{"id":1158,"date":"2024-09-09T16:37:25","date_gmt":"2024-09-09T19:37:25","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=1158"},"modified":"2024-09-09T16:37:25","modified_gmt":"2024-09-09T19:37:25","slug":"busco-un-hombre-honesto","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2024\/09\/09\/busco-un-hombre-honesto\/","title":{"rendered":"Busco un hombre honesto"},"content":{"rendered":"\n<p>Una ma\u00f1ana soleada del a\u00f1o 336 a.C. en el mercado de Corinto, unos transe\u00fantes observaban a un mendigo que yac\u00eda en el suelo. Recostado en una gran tinaja que parec\u00eda ser su hogar, vest\u00eda con un taparrabos, y estaba acompa\u00f1ado de unos perros. Era&nbsp;<strong><em>Di\u00f3genes de Sinope<\/em><\/strong>, uno de los fil\u00f3sofos m\u00e1s grandes de la historia. Di\u00f3genes, fue una figura controvertida, era un revolucionario y provocador,&nbsp;<strong><em>afirmaba que los dioses hab\u00edan dado al hombre una vida f\u00e1cil, pero que estos se encargaban constantemente de complicarla.<\/em><\/strong>&nbsp;Supuestamente fue desterrado de su ciudad natal por&nbsp;<strong><em>\u2018alterar la moneda\u2019<\/em><\/strong>, algo que lejos de tom\u00e1rselo como afrenta, defendi\u00f3 con orgullo. Dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEllos&nbsp;<strong>me condenaron a irme<\/strong>, pero&nbsp;<strong>yo los conden\u00e9 a quedarse\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Di\u00f3genes valoraba la pobreza como s\u00edmbolo de independencia, pues para \u00e9l no hab\u00eda nada m\u00e1s valioso que el hombre que pod\u00eda vivir solo con lo justo.<\/em><\/strong>&nbsp;Para Di\u00f3genes, todo aquello que no fuera estrictamente necesario, era un lastre. Su objetivo era&nbsp;<strong><em>deshacerse de todo deseo que degenerara en dependencia.&nbsp;<\/em><\/strong>Lo fascinante de la figura de Di\u00f3genes, es que practicaba rigurosamente lo que ense\u00f1aba. Di\u00f3genes&nbsp;<strong><em>ve\u00eda en el mundo de su \u00e9poca un gran problema, pues la gente, en lugar de forjarse a s\u00ed misma y desarrollar un pensamiento propio, actuaba en funci\u00f3n de opiniones ajenas.<\/em><\/strong>&nbsp;Di\u00f3genes entonces, se ocupaba de demostrarles que eso era una estupidez. Se pasaba el d\u00eda molestando y escupiendo a las personas, impartiendo clases a sus perros y masturb\u00e1ndose en p\u00fablico. Un d\u00eda, unos hombres le recriminaron su actitud, a lo que respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201c\u00a1Ojal\u00e1 pudiera matar tambi\u00e9n el hambre<\/em><\/strong><em>&nbsp;frot\u00e1ndome el vientre!\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Di\u00f3genes buscaba formas de calmar sus necesidades, sin depender de nadie. A menudo recorr\u00eda las calles durante el d\u00eda, con un farol encendido, diciendo:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cBusco un hombre honesto\u201d<\/em><\/strong><strong>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para Di\u00f3genes, la sabidur\u00eda era un fin en s\u00ed mismo, ense\u00f1aba que todo hombre o mujer estaba capacitado para alcanzarla con su propio esfuerzo. Afirmaba que un pensamiento propio u original era diez veces mejor que las ense\u00f1anzas de otros, pues de esa manera, si nos equivoc\u00e1bamos, pod\u00edamos enmendar nuestros errores.&nbsp;<strong><em>En su opini\u00f3n, las escuelas, academias y liceos no eran m\u00e1s que un ejercicio de enorme soberbia por parte de los eruditos que las dirig\u00edan.<\/em><\/strong>&nbsp;Sol\u00eda entrar en el teatro top\u00e1ndose con los que sal\u00edan. Cuando le preguntaron por qu\u00e9 lo hac\u00eda, contest\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>&#8220;Es lo mismo que he hecho a lo largo de toda mi vida&#8221;.