
Incertidumbre radical
El pensador esloveno Slavoj Žižek, uno de los más influyentes, controvertidos y prolíficos de los últimos tiempos, ha explorado cómo los “acontecimientos” rompen la continuidad histórica. En su libro Quantum History (2025) argumenta que la mecánica cuántica sugiere que lo real está “quebrado” por un vacío; la “incompletitud no es un fracaso del conocimiento sino una propiedad de la existencia misma”. Žižek insiste en que la realidad en sí es incompleta. Desde la física cuántica, sabemos que el observador afecta los resultados. Niels Bohr sostenía que esa “brecha” debe ser intrínseca a la realidad: “Todo lo que llamamos real está hecho de cosas que no pueden considerarse reales”. Según Žižek: “la genialidad de la mecánica cuántica está en su obvia incompletitud. No podemos conocer todo sobre la realidad… la realidad en sí misma es incompleta”. Žižek vincula esta idea con Hegel, en la Fenomenología del espíritu (1807), lo real siempre escapa a una descripción total, siempre hay “algo que no cuadra”. Žižek subraya que no existe un Todo completamente accesible: “la realidad no es plenamente ella misma, sino que está des-centrada con respecto a sí misma; deviene ella misma retroactivamente, a través de su registro”. Hay una ausencia o vacío, que ninguna medición llena por completo.
Según Žižek, aceptar esta incompletitud radical ha sido clave desde la Ilustración: repite su idea de que el fundador de la ciencia moderna (Descartes) aceptó la “contingencia radical del universo”, como creencias creadas por Dios. Siguiendo al psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan, enfatiza que la identidad se sostiene en fantasías contingentes. Así, la contingencia, entendida como la posibilidad de que algo suceda o no suceda, deja de ser un mero accidente epistemológico y se vuelve una propiedad estructural de la realidad. Žižek propone “la realidad” como multiplicidad fundada en un vacío. Esto lleva a pensar que “lo real” es inacabable, lleno de sobresaltos. Un anticipo conciso de esta crítica es la lectura que hace Hegel de la Creación: “la Caída retroactivamente constituye aquello de lo que cayó, es decir, el Bien… El paraíso antes de la Caída es el reino animal”. En otras palabras, el pasado adquiere sentido sólo en función de un evento futuro, lo que es la idea central de la incompletitud: no hay presente sin un más-allá por realizar. En una entrevista con IAI (2025) Žižek comentó:
Una de las ideas centrales y más bellas de la física cuántica, para mí, es esta: toda totalización, todo intento de comprender la totalidad, siempre parte de una posición específica. Se busca la imagen completa, el holograma, la visión omnisciente. Pero el holograma nunca es neutral.
Un holograma es una imagen tridimensional proyectada desde un plano de dos dimensiones. Según Žižek lo que experimentamos como volumen, profundidad y tiempo lineal es una ilusión generada por un patrón de interferencia plano. “Quieres la imagen completa, el holograma, la vista de Dios. Pero el holograma nunca es neutral. Siempre aparece de algún sitio. Y nunca podemos salir de ella y tomar una vista desde la nada”. Para Žižek, el holograma representa la fantasía de la totalización: “la ilusión de que existe una imagen completa, omnisciente y objetiva de la realidad (o de la historia)”. Pero esa imagen siempre surge desde una posición parcial, específica y sesgada. No hay “vista desde ninguna parte”. A partir de la incompletitud de la realidad, Žižek propone una reinterpretación de la historia. En su “historia cuántica”, el relato histórico no se despliega linealmente sino en superposición de posibles. “La historia está abierta en todas direcciones. No hay una línea trazable que nos diga a dónde va a ir todo ni dónde terminará. Hay multitud de posibilidades […] que sólo parecerán inevitables en retrospectiva”. Esta visión se apoya en la analogía cuántica del colapso de la función de onda: antes que ocurra la observación, todas las historias posibles coexisten. Solo cuando ocurre un “acto histórico” (una medición) una de esas historias se materializa. Žižek cita a Wheeler y a Hawking, respecto que en un universo cuántico incluso el pasado lejano puede “ser seleccionado” por una observación presente. Experimentos cuánticos sugieren que el futuro puede “retro-actualizar” el pasado sin contradicción causal fundamental. En sus palabras: “la historia de la actividad cuántica no está fijada hasta que se ha realizado una observación; eventos presentes y futuros seleccionan el pasado”.
