{"id":658,"date":"2022-08-29T11:36:52","date_gmt":"2022-08-29T14:36:52","guid":{"rendered":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=658"},"modified":"2022-08-29T11:36:52","modified_gmt":"2022-08-29T14:36:52","slug":"desconocido-imaginado","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2022\/08\/29\/desconocido-imaginado\/","title":{"rendered":"Desconocido imaginado"},"content":{"rendered":"\n<p>Joseph Campbell en su libro&nbsp;<strong><em>La historia del Grial<\/em><\/strong>, se\u00f1ala:<\/p>\n\n\n\n<p><em>En Oriente, los caminos de iniciaci\u00f3n son se\u00f1alados: sabes en qu\u00e9 estadio te encuentras, hallas a tu gur\u00fa y te sometes a \u00e9l, sin cr\u00edtica, haciendo lo que te dice, dej\u00e1ndote guiar a lo largo de tu propia experiencia.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, en occidente, cada cual tiene que seguir su propia naturaleza, su inspiraci\u00f3n; un camino de prueba y error. Ese fue el caso de Alexandra David-N\u00e9el, la primera mujer occidental en entrar a Lhasa, la ciudad prohibida, la capital de T\u00edbet.<\/p>\n\n\n\n<p>El padre de Alexandra, fue un franc\u00e9s protestante, socialista y mas\u00f3n. Particip\u00f3 en la Revoluci\u00f3n de 1848 y huy\u00f3 a B\u00e9lgica, donde se enamor\u00f3 de una devota cat\u00f3lica que en muchos sentidos era su opuesto. Se casaron y regresaron a Francia, pasaron 13 a\u00f1os antes que naciera en 1868 su \u00fanica hija, Alexandra. Su madre estaba amargamente decepcionada que no fuera un ni\u00f1o y casi no le prest\u00f3 atenci\u00f3n. En su libro&nbsp;<strong><em>My Journey to Lhasa<\/em><\/strong>, Alexandra, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Desde que ten\u00eda cinco a\u00f1os, dese\u00e9 salir de los estrechos l\u00edmites en los que, como todos los ni\u00f1os de mi edad, me ten\u00edan encerrada. Ansiaba ir m\u00e1s all\u00e1 de la puerta del jard\u00edn, seguir el camino que pasaba y partir hacia lo desconocido. Pero, por extra\u00f1o que parezca, este&nbsp;<strong>desconocido imaginado<\/strong>&nbsp;por mi mente infantil siempre result\u00f3 ser un lugar solitario donde pod\u00eda sentarme sola, sin nadie cerca.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>A la edad de 16 a\u00f1os, en plena \u00e9poca victoriana en que tal comportamiento era escandaloso, Alexandra se escap\u00f3 varias veces de la casa de su familia en Bruselas, una vez a Holanda e Inglaterra, una vez a Italia y luego a Francia y Espa\u00f1a. Se interes\u00f3 por la religi\u00f3n desde peque\u00f1a, y una amiga de la escuela le prest\u00f3 una rese\u00f1a titulada&nbsp;<strong><em>Gnose Supreme<\/em><\/strong>, publicada por una sociedad ocultista inglesa. A la edad de 18 a\u00f1os decidi\u00f3 estudiar ingl\u00e9s en Londres, se puso en contacto con la Sociedad Teos\u00f3fica y pas\u00f3 largas horas en la biblioteca del lugar estudiando las traducciones de textos chinos e indios.<\/p>\n\n\n\n<p>Para Alexandra, la Sociedad Teos\u00f3fica no era de su completo agrado, pero le encantaba su biblioteca. En ella ley\u00f3 por primera vez sobre el budismo tibetano. Tambi\u00e9n descubri\u00f3 el&nbsp;<strong><em>Museo Guimet<\/em><\/strong>&nbsp;en Par\u00eds, cuya colecci\u00f3n asi\u00e1tica intensific\u00f3 su atracci\u00f3n por Oriente. A la edad de 21 a\u00f1os, David-N\u00e9el se hab\u00eda convertido en una ling\u00fcista devota, fascinada por el budismo, se prometi\u00f3 aprender todo aquello que pudiera conducirle por ese camino. Con el dinero de una herencia se march\u00f3 sola a la India. No iba como turista, sino en un viaje de aprendizaje. Despu\u00e9s de una traves\u00eda de quince d\u00edas, desembarc\u00f3 en Ceil\u00e1n, donde pudo entrar por primera vez a un santuario budista. Con ansias de conocer m\u00e1s, emprendi\u00f3 su viaje hacia el sur de la India, y pudo conocer directamente como era la vida de los ascetas.