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Di\u00f3genes, ten\u00eda fama de ser un tipo insolente, impulsivo y grosero. Plat\u00f3n lo llamaba&nbsp;<strong><em>S\u00f3crates enloquecido<\/em><\/strong>. Asist\u00eda a las disertaciones de fil\u00f3sofos, con el \u00fanico fin de molestar e interrumpirlos comiendo ruidosamente. A pesar de su mala fama, o gracias a ella, llam\u00f3 la atenci\u00f3n del hombre m\u00e1s poderoso en aquel tiempo:&nbsp;<strong><em>Alejandro Magno<\/em><\/strong>. Cuenta la leyenda, que el joven Alejandro de veinte a\u00f1os, decidi\u00f3 visitar a este viejo sabio de setenta a\u00f1os, al que encontr\u00f3 tomando el sol apaciblemente en su tinaja. Alejandro, se acerc\u00f3 probablemente resguardado por su escolta y sin escatimar elogios, expres\u00f3 su admiraci\u00f3n por \u00e9l.&nbsp;<strong><em>Le ofreci\u00f3 concederle cualquier cosa que deseara.<\/em><\/strong>&nbsp;Di\u00f3genes alz\u00f3 la vista, le hizo un gesto y le dijo:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cAp\u00e1rtate, me tapas el sol\u201d.<\/em><\/strong><strong><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Otra versi\u00f3n de la an\u00e9cdota cuenta que Di\u00f3genes estaba escarbando una pila de huesos humanos, y le dijo a Alejandro:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cEstoy buscando los huesos de tu padre,<\/em><\/strong><em>&nbsp;pero no puedo distinguirlos de los de un esclavo\u201d<\/em>.<\/p>\n\n\n\n<p>Plutarco, comenta que Alejandro qued\u00f3 tan impresionado con&nbsp;<strong><em>la altivez y grandeza de este viejo grosero<\/em><\/strong>, que les dijo a sus seguidores mientras se alejaba:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cSi no fuera Alejandro, me gustar\u00eda ser Di\u00f3genes\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>El encuentro entre Di\u00f3genes de Sinope y Alejandro Magno es una de las an\u00e9cdotas m\u00e1s comentadas y discutidas de la historia filos\u00f3fica.<\/em><\/strong>&nbsp;Ha generado m\u00faltiples interpretaciones, por el choque de visiones de mundo que representan estos dos personajes.&nbsp;<strong><em>Un joven pr\u00edncipe que no est\u00e1 satisfecho hasta que conquiste el mundo entero y un viejo sin nada, pero capaz de disfrutar de las cosas m\u00e1s simples.&nbsp;<\/em><\/strong>Como mucha historia antigua, esta an\u00e9cdota est\u00e1 sujeta a debate sobre su veracidad. Martin Puchner, profesor de literatura de la Universidad de Harvard en su obra&nbsp;<strong><em>The Written World,<\/em><\/strong>&nbsp;explica que Alejandro de Macedonia recibi\u00f3 el nombre de Magno porque&nbsp;<strong><em>consigui\u00f3 unificar a las ciudades-estado griegas, conquistar en menos de trece a\u00f1os todos y cada uno de los reinos existentes entre Grecia y Egipto, derrotar al poderoso ej\u00e9rcito persa y crear un imperio que se extend\u00eda sin interrupci\u00f3n hasta la India.<\/em><\/strong>&nbsp;Su padre, el rey Filipo, orgulloso con los \u00e9xitos de Alejandro, hab\u00eda convencido al fil\u00f3sofo vivo m\u00e1s prestigioso de la \u00e9poca: Arist\u00f3teles, para que se transformara en el tutor de su hijo. Puchner, reflexiona sobre&nbsp;<strong><em>los motivos de Alejandro por su af\u00e1n de conquista.<\/em><\/strong>&nbsp;Propone como pista para entender su mentalidad, considerar los tres objetos que llevaba durante su campa\u00f1a militar:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cEl primero era una daga, junto a ella guardaba una caja,<\/em><\/strong><em>&nbsp;y en su interior hab\u00eda depositado el objeto m\u00e1s apreciado de los tres:&nbsp;<strong>una copia de su texto favorito, la Il\u00edada\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Alejandro, dorm\u00eda con la daga porque, tem\u00eda repetir la historia de su padre que fue asesinado. En cuanto a la caja, se la hab\u00eda arrebatado a Dar\u00edo, su adversario persa. Mientras que la Il\u00edada, era el relato a trav\u00e9s del cual interpretaba su vida, un texto que cautiv\u00f3 su mente, que lo impulsaba a no detenerse hasta conquistar el mundo.