Este giro implica que los sujetos no somos meros espectadores de una historia dada, sino parte constitutiva de ella. Al observar (o actuar) de cierta forma, contribuimos a definir qué pasó en realidad. La figura del sujeto-actuante es central: “las decisiones políticas, científicas o artísticas retroalimentan la trama histórica”. Žižek enfatiza que no existe una historia cerrada. Por ejemplo, la caída del Muro de Berlín, la crisis climática, la pandemia de COVID o la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán, no son leyes inevitables; son acontecimientos contingentes que reconfiguran el sentido del pasado reciente. En su artículo “Trump es el rey y, a la vez, el líder de los pandilleros” (2026), publicado en El País, Žižek sostiene que la tesis del “fin de la historia” anunciada por Francis Fukuyama en 1989, según la cual “el capitalismo liberal-democrático constituía el mejor orden social posible y ya no cabía progreso adicional alguno”, apenas duró tres décadas. Hoy nos encontramos en el extremo opuesto. Escribe:
La cosmovisión predominante es un realismo despojado de todas las ilusiones e ideales. Si eres un país pequeño, acepta que debes vivir con miedo. Si puedes disfrutar de un poder obsceno, hazlo, pero ten en cuenta que los principios no importan.
Los filósofos “ilustrados” buscaban leyes universales, pero Żižek sostiene que la única manera de “salvar” el tiempo es concebir la historia como abierta e incompleta. Los conceptos clave de este enfoque son:
- Superposición histórica: múltiples escenarios alternativos conviven hasta un acto decisivo.
- Colapso/Decisión: un acontecimiento singular (“acto”) hace “colapsar” ciertas posibilidades, generando un nuevo pasado estable (aunque provisional).
- Retroacción temporal: los resultados de un acontecimiento actual reconfiguran retrospectivamente el sentido y la interpretación de los hechos previos (efecto del observador en la historia).
- Sujeto pleno: el sujeto es parte del sistema y de la historia; su injerencia no es externa.
Žižek afirma que la historia cuántica no es un simple recurso retórico: es “una apuesta ontológica”, no un autorretrato superficial de la ciencia en la filosofía. Rechaza usar la cuántica como una “herramienta metafórica”; él la trata como “un comentario fuerte” sobre la estructura del mundo (un cambio de paradigma). Sin embargo, esta postura es controvertida. Algunos académicos objetan que esta extrapolación vincula dominios ontológicos y epistemológicos radicalmente dispares: la física cuántica es verificable cuantitativamente y reproducible en experimentos, mientras que la historia es, por esencia, un relato narrativo; de ahí el riesgo de una indebida mezcla de registros. Críticos, argumentan que esta extrapolación falla en capturar lo esencial. Por ejemplo, Rafael Holmberg en “The Problem with Žižek’s Ontology” (2025) sostiene que la realidad es “hipercompleta” más que incompleta: “produce efectos incompatibles que la misma realidad no puede reducir”. Es decir, la dificultad no está en un vacío, sino en un exceso interno. En este sentido, Žižek habría invertido la relación entre suceso y trascendencia: argumentan que el mundo ya encierra su falta y superabundancia simultáneamente. Otros cuestionan la literalidad de las analogías cuánticas: “los fenómenos como el colapso o la superposición pueden reflejar procesos físicos muy distintos a los sociales e históricos”.