<\/p>\n\n\n\n<p>La joven aventurera ya sin dinero tuvo que regresar a Par\u00eds. Logr\u00f3 finalizar sus estudios de m\u00fasica y canto, y consigui\u00f3 un trabajo como primera cantante en la \u00f3pera de Hanoi. En esa \u00e9poca Vietnam formaba parte de Indochina que era colonia francesa. Esta actividad le dio la oportunidad de seguir conociendo Asia. Viaj\u00f3 a T\u00fanez, donde conoci\u00f3 Philippe N\u00e9el, un ingeniero ferroviario del que se enamor\u00f3 y con quien tuvo una relaci\u00f3n muy at\u00edpica. Alexandra ya de 36 a\u00f1os, no estaba dispuesta a dejar de aprender y viajar.<\/p>\n\n\n\n<p>Se hab\u00eda hecho budista y public\u00f3 su obra&nbsp;<strong><em>Le modernisme boudhiste et le bouddhisme du Bouddha<\/em><\/strong>. En una breve estancia en Londres apoy\u00f3 a los grupos que impulsaban el voto femenino y dio conferencias en la Sociedad Budista de Londres. En 1911 volvi\u00f3 a la India, y aunque le hab\u00eda prometido a su esposo regresar en unos meses, no cumpli\u00f3 su promesa y se fue a un remoto monasterio budista, donde conoci\u00f3 a Aphur Yongden, un joven monje de 14 a\u00f1os que adopt\u00f3 como su hijo. Alexandra, se hizo amiga del l\u00edder espiritual de ese lugar, quien la llev\u00f3 a conocer al decimotercer Dalai Lama que estaba refugiado por la guerra en China.<\/p>\n\n\n\n<p>Acab\u00f3 en Lanchen, en las monta\u00f1as pr\u00f3ximas al T\u00edbet, estudiando budismo durante cuatro a\u00f1os. La apodaron:&nbsp;<strong><em>l\u00e1mpara de sabidur\u00eda<\/em><\/strong>. Por un tiempo volvi\u00f3 a la India, y le ped\u00edan su consejo para ayudar en reformas religiosas. Alexandra decidi\u00f3 irse al T\u00edbet en 1916, acompa\u00f1ada de Yongden. Cuando llegaron al monasterio de Tashulimpo, el lama del lugar le dio acceso a la biblioteca y Alexandra pudo profundizar sus estudios, pudiendo acceder una desconocida sabidur\u00eda tibetana, que mezclaba el budismo con elementos de la antigua religi\u00f3n Bon. La hicieron lama y doctora en budismo tibetano. En una carta que escribi\u00f3 a Philippe se\u00f1alaba:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Viv\u00ed en una caverna a 4.000 metros de altura, medit\u00e9, conoc\u00ed la verdadera naturaleza de los elementos y me hice yogui. C\u00f3mo hab\u00eda cambiado mi vida, ahora mi casa era de piedra, no pose\u00eda nada y viv\u00eda de la caridad de los otros monjes.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Debido al abandono, su marido Philippe le comunic\u00f3 su intenci\u00f3n de mantener relaciones con otra mujer, Alexandra era consciente de que no pod\u00eda convivir con ning\u00fan hombre, ni menos tener hijos, ya que hab\u00eda elegido una vida solitaria en un constante viaje de aprendizaje. Junto con Yongden, llegaron a Jap\u00f3n, a un monasterio zen, donde fue acogida por la esposa de D.T. Suzuki, el introductor del budismo zen en Occidente. Tuvo un encuentro con el fil\u00f3sofo y monje Ekai Kawaguchi, quien le cont\u00f3 que hab\u00eda logrado ingresar a la ciudad de Lhasa disfrazado de religioso tibetano. Esta ida fue la que Alexandra adopt\u00f3 para alcanzar su mayor anhelo. Llevaba en oriente m\u00e1s de diez a\u00f1os y no quer\u00eda regresar a Europa sin realmente explorar el T\u00edbet. En particular, quer\u00eda ser la primera mujer occidental en ingresar a Lhasa. En su libro&nbsp;<strong><em>My Journey to Lhasa,<\/em><\/strong>&nbsp;narra:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Les dijimos a todos que \u00edbamos en busca de hierbas medicinales. Yongden se hizo pasar por hijo m\u00edo. Me te\u00f1\u00ed la piel con ceniza de cacao, us\u00e9 pelo de yak que te\u00f1\u00ed con tinta china negra, como si fuera la viuda de un lama brujo. Decidimos viajar de noche y descansar de d\u00eda. Viajar como fantasmas, invisibles a los ojos de los dem\u00e1s. Alguna vez tuvimos que hervir agua y echar un trozo de cuero de nuestras botas para alimentarnos.