{"id":1642,"date":"2026-08-31T12:04:29","date_gmt":"2026-08-31T15:04:29","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=1642"},"modified":"2026-08-31T12:04:29","modified_gmt":"2026-08-31T15:04:29","slug":"dejarse-refutar","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2026\/08\/31\/dejarse-refutar\/","title":{"rendered":"Dejarse refutar"},"content":{"rendered":"\n<p>Walter Isaacson, bi\u00f3grafo de Steve Jobs, relata que, en 2004, cuando Jobs estaba en la c\u00faspide de su \u00e9xito empresarial, a los 49 a\u00f1os le diagnosticaron un tumor neuroendocrino poco com\u00fan, tratable quir\u00fargicamente. Haciendo uso de su c\u00e9lebre&nbsp;<strong>\u201ccampo de distorsi\u00f3n de la realidad\u201d<\/strong>, pospuso la cirug\u00eda durante nueve meses, desoyendo los consejos de sus m\u00e9dicos, y opt\u00f3 por tratarse con una dieta macrobi\u00f3tica.&nbsp;<strong>Cuando finalmente fue operado, el tumor se hab\u00eda extendido al h\u00edgado<\/strong>. En 2005, Jobs pronunci\u00f3 un discurso ante los graduados de la Universidad de Stanford. No habl\u00f3 de tecnolog\u00eda ni del mercado.&nbsp;<strong>Cont\u00f3 su vida en tres historias.<\/strong>&nbsp;La primera termin\u00f3 con una frase que se convertir\u00eda en mantra:&nbsp;<strong>\u201cNo puedes conectar los puntos mirando hacia adelante; solo puedes conectarlos mirando hacia atr\u00e1s\u201d<\/strong>. Veinte a\u00f1os despu\u00e9s, el discurso de Jobs se ha transformado en una suerte de&nbsp;<strong>catecismo laico de Occidente<\/strong>. El fil\u00f3sofo y antrop\u00f3logo Paul Ricoeur rechaz\u00f3 cualquier afirmaci\u00f3n de que el&nbsp;<strong>\u201cyo\u201d<\/strong>&nbsp;logre ser&nbsp;<strong>\u201ctransparente\u201d<\/strong>&nbsp;para s\u00ed mismo o completamente&nbsp;<strong>\u201cdue\u00f1o de s\u00ed mismo\u201d<\/strong>. El famoso discurso de Jobs es un laboratorio de las posibilidades y los riesgos del yo narrativo. En una \u00e9poca de alta incertidumbre y cambios disruptivos, tomar conciencia de esta mirada es m\u00e1s urgente que nunca.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>No hay yo sin relato<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Para Ricoeur, es imposible conocerse a s\u00ed mismo solo con introspecci\u00f3n. El&nbsp;<strong>\u201cyo que piensa\u201d<\/strong>&nbsp;solo puede comprenderse a trav\u00e9s del&nbsp;<strong>\u201cespejo\u201d<\/strong>&nbsp;de sus&nbsp;<strong>objetos, de sus obras y de sus actos<\/strong>; nos comprendemos mediante&nbsp;<strong>signos, s\u00edmbolos y, sobre todo, historias<\/strong>. El autoconocimiento llega, a trav\u00e9s de la&nbsp;<strong>comprensi\u00f3n de nuestra relaci\u00f3n con el mundo y de nuestra vida con y entre otros en el tiempo.<\/strong>&nbsp;En&nbsp;<strong><em>Tiempo y narraci\u00f3n<\/em><\/strong>&nbsp;(1983-1985)y&nbsp;<strong><em>S\u00ed mismo como otro&nbsp;<\/em><\/strong>(1990), Ricoeur sostiene que&nbsp;<strong>la identidad personal no es fija<\/strong>, sino una construcci\u00f3n interpretativa que se despliega en el tiempo y solo se vuelve comprensible cuando los hechos se articulan narrativamente. Distingue dos polos:&nbsp;<strong>\u201clo mismo\u201d<\/strong>&nbsp;(<em>idem)<\/em>, lo que permanece (car\u00e1cter, roles, costumbres), y el&nbsp;<strong>\u201cs\u00ed mismo\u201d<\/strong>&nbsp;(<em>ipse)<\/em>, la capacidad de prometer, responder y transformarse. La identidad narrativa es la mediaci\u00f3n entre ambos:&nbsp;<strong>soy el mismo, pero tambi\u00e9n soy otro a lo largo del tiempo, y solo un relato puede dar cuenta de esa tensi\u00f3n.