De todas formas, el aporte de la “historia cuántica” es su capacidad explicativa de la contingencia: “pone en el centro de la teoría histórica el rol activo de la incertidumbre y la agencia”. En situaciones de crisis este enfoque puede iluminar por qué no hay un “horizonte de hecho” único. En contraste, enfoques alternativos como el materialismo histórico clásico o el positivismo tienden a subestimar esa radical incertidumbre. La metodología de Žižek no sigue un esquema formal como el de las ciencias, sino que es un paradigma filosófico-especulativo. Funciona por analogía articulada más que por modelos matemáticos: “no pretende formalizar la historia con ecuaciones matemáticas, sino extraer una lección dialéctica de la mecánica cuántica”. La tesis de la historia cuántica adquiere relevancia práctica en el análisis de crisis recientes, donde la contingencia desafía explicaciones lineales:
- Cambio climático: Los científicos advierten de puntos de inflexión irreversibles que pueden desencadenar saltos abruptos en el sistema climático. Al igual que un “colapso” cuántico, superar tales umbrales significa que “ya no se puede recomponer lo que se ha desestabilizado”. Bajo la óptica de Žižek, esto resalta la indeterminación del futuro climático: “no basta un cálculo determinista, pues interacciones complejas (deshielo, bosques que mueren, etc.) cambian la dinámica global de forma retroactiva”. El informe “Yale E360” (2026) subraya que “los sistemas planetarios estables traspasarán puntos de inflexión, umbrales más allá de los cuales las cosas no pueden volver a unirse”. Así, los colapsos ecológicos funcionan como eventos singulares que reconfiguran lo posible, exigiendo un análisis no lineal.
- Pandemia y crisis económicas: El surgimiento repentino del coronavirus es un claro acontecimiento contingente. Antes de 2020 pocos vieron venir un cambio histórico tan radical; hoy entendemos retrospectivamente que datos o comportamientos previos “colapsaron” en un nuevo estado. Las decisiones tomadas antes de la pandemia (por ejemplo: financiamiento sanitario, alertas tempranas) adquieren nuevo significado al observar el resultado final. El modelo clásico fallido de ver pandemias como eventos predecibles queda desplazado por esta narrativa: “se reconoce la retroactividad interpretativa”. Los economistas mencionan la pandemia junto al 9/11 y la burbuja financiera de 2008 como un “cisne negro”, término popularizado por Nassim Nicholas Taleb en su libro homónimo de 2007, donde analizó el concepto de eventos que aparentemente son imposibles de prever pero que tienen consecuencias monumentales cuando ocurren.
- Inestabilidad geopolítica: En años recientes hemos visto el surgimiento de fenómenos autoritarios que Žižek denomina “fascismo blando”, donde “coexisten dinámicas de capitalismo de mercado con poderes estatales fuertes que movilizan una ideología nacionalista para mantener la cohesión social”. Países como China, India, Rusia, Turquía o bloques pos-“Trump” ilustran trayectorias históricas divergentes no previstas por teorías lineales. En este contexto, la propuesta de Žižek valora la contingencia macro y la emergencia de eventos disruptivos. Su marco permite leer que, por ejemplo, la política climática fracasada o las tensiones globales solo pueden explicarse admitiendo saltos imprevistos más que desarrollos uniformes. No es tanto que ofrezca predicciones concretas como un lente para entender la carencia de determinación en el mundo.
