la finalidad de repetirlo, sino con la de liberarnos del mismo.”

Mark Twain decía, que la historia no se repite, pero a menudo rima. Cada uno de nosotros nace en una realidad histórica específica, en un contexto social, cultural, económico y político concreto, así damos nuestra realidad por sentada, pensamos que es obvia, natural, inevitable e inmutable. Sin embargo, nuestro mundo individual y colectivo ha sido el resultado de una cadena de acontecimientos, que no solo moldearon nuestro entorno, sino que también han influido significativamente en nuestras ideas, valores, miedos y esperanzas.

Estudiar la historia, permite tomar conciencia que es posible imaginar futuros alternativos. Darnos cuenta de caminos que por algún motivo nuestros antepasados no fueron capaces de imaginar, de opciones que no vieron, decisiones que no tomaron o simplemente acciones que no vieron posibles de realizar. Observar la cadena de acontecimientos que nos han conducido hasta nuestro presente, nos muestra cómo han tomado forma nuestros propios pensamientos y nuestros sueños, y abre opciones para empezar a pensar y a soñar de manera diferente. El estudio de la historia no nos dirá qué elegir en el futuro, pero al menos nos abrirá más opciones.

El futuro siempre es una historia, por lo que hay más de un relato posible ¿Qué podría suceder?, el axioma fundamental sobre los que se sustentan los estudios de futuro, es que no hay un camino único desde el presente hacia el futuro. Hay bifurcaciones en el camino que nos llevan a varios futuros posibles. Jan Fagerberg en Innovation Studies: Evolution and Future Challenges, señala:

“El punto de partida es la creencia de que hay varios futuros posibles, no se trata de adivinar el futuro de forma determinista, sino de explorar entre los diferentes futuros posibles para actuar desde hoy en base a ellos.”

Las disciplinas de estudios de futuro coinciden en identificar al menos tres tipos de escenarios:

1. El futuro probable

Se trata de aquello que sucederá si seguimos con la inercia actual, haciendo lo mismo, tiene una probabilidad estadística de acontecer. Por supuesto podría suceder algo imprevisto que cambie el curso, pero entonces ya no sería el futuro probable.

2. Futuros posibles

Son todos aquellos futuros que no sería extraño que ocurrieran, o en los que los eventos para que acontezcan podrían darse. La ocurrencia de esos “cisnes negros” que pueden cambiar el rumbo de los acontecimientos y nos pueden llevar por caminos totalmente diferentes a los probables.

3. El futuro preferido

Consiste en aquel futuro deseado, al que estamos dispuestos a destinar tiempo, talento y recursos para que ocurra. Pese al contexto volátil, impredecible, complejo y ambiguo, el ser humano busca de forma intuitiva alejarse de la impotencia de sentirse testigo de los acontecimientos fruto del azar sobre los que no puede hacer nada.

Mahatma Gandhi, decía “El futuro depende de lo que tú hagas hoy”, sin embargo, en ese caminar e influir hacia un futuro deseado, no podemos olvidar que el resto del mundo a nuestro alrededor cambia y evoluciona también. Conocer los efectos que pueden tener esos cambios nos ayudará a adaptarnos dinámicamente para un impacto más positivo tanto en nosotros como en nuestro entorno.

En resumen, los estudios de futuro responden a tres preguntas ¿Qué creo que va a pasar?: el futuro esperado. ¿Qué podría pasar?: futuros posibles. ¿Qué quiero que pase?: el futuro preferido. Estos tres tipos de futuro le darán forma al futuro concreto, por lo tanto, debemos prestar atención a los tres, ya que cada uno de ellos representa un mecanismo particular de adaptación y cambio.

El futuro preferido está marcado por el impacto de las acciones que hagamos hoy, sin embargo, y, aun así, hay eventos impredecibles que pueden cambiar el curso de todo lo analizado. Marcel Prust lo expresa magistralmente:

El verdadero viaje del descubrimiento no consiste en buscar nuevos paisajes, sino en mirar con nuevos ojos.

En 2025, cuando miremos en retrospectiva lo vivido y decidido en 2020, ¿qué caminos alternativos a los caminados veremos?

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