{"id":1619,"date":"2026-07-27T16:28:38","date_gmt":"2026-07-27T19:28:38","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=1619"},"modified":"2026-07-27T16:28:38","modified_gmt":"2026-07-27T19:28:38","slug":"tierra-adentro","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2026\/07\/27\/tierra-adentro\/","title":{"rendered":"Tierra adentro"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>Odiseo baja al reino de los muertos para pedir indicaciones de c\u00f3mo continuar su viaje.<\/strong>&nbsp;Ha perdido casi toda su flota y, con ella, a la mayor\u00eda de sus hombres. La maga Circe le dijo que solo Tiresias,&nbsp;<strong>el adivino ciego de Tebas, el \u00fanico entre las sombras que conserva la mente l\u00facida<\/strong>&nbsp;pod\u00eda orientarlo en c\u00f3mo volver a casa. Cuando por fin lo encuentra, Odiseo espera una ruta, vientos, corrientes, acantilados que sortear. Recibe, en cambio,&nbsp;<strong>su vida entera contada de golpe, con su falta, su penitencia y su final.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Solemos leer la profec\u00eda de Tiresias como un simple anticipo de la trama: cuidado con las vacas del Sol, hallar\u00e1s tu casa tomada por pretendientes. Pero el discurso del ciego es mucho m\u00e1s profundo.&nbsp;<strong>Diagnostica la causa de sus males, prescribe una conducta y condiciona un modo de morir.<\/strong>&nbsp;Es menos un or\u00e1culo que una gu\u00eda:&nbsp;<strong>la de un hombre que debe entender en qu\u00e9 se equivoc\u00f3, deshacer el nombre que lo defin\u00eda y ordenar el tiempo que le resta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Antes de anunciar nada, lo primero que hace Tiresias es explicar a Odiseo el origen de su sufrimiento. Poseid\u00f3n lo persigue porque se lo pidi\u00f3 su hijo, el c\u00edclope Polifemo. El&nbsp;<strong>error de Odiseo<\/strong>&nbsp;no fue cegar al c\u00edclope, ya que&nbsp;<strong>estaba acorralado y era una cuesti\u00f3n de supervivencia.<\/strong>&nbsp;El error llega despu\u00e9s, cuando ya a salvo en su barco, no resiste la tentaci\u00f3n y le grita a Polifemo que recuerde bien el<strong>&nbsp;nombre<\/strong>&nbsp;de quien lo ceg\u00f3:&nbsp;<strong>Odiseo, destructor de ciudades, hijo de Laertes, rey de \u00cdtaca.<\/strong>&nbsp;Ese instante de vanagloria le dio al c\u00edclope los datos precisos para maldecirlo ante su padre divino.&nbsp;<strong>El hombre cuya inteligencia es su virtud suprema fracasa justamente en el dominio de s\u00ed.<\/strong>&nbsp;La excelencia humana lleva inscrita&nbsp;<strong>su forma m\u00e1s sutil de autodestrucci\u00f3n<\/strong>, que no es el fracaso, sino&nbsp;<strong>el \u00e9xito contemplado con orgullo.&nbsp;<\/strong>Marcel Detienne y Jean-Pierre Vernant, dos de los helenistas franceses m\u00e1s influyentes del siglo XX, mostraron en&nbsp;<strong><em>Les ruses de l\u2019intelligence: la m\u00e8tis des Grecs<\/em><\/strong>&nbsp;(1974) que&nbsp;<strong>la&nbsp;<em>m\u00eatis<\/em>&nbsp;es una forma de inteligencia pr\u00e1ctica:&nbsp;<\/strong>la agilidad mental, el disfraz, el c\u00e1lculo, el arte de no dejarse atrapar.&nbsp;<strong>Odiseo es su encarnaci\u00f3n perfecta.<\/strong>&nbsp;Pero la&nbsp;<em>m\u00eatis<\/em>&nbsp;incluye una disciplina que \u00e9l, esa vez, no ejerci\u00f3:&nbsp;<strong>la de callar. Su astucia se desbord\u00f3 en soberbia, y la soberbia se cobr\u00f3 diez a\u00f1os de naufragios.