Antropoceno

La devastación de la comarca

Jason Moore, historiador ambiental de la Universidad de Binghamton, propuso en El capitalismo en la trama de la vida (2020) sustituir la noción de “Antropoceno” por la de “Capitaloceno”. Argumenta que atribuir las múltiples crisis planetarias actuales a “la humanidad en su conjunto”oculta las diferencias históricas fundamentales entre clases sociales, imperios, regímenes de propiedad y estructuras de poder. Moore entiende el capitalismo como una ecología-mundo en la que capital, poder y reproducción se articulan indisolublemente con la trama de la vida. El modo de producción capitalista, su búsqueda de crecimiento infinito y su acumulación, no descansa únicamente en la explotación del trabajo asalariado: depende de apropiaciones masivas de trabajo y energía no pagados, del acceso sistemático a “naturalezas baratas” (trabajo, comida, energía y materias primas) y de una incesante expansión de relaciones de control sobre territorios, cuerpos humanos y procesos extra-humanos.

El antropólogo cognitivo Harvey Whitehouse en su libro Inheritance (2024) narra una conversación que sostuvo en junio de 2023 con Alan Covey, profesor de la Universidad de Texas. Covey calculó que la fortuna de Elon Musk, entonces estimada en unos 200 mil millones de dólares, le habría permitido construir alrededor de 1.000 Grandes Pirámides de Giza utilizando los costos laborales de trabajadores egipcios actuales. Si se actualizan los datos a marzo de 2026, el cálculo se vuelve aún más revelador. Según la lista anual de multimillonarios de Forbes, publicada el 1 de marzo de 2026, la fortuna de Musk asciende a 839 mil millones de dólares, lo que le permitiría financiar cerca de 2.700 Grandes Pirámides. Como señala Covey, “si los gobernantes de la antigüedad observaran la sociedad moderna, considerarían que la desigualdad económica actual es mucho mayor que en su época”. Según el informe de Oxfam Resisting the Rule of the Rich: Protecting Freedom from Billionaire Power (enero de 2026), la riqueza global de los milmillonarios alcanzó los 18,3 billones de dólares, un incremento del 81% en términos reales desde 2020. Solo en 2025, esa riqueza creció un 16%, tres veces más rápido que el promedio anual de los cinco años anteriores. El número de milmillonarios superó los 3.000 por primera vez en la historia. El informe documenta que los milmillonarios tienen más de 4.000 veces más probabilidades de ocupar un cargo político que la gente corriente, y argumenta que la riqueza extrema se ha convertido en una amenaza directa para la libertad política.

El icónico pensador francés Edgar Morin, a sus 104 años, declaró en una reciente entrevista con El Mundo (2026): “Estamos dominados por formidables poderes políticos y económicos, a la vez que nos amenaza la instauración de una sociedad de sumisión”. Según Morin, “nunca el capitalismo había alcanzado una hegemonía tan absoluta e integrada en todos los ámbitos de la existencia humana”. Ha convertido la agricultura en un oligopolio industrial dominado por unas pocas grandes transnacionales, ha reconfigurado el consumo mediante publicidad algorítmica adictiva, ha uberizado el trabajo y los servicios a través de la economía de plataformas, y ha colonizado la información, la tecnología y la IA mediante los oligopolios tecnológicos. Controla la salud a través de las grandes farmacéuticas (cuyo poder se multiplicó con la pandemia) y parasita sistemáticamente a gobiernos mediante lobbies cada vez más sofisticados y mejor financiados.

Para Morin, la desigualdad no es un “fallo” del sistema sino una de sus contradicciones estructurales: “nace de las rivalidades sociales y del poder, se alimenta del lucro ilimitado y amenaza con desintegrar la sociedad y la biosfera”. Este ensayo examina cómo la empresa Palantir Technologies, cofundada por el multimillonario Peter Thiel y dirigida por el CEO Alex Karp, encarna la dinámica del Capitaloceno: la articulación de acumulación económica, poder político, control territorial y erosión ecológica bajo el imperativo del beneficio para unos pocos.

Peter Thiel, cofundador junto a Musk de PayPal, primer inversionista externo de Facebook y mecenas político de Donald Trump cofundó Palantir Technologies en 2003. Su patrimonio neto oscila, según estimaciones actuales de Forbes, entre 18.800 y 27.000 millones de dólares. Thiel es el arquitecto ideológico de un movimiento tecno-autoritario creciente cuya filosofía política se nutre de tres fuentes principales. De Friedrich Nietzsche toma la figura del Übermensch, el individuo excepcional que merece gobernar porque trasciende la moralidad del rebaño. De Leo Strauss extrae la idea de las “mentiras nobles”, mitos o creencias fabricadas para mantener el orden social y legitimar el gobierno de las élites, y, sobre todo, la convicción de que la democracia liberal es decadente y está agotada. En su ensayo “The Straussian Moment” (2004), escrito tras los ataques del 11 de septiembre, Thiel argumenta que los ideales liberales de la Ilustración son insuficientes frente a adversarios motivados ideológicamente, lo cual exige un marco político que opere fuera de los controles y equilibrios de la democracia representativa. De René Girard, su profesor en Stanford adopta la teoría del “deseo mimético”, que postula que deseamos lo que otros desean, y el mecanismo del “chivo expiatorio”, una teoría del conflicto y la crisis que alimenta su obsesión con el riesgo existencial y el colapso civilizatorio.

