Occidente nació dos veces. La primera, entre las olas color vino y las murallas de Troya, bajo la mirada de unos dioses que reían, envidiaban y sangraban como cualquier mortal. La segunda, con un Dios que decidió nacer en un humilde pesebre de una aldea insignificante. Dos matrices opuestas que, todavía hoy, tensan nuestra identidad. En el canto quinto de la Odisea ocurre algo asombroso: un hombre […]