&nbsp;<strong><em>A medida que su reino se expand\u00eda, el ego de Alejandro tambi\u00e9n.<\/em><\/strong>&nbsp;Como Aquiles, Alejandro se empez\u00f3 a creer un semidi\u00f3s, y exigi\u00f3 que las ciudades-estado griegas le otorgasen el estatus divino. Sin embargo,<strong><em>&nbsp;cuantos m\u00e1s territorios conquistaba, m\u00e1s problemas ten\u00eda para conservarlos.<\/em><\/strong>&nbsp;Para mantener el dominio de estos territorios, Alejandro decidi\u00f3 adoptar las costumbres locales.&nbsp;<strong><em>Comenz\u00f3 a vestir sus ropas, admiti\u00f3 extranjeros en el ej\u00e9rcito griego, rend\u00eda culto a sus dioses e incluso se cas\u00f3 con una princesa afgana.<\/em><\/strong>&nbsp;Alejandro quer\u00eda continuar su camino de conquistas y habr\u00eda llegado a China, pero el descontento de su ej\u00e9rcito se lo impidi\u00f3. Puchner escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cDivididos entre los generales griegos y macedonios cada vez m\u00e1s resentidos y una mescolanza de legiones extranjeras, sus soldados quer\u00edan regresar a casa.&nbsp;<strong>Su propio ej\u00e9rcito logr\u00f3, a la postre, lo que ning\u00fan ej\u00e9rcito extranjero hab\u00eda sido capaz de hacer: que Alejandro diese media vuelta\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Alejandro, castig\u00f3 a sus tropas con una marcha forzada a trav\u00e9s del desierto que fue dejando un reguero de muertos. Empez\u00f3 a trazar planes para una invasi\u00f3n de Arabia y el continente africano. Pero, tras una noche de borrachera, cay\u00f3 enfermo y muri\u00f3 a los pocos d\u00edas por causas desconocidas. Quiz\u00e1s asesinado como su padre.&nbsp;<strong><em>Ten\u00eda treinta y dos a\u00f1os.<\/em><\/strong>&nbsp;Nicholas Hammond en su libro&nbsp;<strong><em>Alejandro Magno: Rey, general y estadista,<\/em><\/strong>&nbsp;escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cHemos mencionado muchas facetas de la personalidad de Alejandro<\/em><\/strong><em>: sus profundos afectos, sus fuertes emociones, su valor sin l\u00edmite, la brillantez y rapidez de su pensamiento, su curiosidad intelectual, su amor por la gloria, su esp\u00edritu competitivo, la aceptaci\u00f3n de cualquier reto, su generosidad y su compasi\u00f3n; y, por otro lado,&nbsp;<strong>su ambici\u00f3n desmesurada, su despiadada fuerza de voluntad: sus deseos, pasiones y emociones sin freno [&#8230;] en suma, ten\u00eda muchas de las cualidades del buen salvaje\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Vivimos en una cultura que estimula los relatos de genios obsesivos y visionarios que construyen el mundo a su imagen con una fuerza irracional.<\/em><\/strong>&nbsp;Nuestra sociedad individualista, competitiva al extremo e insegura, influye en nuestra forma de pensar y en los rasgos de personalidad. El sistema favorece la confusi\u00f3n entre la seguridad en uno mismo y el ego patol\u00f3gico. En un mundo que enfatiza la riqueza, el poder y el estatus,&nbsp;<strong><em>el encuentro de Alejandro con Di\u00f3genes es un recordatorio de que existe un enfoque alternativo para la vida, en el que la sencillez, la espiritualidad y la sabidur\u00eda son lo que verdaderamente importa.