- Guerra en Irán (2026): El ataque sorpresa conjunto de Israel y Estados Unidos el 28 de febrero de 2026, que asesinó al líder supremo Ali Khamenei y a numerosos altos cargos mientras se desarrollaban negociaciones indirectas sobre el programa nuclear, representa el ejemplo paradigmático según Žižek de un “acto histórico”. Antes de esa fecha coexistía una superposición de futuros posibles: continuación de la diplomacia, escalada a través de Hezbolá, o statu quo de amenazas mutuas. El “colapso” provocado por los bombardeos selectivos y la subsiguiente respuesta iraní con misiles y el cierre parcial del Estrecho de Ormuz, materializó una sola trayectoria: la guerra abierta. Mediante retroacción temporal, el presente redefine el pasado: las conversaciones diplomáticas en curso ahora aparecen como mera cortina de humo, y los ataques de 2024-2025 como pasos inevitables en una narrativa que solo cobra sentido después del colapso. El sujeto pleno (Trump, Netanyahu, los líderes iraníes supervivientes y la población iraní en potencia) no es espectador externo: sus decisiones co-constituyen la historia. El propio Žižek escribió recientemente en su Substack: “estoy en contra del régimen clerofascista iraní Y en contra de los ataques de Estados Unidos e Israel; si este régimen cae, será de forma injusta. La disyuntiva entre el régimen iraní y los Estados Unidos de Trump es falsa; ambos pertenecen al mismo mundo globalizado”. La historia permanece abierta con superposición de escenarios que solo parecerán inevitables en retrospectiva.
En síntesis, la historia cuántica actúa como un paradigma interpretativo: viendo la realidad social a través de análogos cuánticos, pone énfasis en la suspensión de la causalidad simple, el papel activo del observador (los ciudadanos, científicos, líderes) y la multiplicidad de futuros posibles. Esto contrasta con narrativas alternativas como el determinismo histórico, las teorías de equilibrio general económicas, o las tesis de inevitabilidad tecnológica, que tienden a subestimar la incertidumbre radical. Como hemos analizado, algunos historiadores y filósofos consideran que las “lecciones” cuánticas aplicadas a la sociedad pueden ser más retóricas que científicas. A lo cual Žižek responde que no intenta reducir la política a la física, sino extraer una metáfora transformadora de nuestro entendimiento. Žižek rompe con visiones de “programación del universo” y postula que no hay un reloj cósmico preajustado: “el futuro real es contingente en sí”.
En el ámbito historiográfico tradicional, se critican también las implicaciones políticas: algunos afirman que la “incertidumbre radical” puede conducir al relativismo (“todo vale” en la historia) o al nihilismo. Žižek, sin embargo, enfatiza que su postura busca revitalizar la acción emancipadora sabiendo que no hay destino prefijado. Frente al determinismo “en retrospectiva” de la historia oficial, el marco cuántico les da voz a aquellos potenciales que nunca fructificaron. Aun con críticas, el argumento principal de Žižek sostiene que reconocer la incompletitud de la realidad e historia invita a tomar conciencia de nuestra propia agencia y de la fragilidad de los sistemas globales, un mensaje relevante ante la multiplicidad de crisis que experimentamos.
La tesis de Žižek, ofrece un giro conceptual radical: “devuelve a la filosofía y a la política la incertidumbre ontológica que la ciencia contemporánea evidencia”. En lugar de ver la indeterminación como mero déficit de conocimiento, la convierte en su característica estructural. Esto inaugura una visión donde el tiempo no es un reloj ordenado, sino un campo abierto de posibilidades retroalimentadas por el presente. El futuro dando forma al pasado. A nivel práctico, invita a interpretar las crisis globales actuales no como meras anomalías sino como manifestaciones de la contingencia radical del sistema-mundo.
La “historia cuántica” sigue siendo un paradigma filosófico especulativo. Sus metáforas pueden enriquecer nuestra forma de pensar lo histórico, pero también deben contrastarse con teorías alternativas, desde el materialismo histórico clásico hasta la teoría de sistemas complejos. Como reconoce Žižek, cada enfoque tiene límites epistemológicos, y él mismo apela a que la filosofía del futuro incluya tanto la incertidumbre cuántica como la urgencia de lo político. La propuesta queda abierta: “si la realidad no es un todo, entonces la historia tampoco lo es, y nuestras interpretaciones deben reflejar esa infinitud inasible”. En sus palabras:
La realidad, no solo es difícil de conocer, sino que está fundamentalmente resquebrajada. La incompletitud no es un fallo del conocimiento, sino una propiedad de la existencia misma.