{"id":977,"date":"2023-12-18T12:33:04","date_gmt":"2023-12-18T15:33:04","guid":{"rendered":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=977"},"modified":"2023-12-18T12:33:04","modified_gmt":"2023-12-18T15:33:04","slug":"nunca-te-rindas","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2023\/12\/18\/nunca-te-rindas\/","title":{"rendered":"\u00a1Nunca te rindas!"},"content":{"rendered":"\n<p>En los meses finales de 1944, despu\u00e9s de casi una d\u00e9cada de guerra, Jap\u00f3n estaba colapsado: su econom\u00eda devastada, su ej\u00e9rcito esparcido por diferentes regiones de Asia y los territorios que hab\u00eda capturado los estaba perdiendo. La derrota era inminente. EI 26 de diciembre de 1944, el teniente segundo del ej\u00e9rcito imperial japon\u00e9s Hiroo Onoda de 22 a\u00f1os, fue enviado a la peque\u00f1a isla de Lubang, en Filipinas. Werner&nbsp;<a>Herzog<\/a>, en su novela&nbsp;<strong><em>El crep\u00fasculo del mundo&nbsp;<\/em><\/strong>relata las \u00f3rdenes que el comandante Yoshimi Taniguchi dio al joven oficial:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cConservar\u00e1 la isla hasta que regrese el ej\u00e9rcito imperial.<\/em><\/strong><em>&nbsp;Defender\u00e1 este territorio con t\u00e1cticas de guerrilla, cueste lo que cueste. Tendr\u00e1 que tomar todas las decisiones por s\u00ed solo.&nbsp;<strong>No recibir\u00e1 \u00f3rdenes de nadie<\/strong>, as\u00ed que todo depende de usted. A partir de ahora no habr\u00e1 m\u00e1s reglas que las suyas propias. Solo habr\u00e1 una regla:&nbsp;<strong>No se le permite morir por su propia mano.<\/strong>&nbsp;Ser\u00e1 un fantasma intangible.&nbsp;<strong>La suya ser\u00e1 una guerra sin gloria\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En febrero de 1945, los estadounidenses capturaron la isla de Lubang y en pocos d\u00edas todos los soldados japoneses se hab\u00edan rendido o hab\u00edan ca\u00eddo, pero&nbsp;<strong><em>Onoda y tres de sus hombres lograron esconderse en la selva. Iniciaron as\u00ed una guerra de guerrillas en contra del ej\u00e9rcito norteamericano y la poblaci\u00f3n local.<\/em><\/strong>&nbsp;Comenzaron a destruir instalaciones, disparar contra soldados perdidos e interferir en las acciones de sus adversarios de cualquier forma posible. Seis meses despu\u00e9s, en agosto, Estados Unidos lanz\u00f3 bombas at\u00f3micas en las ciudades de Hiroshima y Nagasaki,&nbsp;lo que llev\u00f3 a Jap\u00f3n a rendirse y puso fin a la guerra m\u00e1s devastadora de la historia. Sin embargo, miles de soldados japoneses nunca se enteraron, ya que estaban dispersos en islas del Pac\u00edfico, y como Onoda, segu\u00edan escondidos en la selva, luchando y saqueando a las comunidades locales, sin saber que la guerra hab\u00eda terminado. Arthur Harari, director del largometraje&nbsp;<strong><em>Onoda: 10.000 noches en la jungla<\/em><\/strong>, en una entrevista se\u00f1al\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cOnoda escapa a su propia persona.&nbsp;<strong>Forma parte del bando de los perdedores, pero realiza, casi a pesar suyo, algo que lo sobrepasa\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Durante a\u00f1os, el gobierno japon\u00e9s, con la colaboraci\u00f3n del ej\u00e9rcito estadounidense, emprendi\u00f3 una intensa campa\u00f1a de comunicaci\u00f3n en la regi\u00f3n, lanzando miles de folletos que proclamaban el fin de la guerra e instaban a los soldados a regresar a casa. Esta estrategia result\u00f3 efectiva para muchos, quienes se rindieron y retornaron.&nbsp;<strong><em>No obstante, Onoda y sus hombres desconfiaban de estos mensajes, consider\u00e1ndolos enga\u00f1os orquestados por el enemigo.