&nbsp;<\/em><\/strong>Viktor Frankl, en el prefacio de su libro&nbsp;<strong><em>Man&#8217;s Search for Meaning<\/em><\/strong>, escribi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cNo aspiren al \u00e9xito: cuanto m\u00e1s aspiren a \u00e9l y m\u00e1s lo conviertan en su objetivo, con mayor probabilidad lo perder\u00e1n,<\/em><\/strong><em>&nbsp;puesto que el \u00e9xito o la felicidad no pueden conseguirse, deben seguirse como si fuese el&nbsp;<strong>efecto secundario de la dedicaci\u00f3n personal a algo mayor que uno mismo\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Di\u00f3genes fue uno de los primeros que vio claramente que es posible vivir sabiamente si uno controla o renuncia a sus deseos.<\/em><\/strong>&nbsp;Denunci\u00f3 y rechaz\u00f3 la obsesi\u00f3n por las apariencias exteriores. Despreci\u00f3 el lujo y el dinero, hasta la desconfianza por las cosas y las personas, y por supuesto la imperturbabilidad frente a la opini\u00f3n de los dem\u00e1s.&nbsp;<strong><em>Los est\u00fapidos, como \u00e9l los calificaba, se esfuerzan en trabajos agotadores que les roban la vida, compran cosas que no necesitan y persiguen placeres superfluos que los frustran y empobrecen.<\/em><\/strong>&nbsp;Los sabios, por el contrario, saben d\u00f3nde empieza el problema:&nbsp;<strong><em>sus deseos y necesidades ilusorias<\/em><\/strong>&nbsp;y los cortan de ra\u00edz. No es de extra\u00f1ar que Di\u00f3genes dijera:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cLa educaci\u00f3n es sensatez para los j\u00f3venes, consuelo para los viejos, riqueza para los pobres y adorno para los ricos\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Di\u00f3genes termin\u00f3 siendo hecho prisionero y vendido como esclavo. Jen\u00edades, que conoc\u00eda su fama, decidi\u00f3 comprarlo para que fuera el tutor de sus hijos y luego le dio la libertad.&nbsp;<strong><em>El viejo sabio<\/em><\/strong>&nbsp;acept\u00f3 la oferta y se puso manos a la obra. Oblig\u00f3 a los ni\u00f1os a caminar descalzos como \u00e9l, a vestir siempre la misma ropa, como \u00e9l, a comer frugalmente, como \u00e9l, a beber s\u00f3lo agua, como \u00e9l y a raparse el pelo. Les ense\u00f1\u00f3 a vivir, fundamentalmente, con lo esencial. Pero no solo vigil\u00f3 sus h\u00e1bitos, tambi\u00e9n los form\u00f3 intelectualmente, haci\u00e9ndoles aprender de memoria pasajes enteros de los m\u00e1s grandes fil\u00f3sofos y poetas de la \u00e9poca, adem\u00e1s de ense\u00f1arles a montar a caballo y a manejar el arco y las flechas.&nbsp;<strong><em>Y los j\u00f3venes, pese a la rigidez de su maestro le tuvieron gran cari\u00f1o. La prueba es que nunca abandon\u00f3 su hogar, muriendo en la ciudad de Corinto en el 323 a.C. a la edad de 89 a\u00f1os.<\/em><\/strong>&nbsp;Dedic\u00f3 toda su vida a demostrar que la felicidad y la virtud no depende de nadie m\u00e1s que de uno mismo, a fin de cuentas, como \u00e9l dec\u00eda:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cTodo puede conseguirse con esfuerzo, incluso la virtud\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Luis Navia, especializado en filosof\u00eda griega antigua, en su libro&nbsp;<strong><em>Diogenes The Cynic: The War Against The World<\/em><\/strong>, afirma que m\u00e1s que en cualquier otro fil\u00f3sofo del mundo occidental, algunos han visto en Di\u00f3genes el ep\u00edtome de una larga lista de rasgos y dotes personales e intelectuales dignos de elogio:&nbsp;<strong><em>un compromiso absoluto con la honestidad, una notable independencia de juicio, una decisi\u00f3n inquebrantable de vivir una vida sencilla y sin trabas, una firme devoci\u00f3n a la autosuficiencia, un apego incomparable a la libertad de expresi\u00f3n, un saludable desprecio por la estupidez humana, un grado inusual de lucidez intelectual y, sobre todo, un tremendo coraje para vivir de acuerdo con sus convicciones<\/em><\/strong>. Y, sin embargo, tambi\u00e9n hay quienes, como Peter Sloterdijk, en libros como&nbsp;<strong><em>Cr\u00edtica de la raz\u00f3n c\u00ednica<\/em><\/strong>, han descrito a