{"id":1635,"date":"2026-08-17T12:11:58","date_gmt":"2026-08-17T15:11:58","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=1635"},"modified":"2026-08-17T12:11:58","modified_gmt":"2026-08-17T15:11:58","slug":"clavar-el-remo","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2026\/08\/17\/clavar-el-remo\/","title":{"rendered":"Clavar el remo"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>El error m\u00e1s c\u00e9lebre de la literatura antigua es tambi\u00e9n el m\u00e1s humano.<\/strong>&nbsp;Odiseo acaba de cegar al c\u00edclope Polifemo y ha escapado de la cueva agarrado al vientre de un carnero. Ya est\u00e1 a salvo,&nbsp;<strong>mar adentro<\/strong>, con el monstruo lanzando pe\u00f1ascos a ciegas contra el oleaje.&nbsp;<strong>Bastar\u00eda con callar.&nbsp;<\/strong>Pero necesita que el mundo sepa qui\u00e9n es.&nbsp;<strong>\u201c\u00a1C\u00edclope! Si alg\u00fan mortal te pregunta qui\u00e9n te ceg\u00f3, dile que fue Odiseo, el destructor de ciudades, el hijo de Laertes, que tiene su casa en \u00cdtaca\u201d<\/strong>. El c\u00edclope, que hasta ese momento solo sab\u00eda que un tal&nbsp;<strong>\u201cNadie\u201d<\/strong>&nbsp;lo hab\u00eda cegado, tiene por fin el dato que le faltaba, y se lo entrega a su padre Poseid\u00f3n. Ese instante de arrogancia desencadena la maldici\u00f3n, que ensombrecer\u00e1 el resto de su largo regreso:&nbsp;<strong>una d\u00e9cada de naufragios, p\u00e9rdidas y soledad.<\/strong>&nbsp;La&nbsp;<em>Odisea<\/em>, con ojos contempor\u00e1neos, puede leerse como una de las primeras teor\u00edas del cambio adaptativo y una advertencia para los&nbsp;<strong>l\u00edderes atrapados en la pulsi\u00f3n del reconocimiento y la fama.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Leer el poema hom\u00e9rico a la luz de la psicolog\u00eda del desarrollo adulto y del liderazgo adaptativo, permite interpretar nuestro tiempo.&nbsp;<strong>Porque si algo nos ense\u00f1a el h\u00e9roe de los mil recursos es que la inteligencia, sin transformaci\u00f3n interior, puede convertirse en la forma m\u00e1s sofisticada de autosabotaje.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La trampa del reconocimiento.&nbsp;<\/strong>En el mundo hom\u00e9rico, la b\u00fasqueda de gloria, el&nbsp;<em>kleos,&nbsp;<\/em>era una obligaci\u00f3n cultural y casi religiosa.&nbsp;<strong>La fama era la \u00fanica inmortalidad posible para los mortales.<\/strong>&nbsp;Odiseo le grita a Polifemo desde un c\u00f3digo que&nbsp;<strong>equipara existencia con reconocimiento.<\/strong>&nbsp;Sin embargo, el poema muestra c\u00f3mo aquello que una cultura considera virtud puede estar profundamente equivocado.<\/p>\n\n\n\n<p>Los modelos contempor\u00e1neos de evaluaci\u00f3n del liderazgo, como el&nbsp;<em>Leadership Circle<\/em>&nbsp;de Bob Anderson o las escuelas de desarrollo vertical de Robert Kegan y William Torbert, denominan a esta conducta&nbsp;<strong>\u201creactividad\u201d<\/strong>. La reactividad es la manifestaci\u00f3n conductual de estar gobernado por supuestos no examinados. Odiseo no elige gritar; es&nbsp;<strong>\u201cgritado\u201d<\/strong>&nbsp;por una necesidad imperiosa de que cada haza\u00f1a que realiza sea reconocida. La pregunta inc\u00f3moda es&nbsp;<strong>por qu\u00e9 un hombre tan inteligente act\u00faa as\u00ed incluso cuando lo destruye.