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tras cuatro meses y dos mil kil\u00f3metros caminando a pie por el Himalaya, Alexandra logr\u00f3 su objetivo. Era el a\u00f1o 1924 y a la edad de 55 a\u00f1os, Alexandra David-N\u00e9el se hab\u00eda convertido en la primera mujer occidental en entrar a la ciudad prohibida de Lhasa. Pudo visitar muchos monasterios del entorno, hasta que fue descubierta y tuvieron que escapar. Era tiempo de volver a Europa con todo ese aprendizaje.<\/p>\n\n\n\n<p>Alexandra volvi\u00f3 a Europa convertida en una hero\u00edna. Fue portada del Times que la defini\u00f3 como&nbsp;<strong><em>la mujer sobre el techo del mundo<\/em><\/strong>. Tambi\u00e9n recibi\u00f3 numerosas condecoraciones y premios: la Medalla de honor de la Sociedad Geogr\u00e1fica de Par\u00eds y la Legi\u00f3n de Honor. Se estableci\u00f3 en Francia. Compr\u00f3 un terreno en Digne-les-Bains, una peque\u00f1a localidad al pie de los Alpes franceses y construy\u00f3 su casa, a la que bautiz\u00f3 como Samten Dzong (fortaleza de meditaci\u00f3n). Este lugar ser\u00eda desde entonces su refugio. Escribi\u00f3 m\u00e1s de treinta libros sobre sus aventuras, dio charlas, recibi\u00f3 a personalidades y sigui\u00f3 aprendiendo budismo.<\/p>\n\n\n\n<p>A los tibetanos les parec\u00eda perfectamente l\u00f3gico que Alexandra David-N\u00e9el hubiera viajado a Lhasa: para ellos, simplemente estaba regresando al lugar de una encarnaci\u00f3n anterior. Sin embargo, desde una perspectiva occidental, parece incre\u00edble que una ni\u00f1a victoriana se interesara por el budismo, y mucho menos que viajara a Oriente para estudiarlo de primera mano. Aunque, es a\u00fan m\u00e1s notable que haya pasado tantos a\u00f1os como investigadora independiente sin ning\u00fan tipo de apoyo, simplemente motivada por su pasi\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>David-N\u00e9el fue famosa como aventurera, pero esa descripci\u00f3n no parece adecuada a sus logros reales. Dej\u00f3 voluminosos escritos, y estos son valiosos no solo por su erudici\u00f3n, sino porque son el reflejo de una pr\u00e1ctica aut\u00e9ntica de toda una vida. Esta mujer pas\u00f3 a\u00f1os en cuevas de monta\u00f1a, se sent\u00f3 en salones de meditaci\u00f3n con miles de lamas, estudi\u00f3 idiomas y busc\u00f3 en las bibliotecas ense\u00f1anzas originales, viaj\u00f3 durante a\u00f1os y recorri\u00f3 miles de kil\u00f3metros para sumergirse en una cultura que pocas personas conoc\u00edan, y algunas nunca hab\u00edan o\u00eddo hablar. Su devoci\u00f3n por el budismo y su voluntad de rastrearlo hasta su origen es lo m\u00e1s impresionante de su vida.<\/p>\n\n\n\n<p>Alexis Racionero Ragu\u00e9 en su libro&nbsp;<strong><em>El viaje del h\u00e9roe<\/em><\/strong>, comenta que cualquiera que abandona su zona de confort se adentra en el camino del viaje del h\u00e9roe, no se trata de llegar, sino de transitar la senda. Se identifican cuatro grandes etapas:<\/p>\n\n\n\n<ul><li><strong>Primera etapa, el mundo conocido:<\/strong>&nbsp;En esta etapa nos movemos en la esfera de la tradici\u00f3n, lo manipulable y previsible, nuestro contexto de base. Sin embargo, dentro de lo cotidiano, algo sucede, que funciona como un llamado a la acci\u00f3n. Al principio, el deber, obligaciones, inseguridad, debilidad, miedo, conspiran para que rechacemos el llamado a la aventura y nos insta a mantenernos en lo conocido. Pero finalmente por fuerza, nos embarcamos a la aventura, al mundo desconocido.