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tiresias evidencia que esa falta no fue un accidente, sino un patr\u00f3n.<\/strong>&nbsp;Porque la incapacidad de contenerse ante los instintos o la gloria reaparecer\u00e1 tres veces. Pese a las reiteradas advertencias, los compa\u00f1eros de Odiseo, hambrientos, devorar\u00e1n las vacas sagradas del Sol, y morir\u00e1n por ello. Los pretendientes devorar\u00e1n su casa en \u00cdtaca, y tambi\u00e9n pagar\u00e1n.&nbsp;<strong>La desmesura es la enfermedad com\u00fan:&nbsp;<\/strong>la de sus hombres, la de los intrusos y la del propio h\u00e9roe. No son exactamente la misma falta: en los compa\u00f1eros es&nbsp;<strong>animalidad exacerbada por el hambre<\/strong>; en los pretendientes,&nbsp;<strong>codicia que confunde el hogar ajeno con una despensa<\/strong>; en Odiseo,&nbsp;<strong>el exceso de una inteligencia que no tolera quedar sin testigos.<\/strong>&nbsp;Pero las tres comparten una ra\u00edz com\u00fan.<\/p>\n\n\n\n<p>Por eso la profec\u00eda es condicional, y no fatalista. \u00c9l y sus hombres deben aprender a controlar sus impulsos.&nbsp;<strong><em>Si<\/em>&nbsp;os conten\u00e9is en Trinacia, hay regreso;&nbsp;<em>si<\/em>&nbsp;no, volver\u00e1s solo, tarde y roto.<\/strong>&nbsp;Un or\u00e1culo cerrado no ofrecer\u00eda esa bifurcaci\u00f3n dependiente de la conducta.&nbsp;<strong>Tiresias no est\u00e1 leyendo un futuro inevitable: est\u00e1 ense\u00f1ando una virtud.<\/strong>&nbsp;La \u00e9tica griega posterior le dar\u00eda el nombre de&nbsp;<em>s\u014dphros\u00fdne<\/em>: esa&nbsp;<strong>mezcla de temperancia y buen juicio que consiste en saber cu\u00e1ndo detenerse.<\/strong>&nbsp;El ciego que todo lo ve le diagnostica a Odiseo lo que ninguna astucia puede darle:&nbsp;<strong>la medida.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En 2009, el m\u00e9dico y pol\u00edtico brit\u00e1nico David Owen, junto al psiquiatra Jonathan Davidson, tras revisar las conductas de los primeros ministros del Reino Unido y de los presidentes de Estados Unidos del \u00faltimo siglo, descubrieron que&nbsp;<strong>el poder sostenido y sin contrapesos, deforma el juicio hacia la grandiosidad, el desd\u00e9n del consejo ajeno y la convicci\u00f3n de encarnar una misi\u00f3n.&nbsp;<\/strong>A esta deformaci\u00f3n que el tiempo acumula, la denominaron&nbsp;<strong>\u201cs\u00edndrome de hubris\u201d<\/strong>. Aunque la falta de Odiseo estall\u00f3 en un momento de soberbia, Tiresias revel\u00f3 que ese instante no era \u00fanico: la desmesura reincide en Trinacia y en \u00cdtaca como una disposici\u00f3n. Y ah\u00ed los dos diagn\u00f3sticos coinciden en lo esencial.&nbsp;<strong>Owen observ\u00f3 que la dolencia suele remitir cuando el poder se pierde<\/strong>: no es un defecto de car\u00e1cter, sino una intoxicaci\u00f3n, y por eso reversible. La ense\u00f1anza para Odiseo obedece a la misma l\u00f3gica. No cambia de alma; cambia de condiciones. Pierde el nombre, pierde el mar, pierde a quien lo aclame:&nbsp;<strong>sin testigos, la desmesura se queda sin escenario.&nbsp;<\/strong>Esta categor\u00eda es una herramienta para pensar, no un diagn\u00f3stico cl\u00ednico.