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La respuesta es a la vez antigua y contempor\u00e1nea: act\u00faa as\u00ed porque lo hace existir.<\/strong>&nbsp;El reconocimiento externo no es un premio adicional; es el terreno sobre el que se asienta su identidad. En la era de las redes sociales, el&nbsp;<em>kleos<\/em>&nbsp;se ha democratizado y degradado. Los&nbsp;<strong>\u201cme gusta\u201d<\/strong>, los reenv\u00edos y los titulares funcionan como una forma de gloria instant\u00e1nea. Los l\u00edderes contempor\u00e1neos: pol\u00edticos, empresarios, celebridades, no gritan a un c\u00edclope, pero publican, comparecen, \u201cperforman\u201d. La econom\u00eda de la atenci\u00f3n convierte el reconocimiento en moneda universal y, al mismo tiempo, en adicci\u00f3n.&nbsp;<strong>La Odisea nos recuerda que esa necesidad no es nueva: solo ha encontrado nuevas plataformas.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Saboteadores internos.&nbsp;<\/strong>Robert Kegan y Lisa Lahey, psic\u00f3logos de Harvard, dedicaron d\u00e9cadas a descifrar por qu\u00e9 fracasamos en objetivos que sinceramente deseamos. Su respuesta, en&nbsp;<strong><em>Immunity to Change<\/em><\/strong>&nbsp;(2009), es contraintuitiva:&nbsp;<strong>no es falta de voluntad<\/strong>. Tenemos un&nbsp;<strong>\u201csistema inmunol\u00f3gico psicol\u00f3gico\u201d<\/strong>&nbsp;que, de manera inconsciente, nos protege de una&nbsp;<strong>ansiedad existencial<\/strong>. Aunque el cambio anhelado sea bueno, si amenaza nuestra identidad actual, nuestras creencias profundas lo sabotean con una eficacia que nada tiene que ver con la debilidad de car\u00e1cter.<\/p>\n\n\n\n<p>Kegan distingue entre&nbsp;<strong>\u201csujeto\u201d<\/strong>: algo que no podemos ver porque operamos desde ah\u00ed, y&nbsp;<strong>\u201cobjeto\u201d<\/strong>: algo que podemos mirar y cuestionar.&nbsp;<strong>El desarrollo psicol\u00f3gico consiste, precisamente, en transformar en&nbsp;<em>objeto&nbsp;<\/em>lo que antes nos&nbsp;<em>sujetaba<\/em>.<\/strong>&nbsp;Consiste en reorganizar la manera de dar sentido al mundo.<\/p>\n\n\n\n<p>Ronald Heifetz en&nbsp;<strong><em>Leadership Without Easy Answers<\/em><\/strong>&nbsp;(1994) y&nbsp;<strong><em>Leadership on the Line<\/em><\/strong>&nbsp;(2002), distingue entre&nbsp;<strong>problemas t\u00e9cnicos<\/strong>: que se resuelven con conocimiento, autoridad o recursos y&nbsp;<strong>problemas adaptativos<\/strong>: que exigen cambiar valores, creencias y h\u00e1bitos. Odiseo aplica soluciones t\u00e9cnicas: astucia, control, fuerza, a un problema que requiere una transformaci\u00f3n de su identidad.&nbsp;<strong>Por eso fracasa una y otra vez. Su meta visible es volver a casa con su tripulaci\u00f3n.<\/strong>&nbsp;Sus conductas contrarias son la vanagloria, la desmesura y la desconfianza. Sus compromisos ocultos: no ser un&nbsp;<strong>\u201cNadie\u201d<\/strong>&nbsp;y no perder el control. Y su gran supuesto, la creencia ra\u00edz que lo gobierna:&nbsp;<strong><em>si no pronuncian mi nombre, no existo; mi vida solo vale si deja una estela de gloria, y sin testigos me disolver\u00e9 como una sombra entre los muertos<\/em>.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El Hades.