<\/strong>&nbsp;Por eso el sujeto aparece a la vez como lector y como escritor de su propia existencia:&nbsp;<strong>una vida examinada, en el sentido socr\u00e1tico, pero siempre mediada por relatos ver\u00eddicos y de ficci\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La vida, como la historia, est\u00e1 hecha de acontecimientos dispersos, azares, intenciones truncadas, encuentros y p\u00e9rdidas.<\/strong>&nbsp;La narraci\u00f3n articula esa heterogeneidad en una totalidad significativa. Ricoeur llama a esta operaci\u00f3n&nbsp;<strong>\u201cconcordancia discordante\u201d<\/strong>. El relato integra lo discordante: los accidentes, los fracasos, lo imprevisto, en una concordancia nueva, dotando de sentido a lo que en principio no lo ten\u00eda. Parafraseando a E.M. Forster, los&nbsp;<strong>\u201cpuntos\u201d<\/strong>&nbsp;son que&nbsp;<strong>\u201cEl rey muri\u00f3 y la reina muri\u00f3\u201d<\/strong>. La historia es&nbsp;<strong>\u201cEl rey muri\u00f3 y entonces la reina se muri\u00f3 de pena\u201d<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>Seg\u00fan Ricoeur, ese proceso tiene tres momentos. Primero, la&nbsp;<strong><em>prefiguraci\u00f3n<\/em><\/strong>: vivimos ya dentro de historias, guiones culturales, expectativas sociales y estructuras simb\u00f3licas que condicionan lo que podemos narrar. Segundo, la&nbsp;<strong><em>configuraci\u00f3n<\/em><\/strong>: al narrar, seleccionamos, ordenamos, jerarquizamos y damos forma de trama a los acontecimientos. Tercero, la&nbsp;<strong><em>refiguraci\u00f3n<\/em><\/strong>: la historia contada regresa a la vida del que la cuenta y la transforma.&nbsp;<strong>La vida examinada<\/strong>&nbsp;es un trabajo interpretativo permanente que consiste en leer, contar, escuchar y corregir el relato de nuestra vida.&nbsp;<strong>El yo es, en gran medida, una obra en curso.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La contingencia convertida en destino<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El discurso de Jobs en Stanford es un ejemplo casi perfecto de configuraci\u00f3n narrativa.<\/strong>&nbsp;Jobs estructura su intervenci\u00f3n en tres relatos. El primero,&nbsp;<strong>\u201cconectar los puntos\u201d<\/strong>, narra c\u00f3mo abandon\u00f3 la universidad Reed, sigui\u00f3 un curso de caligraf\u00eda aparentemente in\u00fatil y, a\u00f1os despu\u00e9s, ese conocimiento se materializ\u00f3 en la tipograf\u00eda del primer Macintosh. El segundo,&nbsp;<strong>\u201camor y p\u00e9rdida\u201d<\/strong>, cuenta c\u00f3mo fue despedido de Apple, la empresa que fund\u00f3, y c\u00f3mo esa humillaci\u00f3n p\u00fablica se convirti\u00f3 en una liberaci\u00f3n creativa que le llev\u00f3 a crear NeXT y Pixar, y a volver a Apple. El tercero,&nbsp;<strong>\u201cmuerte\u201d<\/strong>, evoca un diagn\u00f3stico de c\u00e1ncer y convierte el&nbsp;<strong><em>memento mori<\/em><\/strong>&nbsp;en un impulso:&nbsp;<strong>\u201cRecordar que morir\u00e9 pronto es la herramienta m\u00e1s importante que he encontrado para tomar las grandes decisiones de la vida\u201d.