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Minería 2.0

Chile ha sido, por mucho tiempo, líder mundial en la industria minera. Sin embargo, el contexto de negocios actual es radicalmente distinto. Junto con el desafío de rentabilizar minerales cada vez más complejos con una disminución sostenida de las leyes, afrontamos un incremento constante en los costos de suministros, escasez de insumos clave y alta rotación de profesionales expertos. Además si consideramos las nuevas exigencias medio ambientales, la mayor preocupación por mejorar los estándares de seguridad y salud ocupacional con precios de alta volatilidad, el contexto actual es realmente desafiante.

Peter Drucker declaró: “La contribución más importante de la gerencia del siglo XX fue incrementar cincuenta veces la productividad del trabajador manual en las plantas de producción. La contribución más importante que deberá hacer la gerencia del siglo XXI será incrementar en igual proporción la productividad del trabajador del conocimiento”. A nuestro entender esta declaración describe el cambio de paradigma que enfrenta la industria minera en el siglo XXI.

Muchos de los fracasos empresariales se deben a una simplificación excesiva de la complejidad al aplicar modelos de gestión diseñados para trabajos repetitivos en un contexto estable. Sin embargo, el problema en la minería de hoy consiste en gestionar la complejidad creciente, de un trabajo cada vez más especializado en un entorno de cambio permanente.

El principio fundamental para gestionar la complejidad, es incrementar la conectividad y colaboración entre los actores del sistema. Desde las sinapsis neuronales a las interacciones entre las empresas e instituciones, todo indica que debemos repensar la industria minera como un sistema viviente que impulse el aprendizaje y la innovación.

En vez de observar a las empresas mineras como estructuras organizacionales jerárquicas o un conjunto de mapas de procesos, nuestra propuesta es concebirlas como un conjunto de “capacidades organizacionales” que interactúan. En términos simples, una capacidad organizacional es la capacidad de una empresa para realizar las acciones que necesita.

El desafío para la industria minera en Chile es preservar su liderazgo haciéndose cargo de la complejidad actual, a través, de modelos de organización y gestión sustentados en la conectividad y colaboración. En esta perspectiva, si usamos el modelo de Don Tapscott, podemos identificar cinco niveles:

  • Colaboración y conectividad entre los equipos y dispositivos: Para proporcionar una infraestructura tecnológica integrada que facilite la automatización y operación remota.
  • Colaboración y conectividad entre las personas: Para crear una cultura de trabajo en equipo que deje atrás burocracias y prejuicios obsoletos.
  • Colaboración y conectividad entre silos: Para conformar una organización ágil y flexible con una voluntad efectiva de gestionar el conocimiento.
  • Colaboración y conectividad entre empresas: Para definir un nuevo marco de alianzas de largo plazo entre las empresas que participan de la cadena productiva en la industria minera.
  • Colaboración y conectividad global: Para acercar el quehacer de la minería a todas las partes interesadas. Esta industria en Chile demanda una actuación transparente ante el escrutinio de instituciones reguladoras y la sociedad en general.

Los nuevos desafíos de complejidad que enfrenta la industria minera exigen aprovechar todas las sinergias posibles entre sus componentes y actores. Por lo tanto, cuando hablamos de Minería 2.0, estamos pensando en operaciones mineras concebidas como una red sinérgica de capacidades organizacionales.

Tradicionalmente la tecnología de información ha sido vista sólo como un medio de intercambio de información. Pero a medida que se despliega el nuevo enfoque de colaboración, esta tecnología se convierte en el “sistema nervioso central” que permite la interconexión de los objetos y actores que componen las diferentes redes que surgen en la minería del futuro.

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