&nbsp;<\/strong>Odiseo ha perdido casi toda su flota y, con ella, a la mayor\u00eda de sus hombres. La maga Circe le dijo que solo Tiresias,&nbsp;<strong>el adivino ciego de Tebas, el \u00fanico entre las sombras que conserva la mente l\u00facida<\/strong>&nbsp;pod\u00eda orientarlo en c\u00f3mo volver a casa. El descenso de Odiseo al reino de los muertos es el punto de inflexi\u00f3n del viaje. Busca indicaciones pr\u00e1cticas para continuar, pero encuentra algo m\u00e1s perturbador: un testimonio que desmiente su supuesto fundamental. La&nbsp;<em>Il\u00edada<\/em>, cuenta que, a&nbsp;<strong>Aquiles, el m\u00e1s grande de los guerreros, cuando era muy joven, le hab\u00edan ofrecido una vida corta, intensa y llena de gloria, o una vida larga, pac\u00edfica y an\u00f3nima en su hogar.&nbsp;<\/strong>En el Hades, le confiesa a Odiseo:&nbsp;<strong>preferir\u00eda ser el jornalero m\u00e1s humilde entre los vivos que reinar sobre todos los muertos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Esa confesi\u00f3n es una refutaci\u00f3n brutal del supuesto de Odiseo. La gloria, una vez alcanzada, no consuela, no sacia, no redime.&nbsp;<strong>El poema coloca en su centro la evidencia de que el gran supuesto es falso: no solo para la vida, sino incluso para la muerte.&nbsp;<\/strong>Es una iron\u00eda profunda:&nbsp;<strong>el h\u00e9roe que m\u00e1s fama obtuvo declara que es mejor tener una vida tranquila y agradable y que nadie sepa que existes, que ser un gran h\u00e9roe coronado de gloria, ya que todo eso pasa.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Luego, Tiresias, el ciego que todo lo ve, le explica a Odiseo que Poseid\u00f3n lo persigue por el grito ante Polifemo, se\u00f1alando que&nbsp;<strong>el error no fue cegar al c\u00edclope<\/strong>, eso era supervivencia,&nbsp;<strong>sino la vanagloria<\/strong>&nbsp;posterior. Y le advierte que ese patr\u00f3n reaparecer\u00e1:&nbsp;<strong>en los compa\u00f1eros que devorar\u00e1n las vacas del Sol, en los pretendientes que devorar\u00e1n su casa y en el propio h\u00e9roe, cuya inteligencia no tolera quedar sin testigos<\/strong>. Sin embargo, la profec\u00eda es condicional:&nbsp;<strong>si se contienen, hay regreso; si no, volver\u00e1 solo, tarde y roto.<\/strong>&nbsp;El ciego que todo lo ve le diagnostica lo \u00fanico que ninguna astucia puede darle:&nbsp;<strong>la medida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Kegan y Lahey insisten en que&nbsp;<strong>la revelaci\u00f3n de supuestos no basta<\/strong>. Los supuestos deben ser sometidos a pruebas emp\u00edricas. La consigna es: dise\u00f1e un experimento que ponga a prueba su supuesto y observe qu\u00e9 sucede. Kegan y Lahey llaman a esto&nbsp;<strong>\u201cconvertir el supuesto de sujeto a objeto\u201d<\/strong>. As\u00ed, pasamos de estar atrapados por un supuesto a mirarlo como una hip\u00f3tesis m\u00e1s.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El experimento.&nbsp;<\/strong>El episodio de las sirenas es, quiz\u00e1, la escena m\u00e1s citada del poema. Circe le ha advertido qu\u00e9 har\u00e1n las sirenas, c\u00f3mo evitar el desastre y por qu\u00e9 el canto es irresistible. Odiseo no conf\u00eda en su fuerza de voluntad:&nbsp;<strong>tapa con cera los o\u00eddos de sus hombres y se hace atar al m\u00e1stil, con la orden de que, si suplica o forcejea, aprieten m\u00e1s las cuerdas.&nbsp;<\/strong>Sabe que su deseo de escuchar el canto puede destruirlo.