En un ensayo de 2009, Thiel escribió: “Ya no creo que la libertad y la democracia sean compatibles”. También afirmó que “desde 1920, el aumento masivo de beneficiarios de la asistencia social y la extensión del sufragio a las mujeres han convertido la noción de ‘democracia capitalista’ en un oxímoron”. Estas posiciones le han valido acusaciones de autoritarismo y antifeminismo que él mismo no ha refutado de manera sustantiva. Thiel presenta la resistencia a la rendición de cuentas democrática no como interés propio sino como necesidad civilizatoria, retratando a los fundadores tecnológicos como “salvadores”, a la sociedad como “irracional” y al gobierno de las élites como el único bastión contra el caos.

Carla Ibled, en su artículo “Founder as Victim, Founder as God: Peter Thiel, Elon Musk and the two bodies of the entrepreneur” (2025), afirma que Thiel defiende estrategias no constitucionales de engaño y contrainsurgencia, apoyándose en servicios de inteligencia. Esa visión deja amplio espacio para la intervención de personas “ambiciosas” no electas que ofrecen sus servicios a gobiernos y moldean la política fuera del escrutinio público. Exactamente lo que hoy hace Palantir.

El CEO de Palantir, Alex Karp, presenta una paradoja intelectual sorprendente. Doctor en teoría social por la Universidad Goethe de Fráncfort, donde estudió bajo la órbita de Jürgen Habermas (el más importante defensor contemporáneo de la democracia deliberativa), Karp se sumergió en el pensamiento de Marx, en la teoría crítica y en la psicología freudiana. En una entrevista con The Guardian (2025), se describió a sí mismo como socialista y progresista; dijo haber votado por Hillary Clinton en 2016. Sin embargo, hoy dirige la mayor empresa de vigilancia y análisis de datos vinculada al aparato de defensa e inteligencia de Estados Unidos y cuenta con un patrimonio personal estimado en 12.800 millones de dólares. Karp se presenta como un “pragmático liberal” que se define como “progresista, pero no woke. En su reciente libro, The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (2025), despliega una crítica vehemente contra lo que denomina la “cultura de la complacencia” de Occidente. Su argumento central es que Silicon Valley ha traicionado su pacto fundacional con el Estado al alejarse de los proyectos de defensa nacional, y que la industria del software debe renovar su compromiso con los desafíos más urgentes, incluida la carrera armamentista de la IA.

The Nation señaló en mayo de 2025 que el libro de Karp “resulta ser nada más que una defensa elaborada del statu quo: un CEO disfrazado de iconoclasta que aboga precisamente por el sistema que lo ha hecho rico”. La observación es pertinente: la formación crítica de Karp no opera como un freno ético sino como un recurso retórico que le permite presentarse como intelectualmente sofisticado mientras ejecuta una agenda indistinguible de la del complejo militar-industrial. Karp declaró sin ambages: “Palantir está aquí para disrumpir y hacer que las instituciones con las que nos asociamos sean las mejores del mundo y, cuando sea necesario, para asustar a los enemigos y, en ocasiones, matarlos”.

Con financiamiento de In-Q-Tel (el brazo de inversión de la CIA), Thiel y Karp fundaron Palantir Technologies, que se ha convertido en la columna vertebral de la infraestructura de vigilancia y toma de decisiones estadounidense. Los datos económicos cuentan parte de la historia: un contrato marco de hasta 10.000 millones de dólares con el Ejército de Estados Unidos; un contrato de más de 1.300 millones de dólares con el Departamento de Defensa para desarrollar el Maven Smart System, una plataforma de IA autónoma; y una presencia transversal en el Departamento de Seguridad Nacional, los CDC, la FDA y el NHS británico.

En abril de 2025, ICE (Immigration and Customs Enforcement) otorgó a Palantir un contrato de 30 millones de dólares para desarrollar “ImmigrationOS”, una plataforma que proporciona “visibilidad casi en tiempo real” para optimizar la identificación, rastreo y priorización de personas para deportación. Un mensaje interno filtrado del director técnico de Palantir revelaba que la empresa había desarrollado “un nuevo conjunto de integraciones de datos y flujos de trabajo con ICE” en respuesta al “enfoque de la nueva administración en aprovechar los datos para impulsar las operaciones de aplicación de la ley migratoria”. En 2026, Drop Site News reveló que Palantir tiene una presencia permanente en el Centro de Coordinación Civil-Militar en el sur de Israel, proporcionando la arquitectura tecnológica para el rastreo de la distribución de ayuda en Gaza. En un informe de junio de 2025, la Relatora Especial de la ONU para los Territorios Palestinos Ocupados encontró “motivos razonables para creer que Palantir ha proporcionado tecnología de vigilancia predictiva, infraestructura central de defensa y su Plataforma de IA para la integración de datos de campo de batalla en tiempo real”. En octubre de 2024, la gestora noruega Storebrand se deshizo de su participación en la empresa alegando riesgos de vulneración del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos derivados del uso de sus productos en los territorios ocupados.