<\/em><\/strong>&nbsp;En respuesta, destruyeron los folletos y continuaron su lucha clandestina desde la selva. Mark Manson, en su libro&nbsp;<strong><em>El Sutil Arte de que te Importe un Carajo<\/em><\/strong>, describe c\u00f3mo Onoda y sus hombres persistieron en la isla de Lubang, llevando a cabo actos de sabotaje y violencia. Atacaban a los residentes locales, incendiaban cosechas, robaban provisiones y comet\u00edan asesinatos, convencidos de que a\u00fan estaban en guerra. Frente a esta situaci\u00f3n, las autoridades filipinas intentaron una nueva t\u00e1ctica comunicacional, distribuyendo folletos en la zona selv\u00e1tica que dec\u00edan expl\u00edcitamente:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cSalgan. La guerra termin\u00f3. Ustedes perdieron\u201d.<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Sin embargo, estas acciones tambi\u00e9n fueron en vano.&nbsp;<strong><em>En 1952, el gobierno japon\u00e9s hizo un \u00faltimo esfuerzo&nbsp;<\/em><\/strong>para localizar a sus soldados que a\u00fan permanec\u00edan ocultos en la selva. En esta ocasi\u00f3n, lanzaron desde el aire cartas y fotograf\u00edas de las familias de los combatientes desaparecidos, junto con una nota personal del emperador. Herzog, escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cOnoda sigue firmemente convencido de que las tropas niponas regresar\u00e1n alg\u00fan d\u00eda victoriosas a Lubang. La isla tiene un gran valor militar y, desde aqu\u00ed, Jap\u00f3n luchar\u00e1 inexorablemente hasta recuperar su dominio sobre el Pac\u00edfico.&nbsp;<strong>Nada lo har\u00e1 desistir de la misi\u00f3n que le encomendaron\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>Con el paso de los a\u00f1os, los pobladores filipinos, hartos de ser aterrorizados, se armaron y comenzaron a contraatacar.<\/em><\/strong>&nbsp;En 1959, uno de los compa\u00f1eros de Onoda se rindi\u00f3 y otro muri\u00f3. Una d\u00e9cada m\u00e1s tarde, en 1969, Onoda y su \u00faltimo compa\u00f1ero, Kozuka, continuaban su resistencia en la selva, 25 a\u00f1os despu\u00e9s del t\u00e9rmino de la guerra.&nbsp;<strong><em>Durante un enfrentamiento con la polic\u00eda local, tras haber incendiado campos de arroz, Kozuka cay\u00f3 abatido, dejando a Onoda solo en la lucha.<\/em><\/strong>&nbsp;La noticia de la muerte de Kozuka provoc\u00f3 un gran revuelo en Jap\u00f3n. Los medios de comunicaci\u00f3n comenzaron a especular que era posible que Onoda siguiera vivo. En palabras de Manson:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cLa historia del teniente Onoda se convirti\u00f3 en algo similar a una leyenda urbana en Jap\u00f3n:&nbsp;<\/em><\/strong><em>el h\u00e9roe de guerra que parece demasiado loco como para haber existido. Muchos lo romantizaron. Otros lo criticaron. Unos cuantos pensaron que su historia solo se trataba de un cuento de hadas, inventado por quienes a\u00fan deseaban creer en un Jap\u00f3n que hab\u00eda desaparecido mucho tiempo atr\u00e1s\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>En 1972, los gobiernos de Jap\u00f3n y Filipinas enviaron un nuevo equipo de b\u00fasqueda para encontrar al teniente Onoda, pero como siempre, no hallaron nada.<\/em><\/strong>&nbsp;En esa \u00e9poca un joven llamado&nbsp;<strong><em>Norio Suzuki escuch\u00f3 la historia de Onoda.<\/em><\/strong>&nbsp;Suzuki hab\u00eda nacido al t\u00e9rmino de la guerra, hab\u00eda abandonado sus estudios en la Universidad de Tokio y pas\u00f3 cuatro a\u00f1os recorriendo Asia, Medio Oriente y \u00c1frica. Le encantaba vagar, era un esp\u00edritu libre. Suzuki hab\u00eda regresado a Jap\u00f3n, pero encontraba asfixiantes las estrictas normas culturales y la jerarqu\u00eda social de su pa\u00eds. Odiaba las normas, no le gustaba trabajar y necesitaba otra aventura.