&nbsp;<strong>\u201cVen aqu\u00ed, c\u00e9lebre Odiseo, gloria de los aqueos\u201d<\/strong>. Y, efectivamente, cuando escucha este canto de las sirenas, pierde la raz\u00f3n, pero&nbsp;<strong>su estrategia funciona.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La madurez, sugiere el poema, es conocer nuestras debilidades lo bastante como para&nbsp;<strong>construir, en fr\u00edo, la estructura que nos proteger\u00e1 de nosotros mismos.&nbsp;<\/strong>En t\u00e9rminos contempor\u00e1neos, es lo que hacen los protocolos de seguridad: reconocen el deseo y lo encauzan. En la era de las plataformas digitales, dise\u00f1adas precisamente para explotar la reactividad, atarse al m\u00e1stil equivale a desactivar notificaciones, regular algoritmos, crear espacios de deliberaci\u00f3n pausada. Pero tambi\u00e9n aqu\u00ed el poema es m\u00e1s honesto que la mayor\u00eda de los manuales de autoayuda.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Los l\u00edmites del l\u00edder.&nbsp;<\/strong>En la isla del Sol, Odiseo recuerda a sus compa\u00f1eros la prohibici\u00f3n divina de no comerse las vacas sagradas, y los hace jurar, pero se duerme. Una tormenta los mantiene atrapados durante un mes. El hambre apremia.<strong>&nbsp;Mientras el h\u00e9roe sube a la monta\u00f1a a orar, sus hombres sacrifican las vacas. Zeus fulmina la nave. Toda su tripulaci\u00f3n muere.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La&nbsp;<em>Odisea<\/em>&nbsp;no oculta el fracaso; lo anuncia desde la primera l\u00ednea:&nbsp;<strong>\u201cpero no salv\u00f3 a sus compa\u00f1eros, aunque lo anhelaba, pues su propia insensatez los destruy\u00f3\u201d<\/strong>. El narrador atribuye la culpa a los compa\u00f1eros. Pero los riesgos innecesarios, los silencios, dormirse, matizan esa versi\u00f3n oficial.&nbsp;<strong>La madurez del l\u00edder no garantiza la salvaci\u00f3n del equipo, pero tampoco la exculpaci\u00f3n hom\u00e9rica lo exime de responsabilidad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Aqu\u00ed el marco de Heifetz resulta indispensable.&nbsp;<strong>El liderazgo consiste en movilizar a la organizaci\u00f3n para que ella misma desarrolle sus capacidades y conciencia.&nbsp;<\/strong>Odiseo nunca&nbsp;<em>moviliza<\/em>&nbsp;a su tripulaci\u00f3n hacia la conciencia; la manda, la enga\u00f1a, se distancia. La fuerza y el control son insuficientes. No es solo desobediencia: es el cuerpo, la tormenta, el encierro, el hambre. Hay l\u00edmites biol\u00f3gicos y estructurales que ninguna conciencia individual puede suspender.&nbsp;<strong>La lecci\u00f3n es inc\u00f3moda para cualquier modelo de desarrollo que idealice al l\u00edder evolucionado: la transformaci\u00f3n debe ser colectiva. Un l\u00edder iluminado dentro de un sistema disfuncional seguir\u00e1 naufragando.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Clavar el remo.&nbsp;<\/strong>La profec\u00eda final de Tiresias es la parte m\u00e1s enigm\u00e1tica del poema. Despu\u00e9s de \u00cdtaca, Odiseo deber\u00e1 emprender un \u00faltimo viaje. Tomar\u00e1 un remo al hombro y caminar\u00e1&nbsp;<strong>tierra adentro<\/strong>, lejos del mar, hasta llegar a un pueblo que ignora por completo la navegaci\u00f3n:&nbsp;<strong>gente que no sazona la comida con sal, que jam\u00e1s ha visto un barco.