<\/p>\n\n\n\n<p>Homero no ten\u00eda la palabra&nbsp;<strong>\u201cs\u00edndrome\u201d<\/strong>, pero conoc\u00eda el mecanismo. La parte m\u00e1s enigm\u00e1tica de la profec\u00eda de Tiresias es tambi\u00e9n la que mejor ilumina la hip\u00f3tesis de que&nbsp;<strong>estamos ante un aprendizaje o, si se prefiere, ante una cura, aunque esta palabra no sea de Homero, que no conoce medicina del alma sino restituci\u00f3n del l\u00edmite ofendido.<\/strong>&nbsp;Una vez de vuelta en \u00cdtaca, ya muertos los pretendientes, Odiseo deber\u00e1 emprender un \u00faltimo viaje. Tomar\u00e1 un remo al hombro y caminar\u00e1&nbsp;<strong>tierra adentro<\/strong>, lejos del mar, hasta llegar a un pueblo que ignora por completo la navegaci\u00f3n:&nbsp;<strong>gente que no sazona la comida con sal, que jam\u00e1s ha visto un barco.<\/strong>&nbsp;La se\u00f1al de que ha llegado al lugar correcto ser\u00e1 cuando un caminante, al cruzarse con \u00e9l, piense que el remo es una&nbsp;<strong>\u201cpala de aventar\u201d<\/strong>, la que los campesinos usan para separar el grano de la paja. All\u00ed, y solo all\u00ed, Odiseo clavar\u00e1 el remo en la tierra y ofrecer\u00e1 un sacrificio a Poseid\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p>El folclorista William Hansen mostr\u00f3 que este episodio es una leyenda marinera que a\u00fan se contaba en el siglo XX, la del viejo lobo de mar, harto del oc\u00e9ano, que camina hacia el interior cargando un remo hasta encontrar a alguien que no sepa qu\u00e9 es, y all\u00ed se retira, por fin lejos del agua. Homero inserta ese relato y lo convierte en un rito. Llevar el s\u00edmbolo del hombre de mar al lugar donde el mar no existe; plantar en tierra firme el instrumento de su traves\u00eda; implantar el culto de Poseid\u00f3n donde nadie lo conoce:&nbsp;<strong>todo el gesto es una reconciliaci\u00f3n con el dios ofendido, ejecutado precisamente en su ausencia.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Pero hay algo m\u00e1s, y toca el segundo eje de esta gu\u00eda: la identidad.&nbsp;<\/strong>Recordemos que Odiseo, en la cueva del c\u00edclope,&nbsp;<strong>cuando el monstruo le pregunta su nombre, responde que se llama \u201cNadie\u201d.<\/strong>&nbsp;As\u00ed, cuando los dem\u00e1s c\u00edclopes acuden a sus gritos de auxilio y preguntan qui\u00e9n lo ataca, Polifemo contesta que&nbsp;<strong>Nadie lo hace<\/strong>, por lo que todos se marchan. Fue una artima\u00f1a genial. Pero el griego esconde un juego que las traducciones rara vez capturan:&nbsp;<strong><em>Outis<\/em><\/strong>&nbsp;(nadie) suena en griego casi exactamente a&nbsp;<strong><em>m\u00ea tis<\/em><\/strong>, (ninguna astucia). El nombre falso que Odiseo escogi\u00f3 para enga\u00f1ar al c\u00edclope contiene la negaci\u00f3n de aquello que lo define: su&nbsp;<em>m\u00eatis<\/em>, su inteligencia escurridiza.&nbsp;<strong>Lo que empez\u00f3 como un truco para burlar al monstruo termina cumpli\u00e9ndose como un destino.<\/strong>&nbsp;Para sanar, el h\u00e9roe deber\u00e1 volverse, aut\u00e9nticamente, aquello que fingi\u00f3 ser:&nbsp;<strong>nadie<\/strong>. Caminar hasta un lugar donde&nbsp;<strong>su historia sea incomprensible<\/strong>, donde su remo, s\u00edmbolo de todo lo que fue,&nbsp;<strong>no tenga significado<\/strong>, donde&nbsp;<strong>no lo aclamen<\/strong>&nbsp;como el hombre que destruy\u00f3 Troya.