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lo que hace Jobs en su discurso de 15 minutos es lo que Ricoeur describe como&nbsp;<strong>\u201c<em>puesta en intriga\u201d<\/em><\/strong>: toma acontecimientos dispersos, algunos de ellos dolorosos o absurdos, y&nbsp;<strong>los reordena en una trama en la que cada episodio prepara el siguiente<\/strong>. El abandono de la universidad no fue un error, sino una etapa necesaria. El despido no fue una derrota, sino una oportunidad. La enfermedad no fue solo una amenaza, sino un recordatorio de lo esencial. La contingencia se vuelve necesidad retrospectiva.&nbsp;<strong>Los puntos sueltos se conectan y forman una figura coherente.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El poder ret\u00f3rico de ese gesto es innegable.<\/strong>&nbsp;Dio sentido a su vida p\u00fablica, y ofreci\u00f3 a millones de personas un modelo para interpretar sus propias discontinuidades.&nbsp;<strong>\u201cConf\u00eda en que los puntos se conectar\u00e1n de alguna manera en el futuro\u201d<\/strong>. Incluso lo que hoy parece fracaso puede integrarse ma\u00f1ana en una historia mayor. En t\u00e9rminos de Ricoeur es&nbsp;<strong><em>refiguraci\u00f3n<\/em><\/strong>: la historia contada vuelve a la vida y ampl\u00eda su horizonte de posibilidades.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Sin embargo, conviene leer el discurso con cierta sospecha.<\/strong>&nbsp;Porque&nbsp;<strong>toda narraci\u00f3n selecciona<\/strong>, y la selecci\u00f3n de Jobs es notablemente heroica e individualista. El relato omite las condiciones estructurales que hicieron posible su trayectoria: una familia adoptiva que le permiti\u00f3 cierta estabilidad, un entorno tecnol\u00f3gico en ebullici\u00f3n, colaboradores sin los cuales no habr\u00eda existido Apple.&nbsp;<strong>Omite tambi\u00e9n los costos humanos de su estilo de liderazgo, sus errores \u00e9ticos y relaciones rotas.&nbsp;<\/strong>No es que un discurso de graduaci\u00f3n deba ser una confesi\u00f3n exhaustiva; pero permite observar que la coherencia narrativa de Jobs es una construcci\u00f3n deliberada. Su discurso que invita a&nbsp;<strong>\u201cno dejarse atrapar por el dogma\u201d<\/strong>&nbsp;se convirti\u00f3, en un dogma contempor\u00e1neo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Daniel Kahneman llam\u00f3 a esto falacia narrativa<\/strong>: el relato de la caligraf\u00eda solo fue posible porque el Macintosh existi\u00f3. Miles de j\u00f3venes tomaron cursos sin que al final hubiera una revoluci\u00f3n esper\u00e1ndolos; sus puntos no se unieron.&nbsp;<strong>La coherencia de una vida suele ser un artefacto fabricado hacia atr\u00e1s, y el sesgo del narrador es su fundamento.&nbsp;<\/strong>Hay, sin embargo, una defensa seria: Alasdair MacIntyre recuerda que&nbsp;<strong>la vida humana posee unidad narrativa, y que las virtudes solo resultan inteligibles dentro de una historia que alguien puede contar sobre s\u00ed mismo.<\/strong>&nbsp;Le\u00eddo as\u00ed, Jobs describe c\u00f3mo se vuelve habitable una biograf\u00eda. Pero la cuesti\u00f3n no es si la narraci\u00f3n es necesaria, sino si es suficiente;&nbsp;<strong>no es si Jobs se cuenta bien, sino qu\u00e9 precio pagan quienes quedan fuera de su trama.&nbsp;<\/strong>El problema aparece en el verbo&nbsp;<strong>\u201cconfiar\u201d<\/strong>. Confiar exige un objeto, y Jobs lo nombra:&nbsp;<strong>el destino, la vida, el karma<\/strong>. La afirmaci\u00f3n pasa a ser casi un acto de fe. El discurso m\u00e1s celebrado como oda a la intuici\u00f3n racional del innovador termina apoyado en una teolog\u00eda del sentido. Convierte el privilegio del superviviente en regla universal y llama a eso&nbsp;<strong>\u201cconfianza\u201d<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Morir como incentivo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La tercera historia introduce el espejo.