<\/strong>&nbsp;La se\u00f1al de que ha llegado al lugar correcto ser\u00e1 cuando un caminante, al cruzarse con \u00e9l, piense que el remo es una&nbsp;<strong>\u201cpala de aventar\u201d<\/strong>, la que los campesinos usan para separar el grano de la paja. All\u00ed, Odiseo clavar\u00e1 el remo en la tierra y ofrecer\u00e1 un sacrificio a Poseid\u00f3n. Cumplido el rito, dice Tiresias, Odiseo envejecer\u00e1 rodeado de un&nbsp;<strong>pueblo pr\u00f3spero<\/strong>&nbsp;y la muerte le llegar\u00e1 dulce, suave, en una vejez serena.&nbsp;<strong>No la muerte violenta y temprana de Aquiles, sino la del anciano que ha cerrado todas sus cuentas.<\/strong>&nbsp;El helenista Jasper Griffin vio en este pasaje la expresi\u00f3n m\u00e1s alta del ideal hom\u00e9rico de una vida humana plena:<strong>&nbsp;no la inmortalidad, sino la integridad de una existencia completada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>El remo, la identidad de Odiseo se resignifica.&nbsp;<strong>Las tendencias reactivas se transforman en competencias creativas.<\/strong>&nbsp;Clavar el remo es&nbsp;<strong>pasar del destructor de ciudades al constructor de comunidades pr\u00f3speras.<\/strong>&nbsp;Es entender&nbsp;<strong>que la fuerza siempre necesita oponerse, defenderse y probar su val\u00eda<\/strong>, mientras que&nbsp;<strong>la autoridad con prop\u00f3sito no necesita alardes.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Cuando Occidente eligi\u00f3 su Odiseo, eligi\u00f3 al que iza la vela.<\/strong>&nbsp;El Ulises de Dante&nbsp;<strong>no soporta detenerse y zarpa nuevamente<\/strong>: cruza las columnas de H\u00e9rcules empujado por un hambre de mundo que no acepta l\u00edmites, y naufraga. El de Tennyson, ya anciano parte&nbsp;<strong>&#8220;a buscar un mundo m\u00e1s nuevo&#8221;<\/strong>. Durante siglos hemos romantizado al l\u00edder imparable, al que cruza fronteras, al que no puede detenerse.&nbsp;<strong>Nos cuesta m\u00e1s imaginar la grandeza del remo plantado que la de la vela desplegada, y esa preferencia, sigue intacta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Porque en la era tecnocient\u00edfica el remo son los algoritmos, la biotecnolog\u00eda, la rob\u00f3tica, la IA, los sistemas de optimizaci\u00f3n. Las herramientas nacidas de la navegaci\u00f3n, del dominio del mar.&nbsp;<strong>El desaf\u00edo es que dejen de ser armas de dominaci\u00f3n, plantarlas en tierra y convertirlas en herramientas de prosperidad para todos.&nbsp;<\/strong>Pasar de la conquista al cuidado, de la extracci\u00f3n a la regeneraci\u00f3n. Pero, adem\u00e1s, Odiseo debe arrodillarse y hacer las paces con Poseid\u00f3n, ya que no lo puede integrar ni derrotar, solo honrar. En un mundo que enfrenta crisis clim\u00e1tica, desigualdad y desconfianza extrema,&nbsp;<strong>honrar el l\u00edmite es quiz\u00e1 la forma m\u00e1s alta de inteligencia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A lo largo del viaje, Odiseo ha ido convirtiendo en&nbsp;<strong>\u201cobjetos\u201d<\/strong>&nbsp;las creencias que lo gobiernan: el reconocimiento, el control, la conquista. Dej\u00f3 de estar&nbsp;<strong><em>sujeto<\/em><\/strong>&nbsp;a ellas y pudo, por fin, mirarlas.&nbsp;<strong>Pero quedaba un \u00faltimo amo:<\/strong>&nbsp;<strong>su propia agencia.<\/strong>&nbsp;La certeza de que&nbsp;<strong>\u00e9l era el \u00fanico autor de su historia<\/strong>&nbsp;y de que el mundo es materia d\u00f3cil que su astucia puede modelar.