&nbsp;<strong><em>Para Suzuki, la leyenda de Onoda era lo que necesitaba. \u00c9l encontrar\u00eda al teniente Onoda.&nbsp;<\/em><\/strong>Lograr\u00eda lo que no pudieron militares y expertos japoneses, filipinos y estadounidenses por 30 a\u00f1os. En palabras de Manson:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cDesarmado, sin entrenamiento para cualquier tipo de reconocimiento o t\u00e1ctica de guerra, o para la lucha armada, Suzuki viaj\u00f3 a Lubang y comenz\u00f3 a deambular solo por la selva.&nbsp;<strong>\u00bfSu estrategia? Gritar muy fuerte el nombre de Onoda y decirle que el emperador estaba preocupado por \u00e9l. Lo encontr\u00f3 en cuatro d\u00edas\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Onoda, llevaba m\u00e1s de un a\u00f1o totalmente solo, y despu\u00e9s de encontrarse con Suzuki, agradeci\u00f3 su compa\u00f1\u00eda y manifest\u00f3 su desesperaci\u00f3n por saber que hab\u00eda ocurrido en el mundo exterior desde la perspectiva de un japon\u00e9s en qui\u00e9n pod\u00eda confiar. Suzuki le pregunt\u00f3 a Onoda por que hab\u00eda decidido quedarse y continuar la guerra. EI soldado le explic\u00f3 que hab\u00eda recibido una orden:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201c\u00a1Nunca te rindas!\u201d<\/em><\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Entonces, Onoda le pregunt\u00f3 a Suzuki por qu\u00e9 un muchacho como \u00e9l decidi\u00f3 ir a buscarlo. Suzuki le contest\u00f3 que hab\u00eda dejado Jap\u00f3n en busca de tres cosas:<\/p>\n\n\n\n<p><em>&#8220;El teniente Onoda, un panda, y el Abominable Hombre de las Nieves<strong>, en ese orden.&#8221;<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Herzog, relata que por primera vez se vio un atisbo de sonrisa en el rostro de Onoda. Suzuki era un joven japon\u00e9s idealista y medio loco muy parecido a Onoda, 30 a\u00f1os atr\u00e1s. Onoda y Suzuki se hicieron amigos, pero Onoda todav\u00eda se negaba a rendirse. Estaba dispuesto a seguir su lucha por muchos a\u00f1os m\u00e1s. Herzog relata la posici\u00f3n de Onoda:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cTodos los folletos que han lanzado desde los aviones pidi\u00e9ndome que me rindiera eran falsos. Y puedo demostrarlo.<\/em><\/strong><em>&nbsp;\u00danicamente me rendir\u00eda bajo una condici\u00f3n. Solo una. Si uno de mis superiores viniera aqu\u00ed y me diera la orden militar de poner fin a todas las hostilidades, entonces me rendir\u00eda\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tras su encuentro con Onoda, Suzuki regres\u00f3 a Jap\u00f3n llevando consigo fotograf\u00edas que certificaban su incre\u00edble hallazgo. Estas pruebas motivaron al gobierno japon\u00e9s a buscar al comandante Yoshimi Taniguchi, quien, retirado de la vida militar, se hab\u00eda convertido en librero. El 9 de marzo de 1974, Taniguchi viaj\u00f3 a Lubang para informar personalmente a Onoda sobre la derrota de Jap\u00f3n y ordenarle que depusiera las armas.&nbsp;<strong><em>A la edad de 52 a\u00f1os, y 29 a\u00f1os despu\u00e9s del t\u00e9rmino de la Segunda Guerra Mundial, Onoda obedeci\u00f3 la orden de rendici\u00f3n.<\/em><\/strong>&nbsp;Entreg\u00f3 su uniforme, su espada, su fusil en perfecto estado de funcionamiento, 500 cartuchos y varias granadas de mano. A pesar de haber causado la muerte de m\u00e1s de treinta habitantes de la isla y de haberse enfrentado en m\u00faltiples ocasiones a la polic\u00eda local, Onoda recibi\u00f3 una amnist\u00eda por parte de Ferdinand Marcos. La controversia en torno a las acciones de Onoda y su responsabilidad en los hechos violentos nunca se resolvi\u00f3 completamente. A.E. Hunt en su art\u00edculo&nbsp;<strong><em>Domitable Myth: Three Depictions of Japanese Holdout Soldier Hiroo Onoda<\/em><\/strong>,afirma que el mito de Onoda nunca fue monol\u00edtico.