<\/strong>&nbsp;Cada ma\u00f1ana, durante d\u00e9cadas, Jobs se preguntaba si har\u00eda lo que iba a hacer ese d\u00eda si fuera el \u00faltimo.&nbsp;<strong>S\u00e9neca, Epicteto, Montaigne propusieron que filosofar es aprender a morir. Pero en el caso de Jobs la funci\u00f3n est\u00e1 invertida.<\/strong>&nbsp;En la tradici\u00f3n estoica, la contemplaci\u00f3n de la muerte produc\u00eda desapego: reduc\u00eda la importancia de mis proyectos, me situaba en el orden de la naturaleza, curaba la vanidad. En Jobs, la muerte opera como acelerador. Disuelve el miedo al rid\u00edculo, las expectativas ajenas, todo lo accesorio, y lo que queda tras el filtro es hacer lo que uno de verdad quiere hacer. El memento mori estoico disolv\u00eda el yo; el de Jobs lo depura y lo fortalece. Es, en rigor,&nbsp;<strong>una tecnolog\u00eda de la productividad existencial.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El examen socr\u00e1tico era dial\u00f3gico. Ocurr\u00eda en la plaza, con otros, y consist\u00eda sobre todo en dejarse refutar. El examen que propone Jobs es solitario:&nbsp;<strong>el espejo, el coraz\u00f3n, la intuici\u00f3n, la voz interior<\/strong>.&nbsp;<strong>Nadie lo contradice.<\/strong>&nbsp;Nadie tiene sobre \u00e9l un derecho. Sin embargo, como narra Isaacson en&nbsp;<strong><em>Steve Jobs<\/em><\/strong>&nbsp;(2011) esa ausencia tiene un nombre: Lisa Brennan-Jobs, la hija cuya paternidad neg\u00f3 durante a\u00f1os y que en 2018 public\u00f3 su propio relato de aquella infancia. En ese relato, Lisa es la contrafigura del discurso de Stanford. Un apellido negado, un padre que prefiere no mirarla. La historia victoriosa de Jobs deja fuera, por necesidad estructural, esta historia de abandono. No se trata de juzgarlo; se trata de advertir que&nbsp;<strong>toda trama que se cierra sobre s\u00ed misma deja algo afuera.&nbsp;<\/strong>Esto no invalida el discurso ni convierte su an\u00e1lisis en un juicio moral. Se\u00f1ala el punto ciego estructural de un modelo donde&nbsp;<strong>el criterio de la vida buena es la fidelidad a uno mismo.<\/strong>&nbsp;Lo \u00e9tico empieza cuando el rostro del otro interrumpe mi proyecto.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El segundo punto ciego es de clase.&nbsp;<\/strong>Cuando la pasi\u00f3n se presenta como mandato universal, oculta la&nbsp;<strong>distribuci\u00f3n desigual de la libertad para elegir.<\/strong>&nbsp;Jobs ya est\u00e1 situado en un punto desde el que puede darse el lujo de conectar los puntos; para otros, esos puntos vienen impuestos. Miya Tokumitsu mostr\u00f3 c\u00f3mo el mandato de&nbsp;<strong>\u201chaz lo que amas\u201d<\/strong>&nbsp;naturaliza la precariedad:&nbsp;<strong>si el trabajo debe ser pasi\u00f3n, el bajo ingreso se explica por falta de vocaci\u00f3n y no por injusticia.<\/strong>&nbsp;No es hipocres\u00eda; es dise\u00f1o, aunque no siempre un dise\u00f1o deliberado. Es la gram\u00e1tica de un mundo que ha convertido la biograf\u00eda en capital.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Una vida examinada se deja interrumpir<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La filosof\u00eda de Ricoeur permite ir m\u00e1s all\u00e1 de la autoayuda<\/strong>. La vida examinada, tal como la ense\u00f1a, no consiste simplemente en construir un relato inspirador, sino en&nbsp;<strong>someter ese relato a cr\u00edtica, revisi\u00f3n y apertura.