En mayo de 2025, trece exempleados de Palantir publicaron una carta abierta titulada “La Devastación de la Comarca” (The Scouring of the Shire), denunciando que las salvaguardas éticas de la empresa estaban siendo desmanteladas. Su advertencia fue categórica: “Las empresas están apaciguando a la administración Trump, suprimiendo la disidencia y alineándose con su agenda xenófoba, sexista y oligárquica. Big Tech, incluida Palantir, es cada vez más cómplice, normalizando el autoritarismo bajo el disfraz de una ‘revolución’ liderada por oligarcas”.

Moore sostiene que la acumulación capitalista depende de apropiaciones masivas de trabajo y energía no pagados y de una incesante expansión de relaciones de control sobre territorios, cuerpos humanos y procesos extra-humanos. Palantir traduce esta dinámica en cuatro niveles de análisis. En primer lugar, los datos como naturaleza barata. Así como el capitalismo se expandió apropiándose de tierra, trabajo indígena, recursos energéticos y biomasa sin pagarlos a su costo real de reproducción, Palantir se expande integrando registros fiscales, historiales migratorios, datos biométricos, actividad en redes sociales de millones de personas, en plataformas analíticas que generan beneficios extraordinarios. En segundo lugar, la acumulación por apropiación estatal. Palantir no opera en un mercado libre abstracto: su existencia fue posible gracias al capital inicial de la CIA; su crecimiento explosivo depende de contratos gubernamentales que representan más del 54% de sus ingresos; su expansión se acelera con cada nueva política de deportación, cada nueva guerra, cada nueva amenaza geopolítica. Cada crisis se convierte en oportunidad de negocio. En tercer lugar, el control sobre cuerpos y territorios. El ImmigrationOS rastrea personas en tiempo real para facilitar su deportación. El Maven Smart System selecciona objetivos militares para destruir. Es lo que Moore describe como “relaciones de control sobre territorios, cuerpos humanos y procesos extra-humanos”. En cuarto lugar, la transformación de riqueza en poder político. Jeffrey Winters, profesor de ciencias políticas de la Universidad de Northwestern, en Oligarquía (2024), afirma que todas las democracias liberales de la actualidad son oligarquías, y que durante los últimos 250 años los oligarcas han utilizado su poder para moldear sistemas legales y políticos que favorecen sus intereses. Thiel encarna esta tesis: financió la campaña de Trump en 2016 y se integró a su equipo de transición; fue mentor político y financista de J.D. Vance, actual vicepresidente de Estados Unidos; ha donado a publicaciones ideológicas y al movimiento de la Nueva Derecha; y, a través de Palantir, ha insertado a exempleados en posiciones clave del gobierno estadounidense, incluidos el Departamento de Salud, el Departamento de Defensa y DOGE. Las diversas desigualdades que experimentamos hoy sirven a los intereses de una pequeña minoría a expensas de la sociedad en su conjunto. Karp universaliza los intereses de Palantir como los intereses de “Occidente”; presenta la fusión de las grandes empresas tecnológicas con el aparato militar como deber patriótico; y descalifica toda disidencia como “fragilidad intelectual” o “complacencia”. La receta es conocida: “transformar el interés particular en interés general, el beneficio privado en imperativo civilizatorio”.

Moore propone comprender el capitalismo como una ecología-mundo: un entramado en el que capital, poder y reproducción se articulan indisolublemente con la trama de la vida. Palantir no es, por tanto, un mero “caso polémico” de la industria tecnológica. Es una condensación ejemplar de tendencias mayores: la militarización del software, la privatización de funciones estratégicas del Estado, la administración algorítmica de poblaciones vulnerables, la concentración oligárquica de riqueza y el debilitamiento de la democracia. Incluso su nombre resulta elocuente. En Tolkien, el palantír es una piedra vidente que permite observar a distancia, pero cuya visión nunca es inocente: quien mira también puede ser capturado por el poder que estructura lo visible. Que la carta de los exempleados se haya titulado “La Devastación de la Comarca” sugiere que la devastación no llega solo desde fuera, por invasión frontal, sino también desde dentro, cuando las herramientas creadas para proteger una comunidad terminan reconfigurándola según la lógica de la vigilancia, la guerra y el mando oligárquico. En ese sentido, Palantir encarna la posibilidad de que el Capitaloceno haya encontrado por fin su piedra vidente. En palabras de Morin:

No sabemos si la situación mundial es sólo desesperante o verdaderamente desesperada. Eso significa que debemos, con o sin esperanza, pasar a la resistencia.