&nbsp;<strong><em>Su recepci\u00f3n en Jap\u00f3n era mixta<\/em><\/strong>. Naoko Seriu, profesora de la Universidad de Tokio, en una entrevista con la BBC dijo:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cOnoda fue visto al mismo tiempo como una v\u00edctima de las circunstancias, y tambi\u00e9n criticado como la encarnaci\u00f3n del militarismo japon\u00e9s\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Tras encontrar a Onoda,&nbsp;<strong><em>Suzuki prosigui\u00f3 con sus singulares aventuras, r\u00e1pidamente encontr\u00f3 un panda salvaje y dijo haber avistado un yeti a lo lejos.&nbsp;<\/em><\/strong>Sin embargo, en noviembre de 1986 mientras segu\u00eda buscando al yeti, muri\u00f3 en una avalancha en el Himalaya. Sus restos fueron descubiertos un a\u00f1o despu\u00e9s y devueltos a su familia. Onoda y Suzuki, eran dos j\u00f3venes aventureros muy diferentes que se conectaron en las circunstancias m\u00e1s curiosas, motivados por&nbsp;<strong><em>ilusiones bien intencionadas, pero falsas.&nbsp;<\/em><\/strong>Ambos se imaginaban como h\u00e9roes en su propia mente. Las personas a veces escogemos dedicar grandes porciones de nuestra vida a lo que parecieran causas destructivas o in\u00fatiles. A simple vista, dichas causas no tienen sentido. Manson escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cEs dif\u00edcil imaginar como Onoda pod\u00eda ser feliz en aquella isla durante esos 30 a\u00f1os, viviendo de insectos y roedores, durmiendo en la suciedad y asesinando civiles, d\u00e9cada tras d\u00e9cada. O por qu\u00e9 Suzuki camin\u00f3 hacia su propia muerte, sin dinero ni compa\u00f1\u00eda, y sin otro prop\u00f3sito que el de&nbsp;<strong>perseguir un Yeti imaginario\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>Hiroo Onoda regres\u00f3 a Jap\u00f3n en 1974 y fue recibido como una celebridad. Incluso quer\u00edan que se dedicara a la pol\u00edtica. Public\u00f3 sus memorias&nbsp;<strong><em>Luch\u00e9 y sobreviv\u00ed (No surrender)&nbsp;<\/em><\/strong>con mucho \u00e9xito. Inicialmente no acept\u00f3 el salario de los veintiocho a\u00f1os que hab\u00eda pasado en la selva, pero a instancias de su familia lo don\u00f3 de inmediato al santuario Yasukuni, donde se conservan, desde mediados del siglo XIX, los nombres de los dos millones y medio de personas que han dado la vida por la patria.&nbsp;<strong><em>El problema era que la patria por la que Onoda hab\u00eda sufrido y luchado se hab\u00eda convertido en una sociedad consumista, capitalista y superficial.<\/em><\/strong>&nbsp;Hab\u00edan perdido todas las tradiciones de honor y sacrificio. Ahora era una naci\u00f3n vana, llena de hippies y mujeres libertinas vestidas al estilo occidental. Para Onoda, su lucha no hab\u00eda servido de nada.&nbsp;<strong><em>Jap\u00f3n hab\u00eda perdido su alma.<\/em><\/strong>&nbsp;Hab\u00eda desperdiciado 30 a\u00f1os de su vida. Manson escribe:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>\u201cY en la iron\u00eda de las iron\u00edas, Onoda se deprimi\u00f3 m\u00e1s de lo que jam\u00e1s hab\u00eda experimentado durante todos los a\u00f1os que vivi\u00f3 en la selva.