&nbsp;<strong>Ninguna de las pruebas anteriores pudo examinar esta hip\u00f3tesis, porque ning\u00fan experimento que uno dise\u00f1a puede examinar al que dise\u00f1a.<\/strong>&nbsp;Clavar el remo es la soluci\u00f3n que Tiresias le da para poner delante ese \u00faltimo supuesto.&nbsp;<strong>Lleva al h\u00e9roe al punto donde, por s\u00ed solo, no alcanza.<\/strong>&nbsp;Reconciliarse con el l\u00edmite. Ninguna t\u00e9cnica fabrica este estado:&nbsp;<strong>se recibe.<\/strong>&nbsp;En ese lugar, Odiseo dejar\u00eda de ser&nbsp;<strong><em>sujeto<\/em><\/strong>&nbsp;de la identidad que grit\u00f3 su nombre.<\/p>\n\n\n\n<p>La iron\u00eda, al final, es doble. Por un lado, el truco de llamarse&nbsp;<strong>\u201cNadie\u201d<\/strong>&nbsp;para enga\u00f1ar a Polifemo termina cumpli\u00e9ndose como destino:&nbsp;<strong>para transformarse, el h\u00e9roe deber\u00e1 desembarcarse de su propio mito, volverse, aut\u00e9nticamente, aquello que fingi\u00f3 ser.<\/strong>&nbsp;Por otro, en la era donde&nbsp;<strong>todo se convierte en informaci\u00f3n, mercanc\u00eda y objeto de exposici\u00f3n p\u00fablica, muchos l\u00edderes hacen lo contrario<\/strong>: fingen ser alguien, construyen una marca personal, necesitan que el mundo pronuncie su nombre para sentirse reales. El poema sugiere que esa dependencia es una forma de esclavitud.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El silencio f\u00e9rtil.&nbsp;<\/strong>La&nbsp;<em>Odisea<\/em>&nbsp;no termina con la matanza de los pretendientes ni con el abrazo de Pen\u00e9lope, sino con la promesa de&nbsp;<strong>un viaje tierra adentro<\/strong>&nbsp;que Homero no relata. Tal vez por eso la&nbsp;<em>Odisea<\/em>&nbsp;no se agota. Ese final abierto es, en s\u00ed mismo, una ense\u00f1anza. Como aconseja Tiresias, el verdadero desenlace en paz del h\u00e9roe est\u00e1 en el&nbsp;<strong>camino vac\u00edo que se aleja del ruido, cargando un remo, hasta el punto en que nadie sepa para qu\u00e9 serv\u00eda.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En la actual era tecnocient\u00edfica, marcada por la sobrecarga informativa, la polarizaci\u00f3n y la aceleraci\u00f3n, el desaf\u00edo es darnos cuenta de&nbsp;<strong>por qu\u00e9 hacemos lo que hacemos.<\/strong>&nbsp;Explorar nuestras creencias m\u00e1s profundas y mirarlas como objetos. Construir estructuras que nos protejan de nosotros mismos. Descender al Hades para escuchar a los muertos que nos dicen que la gloria no salva. Aceptar los l\u00edmites biol\u00f3gicos y estructurales que ninguna conciencia individual puede suspender. Y, sobre todo, plantar el remo:&nbsp;<strong>resignificar la inteligencia para que sirva a la vida, no a la conquista.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Quiz\u00e1 el verdadero liderazgo no consista en saber hacia d\u00f3nde se navega, sino en saber cu\u00e1ndo clavar el remo y dejar que la tierra hable.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El error m\u00e1s c\u00e9lebre de la literatura antigua es tambi\u00e9n el m\u00e1s humano.&nbsp;Odiseo acaba de cegar al c\u00edclope Polifemo y ha escapado de la cueva agarrado al vientre de un carnero. Ya est\u00e1 a salvo,&nbsp;mar adentro, con el monstruo lanzando pe\u00f1ascos a ciegas contra el oleaje.&nbsp;Bastar\u00eda con callar.&nbsp;Pero necesita que el mundo sepa qui\u00e9n es.&nbsp;\u201c\u00a1C\u00edclope! 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