<\/li><li><strong>Segunda etapa, aparecen mentores y aliados:<\/strong>&nbsp;Este es uno de los puntos esenciales del inicio del viaje. Aparecen gu\u00edas que nos cuentan sobre el nuevo mundo. Quemamos las naves, e ingresamos al terreno de lo desconocido, en que desconocemos los peligros, reglas y limitaciones. La separaci\u00f3n final del mundo conocidos, y nuestras certezas quedan atr\u00e1s.<\/li><li><strong>Tercera etapa, pruebas y polaridades:&nbsp;<\/strong>Pasado el umbral, nos cuestionamos, aparecen las dudas y los obst\u00e1culos que tenemos que sortear. Es momento de aplicar lo aprendido, fluir, ser flexibles y permanecer abiertos y dispuestos a avanzar, aunque sea muy lentamente. Se ponen a prueba todas nuestras capacidades y aparecen todas nuestras debilidades y limitaciones. Entramos a la caverna m\u00e1s profunda.<\/li><li><strong>Cuarta etapa, aprendizaje y regreso:<\/strong>&nbsp;Este es el momento de recoger lo sembrado, lo aprendido, lo experimentado. Despu\u00e9s de recorrer el viaje y terminar el ciclo, volvemos a nuestro origen para compartir con nuestra comunidad lo que aprendimos. La recompensa se obtiene alcanzando este momento, mediante el contacto o visi\u00f3n de cu\u00e1l es nuestro prop\u00f3sito, nuestro aporte, la respuesta a la llamada de la aventura que emprendimos.<\/li><\/ul>\n\n\n\n<p>Todos podemos ser h\u00e9roes del mito de nuestra vida. Es cuesti\u00f3n de sentir la llamada de la aventura, vencer nuestros miedos y avanzar a lo desconocido para tomar las riendas de nuestra propia epopeya. Joseph Campbell en&nbsp;<strong><em>El h\u00e9roe de las mil caras<\/em><\/strong>, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Todos los h\u00e9roes han recorrido el sendero, el camino es conocido, hay que seguir la huella del h\u00e9roe. Donde pensamos encontrar un monstruo, encontraremos un dios, donde pensamos en matar a otro, nos mataremos a nosotros mismos, donde hab\u00edamos pensado viajar al exterior, llegaremos al centro de nuestra existencia, y donde hab\u00edamos cre\u00eddo estar solos, estaremos con todo el mundo.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Alexandra en 1937, cuando ya ten\u00eda 69 a\u00f1os de edad, decidi\u00f3 partir de nuevo en viaje, ahora a China. Su prop\u00f3sito fue estudiar el&nbsp;<strong><em>tao\u00edsmo antiguo<\/em><\/strong>. Se encontr\u00f3 en medio de la guerra chino-japonesa y fue testigo directo de los horrores, el hambre y las epidemias. El viaje por China se desarrolla a lo largo de un a\u00f1o y medio. Luego se fue al T\u00edbet nuevamente para otro retiro de cinco a\u00f1os. No dej\u00f3 de publicar y dar conferencias, pero poco antes de morir dijo que<\/p>\n\n\n\n<p><em>No sab\u00eda absolutamente nada y que estaba empezando a aprender.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Al cumplir los 100 a\u00f1os renov\u00f3 el pasaporte,&nbsp;<strong><em>Por si acaso<\/em><\/strong>. Esta viajera incansable muri\u00f3 a punto de cumplir los 101 a\u00f1os y sus cenizas fueron esparcidas en el r\u00edo Ganges. Esta es la naturaleza de una mujer sabia e incomparable, fue una hero\u00edna de carne y hueso, que demuestra, que la realidad supera la ficci\u00f3n. Como escrib\u00eda Antonio Machado:<\/p>\n\n\n\n<p><em>Caminante, son tus huellas el camino, y nada m\u00e1s; caminante, no hay camino: se hace camino al andar. Al andar se hace camino y al volver la vista atr\u00e1s, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante, no hay camino, sino estelas en la mar.<\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Joseph Campbell en su libro&nbsp;La historia del Grial, se\u00f1ala: En Oriente, los caminos de iniciaci\u00f3n son se\u00f1alados: sabes en qu\u00e9 estadio te encuentras, hallas a tu gur\u00fa y te sometes a \u00e9l, sin cr\u00edtica, haciendo lo que te dice, dej\u00e1ndote guiar a lo largo de tu propia experiencia. 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