<\/strong>&nbsp;El yo es falible, opaco para s\u00ed mismo, y no puede acceder a una certeza definitiva sobre su propia identidad. Lo que puede hacer es&nbsp;<em>atestiguar<\/em>:&nbsp;<strong>creer que act\u00faa, que puede iniciar algo nuevo, que es responsable, sin pretender un conocimiento absoluto de s\u00ed.<\/strong>&nbsp;El discurso de Jobs, con su arco limpio de ca\u00edda y redenci\u00f3n, se ha convertido en plantilla para la&nbsp;<em>autoexplotaci\u00f3n<\/em>&nbsp;narrativa. Pero&nbsp;<strong>la vida examinada, no es una campa\u00f1a de marketing.<\/strong>&nbsp;Es un&nbsp;<strong>di\u00e1logo permanente entre la historia que heredamos, la que contamos y las historias que otros cuentan de nosotros. Incluye la posibilidad de no saber, de rectificar, de dejar cabos sueltos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Aprender y cambiar requiere conectar los puntos hacia atr\u00e1s, pero tambi\u00e9n, a veces, es necesario desconectar puntos que hab\u00edamos dado por fijos, reconocer que una trama era una ficci\u00f3n defensiva, o permitir que un acontecimiento nuevo rompa la coherencia anterior.<\/strong>&nbsp;La identidad narrativa es una construcci\u00f3n din\u00e1mica, siempre susceptible de ser reinterpretada. Por eso Ricoeur insiste en que la narraci\u00f3n no elimina lo aleatorio: lo integra, pero no lo domestica por completo.&nbsp;<strong>El fracaso, el duelo, el mal, la enfermedad pueden dejar restos que ninguna historia agota.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La intuici\u00f3n en tiempos de IA<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El relato del individuo que conf\u00eda en su intuici\u00f3n y convierte su vida en una aventura empresarial, sigue siendo seductor, pero resulta insuficiente&nbsp;<\/strong>para afrontar crisis como el cambio clim\u00e1tico, la desigualdad, la polarizaci\u00f3n pol\u00edtica o la disrupci\u00f3n de la inteligencia artificial.&nbsp;<strong>Estas crisis no se resuelven conectando puntos personales hacia atr\u00e1s; requieren historias interdependientes, narrativas de responsabilidad mutua, tramas que incluyan a los otros y a la Tierra.<\/strong>&nbsp;Son tramas sin h\u00e9roe, o con demasiados h\u00e9roes en conflicto. Como advirti\u00f3 Ricoeur estamos&nbsp;<strong>\u201cenredados en historias\u201d<\/strong>, y&nbsp;<strong>no podemos contarnos sin contar a los dem\u00e1s.<\/strong>&nbsp;El yo se construye en el cruce de relatos familiares, institucionales, hist\u00f3ricos y culturales. Ignorar ese entramado es una forma de autoenga\u00f1o.<\/p>\n\n\n\n<p>Dos cosas han cambiado bajo el texto desde 2005, y ambas afectan a su n\u00facleo.&nbsp;<strong>La primera es la interioridad. Toda la arquitectura del discurso descansa en que existe una voz interior distinguible del ruido exterior.<\/strong>&nbsp;Veinte a\u00f1os de econom\u00eda de la atenci\u00f3n y, ahora, de IA han vuelto porosa esa frontera. Nuestras preferencias llegan preformateadas por la recomendaci\u00f3n, nuestros textos redactados a medias por IA, nuestras decisiones acompa\u00f1adas por un asistente que sugiere la siguiente palabra. Cuando la intuici\u00f3n puede ser un eco estad\u00edstico,&nbsp;<strong>&#8220;escucha a tu coraz\u00f3n&#8221;<\/strong>&nbsp;deja de ser una instrucci\u00f3n evidente y se convierte en un problema t\u00e9cnico:&nbsp;<strong>\u00bfqu\u00e9 parte de lo que siento es m\u00eda?