&nbsp;<strong>La transformaci\u00f3n de la identidad no llega reafirmando el nombre, sino solt\u00e1ndolo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Es exactamente lo contrario de lo que nuestra \u00e9poca promueve. Vivimos rodeados de invitaciones a ser&nbsp;<strong>&#8220;la mejor versi\u00f3n de nosotros mismos&#8221;<\/strong>, a acumular y exhibir.&nbsp;<strong>&#8220;Volverse nadie&#8221;<\/strong>&nbsp;no es la aniquilaci\u00f3n del yo, sino liberarse de la tiran\u00eda del nombre. La gu\u00eda de Tiresias apunta en direcci\u00f3n inversa:&nbsp;<strong>hacia el interior, hacia el anonimato, hacia el punto donde uno deja de ser reconocido por sus haza\u00f1as para poder, quiz\u00e1, ser acogido por lo que es.<\/strong>&nbsp;Soltar el nombre es m\u00e1s f\u00e1cil para quien ya tuvo su Troya; el anonimato se elige mejor desde la fama que desde la invisibilidad, y la renuncia puede ser, ella misma, una forma m\u00e1s de destacar, pues el asceta tambi\u00e9n se hace notar por aquello que rechaza. Odiseo no camina hacia la nada de quien nunca fue alguien, sino hacia la de quien lo fue todo. Que la penitencia sea un privilegio no la invalida, pero le quita inocencia.&nbsp;<strong>No se puede vivir en paz mientras se necesite ser alguien, ni morir en paz mientras no se haya soltado el nombre que uno ha construido.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Cumplido el rito, dice Tiresias, Odiseo envejecer\u00e1 rodeado de un pueblo pr\u00f3spero y la muerte le llegar\u00e1 dulce, suave, en una vejez serena. No la muerte violenta y temprana de Aquiles, sino la del anciano que ha cerrado todas sus cuentas. El helenista Jasper Griffin vio en este pasaje la expresi\u00f3n m\u00e1s alta del ideal hom\u00e9rico de una vida humana plena:<strong>&nbsp;no la inmortalidad, sino la integridad de una existencia completada.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Y, sin embargo, esa promesa descansa sobre una frase irresoluble. El texto griego dice que la muerte le vendr\u00e1&nbsp;<strong><em>ex hal\u00f3s<\/em><\/strong>, y la preposici\u00f3n es ambigua: puede significar&nbsp;<strong>&#8220;lejos del mar&#8221;<\/strong>&nbsp;o&nbsp;<strong>&#8220;proveniente del mar&#8221;<\/strong>. \u00bfMorir\u00e1 Odiseo tierra adentro, por fin a salvo del agua que lo hostig\u00f3? \u00bfO el mar, reconciliado, ser\u00e1 el que le env\u00ede una muerte apacible? El propio verso que promete la paz siembra la duda sobre de d\u00f3nde vendr\u00e1.<\/p>\n\n\n\n<p>La tradici\u00f3n posterior no resisti\u00f3 la tentaci\u00f3n de llenar este vac\u00edo. En la&nbsp;<em>Telegon\u00eda<\/em>, un poema \u00e9pico posterior, Tel\u00e9gono, un hijo que Odiseo habr\u00eda tenido con Circe llega navegando a \u00cdtaca sin saber d\u00f3nde est\u00e1, se enfrenta a su padre y lo mata con una lanza que tiene el aguij\u00f3n de una raya. La&nbsp;<strong>&#8220;muerte suave&#8221;<\/strong>&nbsp;de Tiresias se cumple como parricidio venido de las aguas. Otras tradiciones prefirieron, en cambio, honrar la vejez serena que Tiresias predice.<\/p>\n\n\n\n<p>El problema es que ese \u00faltimo viaje tierra adentro, el clavar el remo, la reconciliaci\u00f3n con Poseid\u00f3n, la vejez dichosa:&nbsp;<strong>nada de eso ocurre dentro de la&nbsp;<em>Odisea<\/em>.<\/strong>&nbsp;El poema termina antes. Tiresias entrega una gu\u00eda cuyo cumplimiento Homero no narra. Es un horizonte, no un desenlace; una instrucci\u00f3n que queda abierta.