Di\u00f3genes como&nbsp;<strong><em>\u2018un hombre-perro, un fil\u00f3sofo in\u00fatil, un hippie primitivo y el bohemio original\u2019<\/em><\/strong>. Escribe Sloterdijk:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cUn esp\u00edritu burl\u00f3n que produce distanciamiento, como un mordaz y malicioso individualista que pretende no necesitar de nadie ni ser querido por nadie, ya que,&nbsp;<strong>ante su mirada grosera y desenmascaradora, nadie sale indemne\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Parece que, pese a los siglos transcurridos, a\u00fan no hemos comprendido bien las ense\u00f1anzas de Di\u00f3genes. Luis Navia, se pregunta:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201c\u00bfQu\u00e9 verdad y validez puede haber en estas afirmaciones y valoraciones dispares<\/em><\/strong><em>&nbsp;de quienes han&nbsp;<strong>canonizado a Di\u00f3genes<\/strong>&nbsp;como un santo filos\u00f3fico y ensalzado su valor como gran fil\u00f3sofo, o lo han&nbsp;<strong>condenado como un brib\u00f3n trastornado<\/strong>, un hombre sin valor y un psic\u00f3pata, y lo han descartado como un pseudofil\u00f3sofo?\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez sea precisamente ese el gran problema del mundo actual:no hay nadie&nbsp;<strong><em>brutalmente honesto<\/em><\/strong>&nbsp;que nos despierte de nuestros deseos y dependencias.Di\u00f3genes mostraba que&nbsp;<strong><em>la verdadera felicidad no necesita del apoyo ni de la intervenci\u00f3n de los poderosos.<\/em><\/strong>&nbsp;Este acto fue un rechazo simb\u00f3lico de la sociedad que valoraba excesivamente el estatus y la riqueza. La&nbsp;<strong><em>filosof\u00eda de la autenticidad<\/em><\/strong>&nbsp;aboga por vivir de manera coherente con la naturaleza y la raz\u00f3n, sin dejarse influenciar por el lujo o la fama. En palabras de Navia:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cDi\u00f3genes, al vivir de acuerdo con estos principios<\/em><\/strong><em>, desafiaba las normas y expectativas de su tiempo, ejemplificando con su vida una&nbsp;<strong>cr\u00edtica a la cultura predominante\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>El bi\u00f3grafo de los fil\u00f3sofos griegos Di\u00f3genes Laercio y Plutarco informan que&nbsp;<strong><em>Alejandro y Di\u00f3genes de Sinope murieron el mismo d\u00eda, en el 323 a.C.<\/em><\/strong>&nbsp;Aunque esta coincidencia es sospechosa,&nbsp;<strong><em>la reflexi\u00f3n sobre el encuentro, vida y muerte de estos dos personajes es oportuna respecto de nuestra visi\u00f3n de mundo.<\/em><\/strong>&nbsp;Asociamos que el \u00e9xito material nos lleva a la felicidad, pero por desgracia, existen infinidad de casos donde personas materialmente exitosas experimentan una profunda p\u00e9rdida de su sentido existencial. Cuando alguien le pregunt\u00f3 a Di\u00f3genes si la vida era mala, respondi\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cNo la vida en s\u00ed, sino vivir una vida mala\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Este era Di\u00f3genes, un eterno aprendiz, capaz de luchar diariamente en la b\u00fasqueda de la virtud. Una virtud consistente en la autonom\u00eda, la imperturbabilidad frente a lo externo, el autogobierno y el dominio sobre s\u00ed mismo. A quienes le dec\u00edan:&nbsp;<strong><em>eres ya viejo, descansa ya<\/em><\/strong>; les contestaba:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cSi corriera la carrera de fondo, \u00bfdeber\u00eda descansar al acercarme al final, o m\u00e1s bien apurarme m\u00e1s?\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una ma\u00f1ana soleada del a\u00f1o 336 a.C. en el mercado de Corinto, unos transe\u00fantes observaban a un mendigo que yac\u00eda en el suelo. 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