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La segunda es la uni\u00f3n de los puntos. La coherencia retrospectiva presupone un mundo lo bastante estable como para que una biograf\u00eda tenga un patr\u00f3n legible.<\/strong>&nbsp;En un entorno donde oficios enteros se reconfiguran en pocos a\u00f1os, el pasado ense\u00f1a menos sobre el futuro. Bajo incertidumbre radical, la pregunta \u00fatil es&nbsp;<strong>qu\u00e9 est\u00e1 ocurriendo y qu\u00e9 relato estoy habitando sin darme cuenta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Conecta los puntos, pero suelta el hilo<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Steve Jobs ofreci\u00f3 en Stanford una muestra magistral de&nbsp;<strong><em>refiguraci\u00f3n<\/em><\/strong>&nbsp;narrativa. Transform\u00f3 una vida llena de discontinuidades, fracasos y azares en un relato significativo, y ese relato le permiti\u00f3 actuar con prop\u00f3sito y contagiar a otros una cierta confianza en el futuro. Eso es un logro. Pero Paul Ricoeur nos recuerda que la historia nunca es definitiva. La identidad narrativa es un trabajo \u00e9tico: debe permanecer abierta a la alteridad, a la correcci\u00f3n, a la sospecha.&nbsp;<strong>La vida examinada es un di\u00e1logo incesante entre el yo que cuenta, el yo que escucha y los otros que interrumpen.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En un contexto marcado por la IA, la crisis ecol\u00f3gica y la incertidumbre pol\u00edtica, la tarea es mucho m\u00e1s que descubrir una l\u00ednea predestinada de puntos. Es, m\u00e1s bien,&nbsp;<strong>desarrollar la capacidad de re-narrar sin autoenga\u00f1o, de sostener la ambig\u00fcedad sin caer en la fragmentaci\u00f3n, y de tejer historias que nos hagan sentir coherentes, que nos vuelvan m\u00e1s justos y capaces de cuidar.<\/strong>&nbsp;Quiz\u00e1 la lecci\u00f3n sea:&nbsp;<strong>conecta los puntos hacia atr\u00e1s, pero con humildad; vive hacia adelante con responsabilidad; y mant\u00e9n la historia abierta a la sorpresa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Jobs cerr\u00f3 su discurso con la frase:&nbsp;<strong>\u201cSigue hambriento. Sigue alocado\u201d<\/strong>. La filosof\u00eda de Ricoeur a\u00f1ade una advertencia: un buen narrador no es quien amarra todos los cabos, sino quien sabe cu\u00e1ndo dejarlos sueltos.&nbsp;<strong>A<\/strong>&nbsp;<strong>ese par de verbos: hambriento, alocado, convendr\u00eda a\u00f1adir: dejarse refutar.&nbsp;<\/strong>En tiempos de disrupci\u00f3n, la vida examinada no consiste en tener un relato perfecto, sino en seguir siendo capaz de contarlo de nuevo, y de escuchar a quienes lo cuentan de otra manera.&nbsp;<strong>Si mi historia no deja espacio para la refutaci\u00f3n, se convierte en dogma.<\/strong>&nbsp;Quiz\u00e1 la lectura m\u00e1s honesta hoy sea comprender que somos nosotros quienes trazamos la l\u00ednea entre los puntos, que la trazamos con material prestado y que esa l\u00ednea involucra siempre a otras personas. Visto as\u00ed,&nbsp;<strong>tal vez la reina no se muri\u00f3 de pena por la muerte del rey.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Walter Isaacson, bi\u00f3grafo de Steve Jobs, relata que, en 2004, cuando Jobs estaba en la c\u00faspide de su \u00e9xito empresarial, a los 49 a\u00f1os le diagnosticaron un tumor neuroendocrino poco com\u00fan, tratable quir\u00fargicamente. 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