<\/em><\/strong><em>&nbsp;Al menos en ese sitio hostil su vida hab\u00eda valido algo, hab\u00eda significado algo; esto hac\u00eda que su sufrimiento fuera soportable, incluso ligeramente deseable\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>En 1975 Onoda, tom\u00f3 sus cosas y se mud\u00f3 a Brasil, donde se dedic\u00f3 a la cr\u00eda de ganado. Se cas\u00f3 en 1976 y asumi\u00f3 un papel de liderazgo en la comunidad japonesa local. Su vida dio otro giro en 1980, cuando se enter\u00f3 de un hecho tr\u00e1gico en Jap\u00f3n: un joven hab\u00eda asesinado a sus padres. Onoda regres\u00f3 a Jap\u00f3n en 1984 y fund\u00f3 la&nbsp;<strong><em>Escuela de Naturaleza de Onoda<\/em><\/strong>. All\u00ed, comparti\u00f3 sus conocimientos de supervivencia con j\u00f3venes escolares, transmitiendo lecciones aprendidas durante sus a\u00f1os en la selva. Onoda volvi\u00f3 a visitar la isla de Lubang en 1996, para hacer donaciones a la escuela local. En sus \u00faltimos a\u00f1os pasaba tres meses al a\u00f1o en Brasil, donde le concedieron la medalla al M\u00e9rito de Santos-Dumont. Falleci\u00f3 el 16 de enero de 2014 a la edad de 91 a\u00f1os. En una entrevista Onoda se\u00f1al\u00f3:<\/p>\n\n\n\n<p><strong><em>&#8220;Sin esa experiencia, no tendr\u00eda mi vida hoy. Hago todo el doble de r\u00e1pido para poder compensar los 30 a\u00f1os.&nbsp;<\/em><\/strong><em>Ojal\u00e1 alguien pudiera comer y dormir por m\u00ed para poder trabajar las 24 horas del d\u00eda\u201d.<\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La cineasta Mia Stewart, que es originaria de la isla de Lubang, descubri\u00f3 que miembros de su propia familia, en particular su madre, hab\u00edan sufrido las consecuencias de la locura de Onoda y sus compa\u00f1eros. Lleva 15 a\u00f1os realizando el documental&nbsp;<strong><em>Searching for Onoda<\/em><\/strong>, para relatar la historia desde la perspectiva de la gente de Lubang. En una escena al t\u00e9rmino del documental se muestra a Onoda dando una conferencia en la escuela que fund\u00f3. La secuencia destaca la calidez de su discurso y la admiraci\u00f3n de la gente. Stewart comenta que&nbsp;<strong><em>al final de su vida Onoda encontr\u00f3 una forma de redenci\u00f3n y felicidad.&nbsp;<\/em><\/strong>Ella narra:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cQuiero contarles la historia de un hombre que cometi\u00f3 actos terribles,&nbsp;<strong>pero luego recibi\u00f3 una segunda oportunidad\u201d.<\/strong><\/em><\/p>\n\n\n\n<p>La inquebrantable lealtad y el absoluto compromiso de Hiroo Onoda con el Imperio Japon\u00e9s fueron los pilares que lo sostuvieron en la selva durante casi tres d\u00e9cadas. Sin embargo, estos mismos valores, llevados al extremo, provocaron consecuencias devastadoras a muchas v\u00edctimas inocentes y sus familias, y para \u00e9l, significaron la p\u00e9rdida de a\u00f1os valiosos y un regreso a Jap\u00f3n marcado por la frustraci\u00f3n. Esta situaci\u00f3n pone de relieve c\u00f3mo nuestros valores fundamentales moldean la percepci\u00f3n que tenemos de nosotros mismos y de los dem\u00e1s, definiendo nuestras acciones y pensamientos.&nbsp;<strong><em>Los valores positivos est\u00e1n arraigados en la realidad, son beneficiosos para la sociedad y est\u00e1n bajo nuestro control.&nbsp;<\/em><\/strong>Por contraste, los valores negativos tienden a ser ilusorios, destructivos a nivel social y, a menudo, est\u00e1n fuera de nuestro control.&nbsp;<strong><em>Se trata de seleccionar cosas mejores a las que prestar atenci\u00f3n.&nbsp;<\/em><\/strong>En palabras de Manson:<\/p>\n\n\n\n<p><em>\u201cSi el sufrimiento es inevitable, si nuestros problemas en la vida son ineludibles, entonces la pregunta que nos deber\u00edamos plantear no es \u00bfC\u00f3mo dejo de sufrir?&nbsp;<strong>sino \u00bfPor qu\u00e9 estoy sufriendo, y con qu\u00e9 prop\u00f3sito? \u201c.<\/strong><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En los meses finales de 1944, despu\u00e9s de casi una d\u00e9cada de guerra, Jap\u00f3n estaba colapsado: su econom\u00eda devastada, su ej\u00e9rcito esparcido por diferentes regiones de Asia y los territorios que hab\u00eda capturado los estaba perdiendo. 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