<\/p>\n\n\n\n<p>Y esa apertura ha resultado ser, parad\u00f3jicamente f\u00e9rtil. Durante veintis\u00e9is siglos, la humanidad ha vuelto a ese remo clavado para completar el viaje que faltaba, y cada \u00e9poca lo ha hecho a su imagen.&nbsp;<strong>Dante, en el canto XXVI del&nbsp;<em>Infierno<\/em><\/strong>, imagina a un Ulises que no soporta detenerse y zarpa de nuevo m\u00e1s all\u00e1 de los l\u00edmites del mundo conocido, hasta naufragar:&nbsp;<strong>para \u00e9l, el impulso de ir siempre m\u00e1s lejos es una transgresi\u00f3n que se castiga.<\/strong>&nbsp;Tennyson, en cambio, celebra ese mismo impulso como grandeza rom\u00e1ntica: su Ulises anciano parte&nbsp;<strong>&#8220;a buscar un mundo m\u00e1s nuevo&#8221;<\/strong>. El poeta griego Nikos Kazantzakis lo llev\u00f3 al extremo donde su Odiseo muere abrazado a un iceberg, congelado en un paisaje que es agua y es tierra al mismo tiempo,&nbsp;<strong>lejos de toda navegaci\u00f3n humana<\/strong>&nbsp;y sin embargo entregado al mar.<\/p>\n\n\n\n<p>Y luego est\u00e1 Constantino Cavafis, que en 1911 ley\u00f3 toda la&nbsp;<em>Odisea<\/em>&nbsp;desde su final e invirti\u00f3 su sentido. En su poema&nbsp;<em>\u00cdtaca<\/em>&nbsp;aconseja al viajero que pida un camino largo, que no se apresure en llegar; y le advierte que, aun si encuentra la isla pobre, no lo habr\u00e1 defraudado, porque regresar\u00e1 colmado de experiencias.&nbsp;<strong>\u00cdtaca no era el premio: era el pretexto del viaje.&nbsp;<\/strong>La gu\u00eda de Tiresias, en manos de Cavafis, deja de ser un itinerario hacia un lugar y se vuelve una manera de habitar el tiempo.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfQu\u00e9 clase de gu\u00eda es, entonces, la que un muerto le entrega a un vivo en el canto XI de la Odisea?<\/strong>&nbsp;No la de un adivino que revela un porvenir fijo, sino algo m\u00e1s parecido a un&nbsp;<strong>mapa moral.<\/strong>&nbsp;Tiresias convierte el&nbsp;<strong>sufrimiento disperso&nbsp;<\/strong>de Odiseo en un itinerario legible: una causa&nbsp;<strong>(la desmesura que ofende al dios)<\/strong>, una disciplina correctiva&nbsp;<strong>(contenerse cuando todo empuja a no hacerlo)<\/strong>, una penitencia&nbsp;<strong>(llevar el mar tierra adentro para volverse nadie)<\/strong>&nbsp;y un final reconciliado. Es para \u00e9l y para sus hombres. Es moral y pol\u00edtica, requisito de la vida en comunidad.&nbsp;<strong>Es la condici\u00f3n para que su reino deje de ser devorado por dentro.<\/strong>&nbsp;En ese sentido, s\u00ed&nbsp;<strong>es una gu\u00eda para<\/strong>&nbsp;<strong>comprender el error, sanar la identidad y ordenar la vida que resta.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pero es una gu\u00eda deliberadamente incompleta y ambigua, y ah\u00ed reside su honestidad. No promete una paz sin sombra:&nbsp;<strong>la misma frase que anuncia la muerte dulce no aclara de d\u00f3nde vendr\u00e1.<\/strong>&nbsp;No muestra el viaje cumplido:&nbsp;<strong>lo deja como tarea, fuera del relato, en un futuro que cada lector tendr\u00e1 que completar.<\/strong>&nbsp;Y no ofrece atajos:&nbsp;<strong>para volver a casa no basta con navegar bien; hay que desembarcar del propio mito<\/strong>, caminar hasta que el remo pese como una carga ajena y, en la tierra m\u00e1s extra\u00f1a, levantar el altar de una paz que solo llega cuando aceptamos soltar qui\u00e9nes hemos sido.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El mayor enemigo de la inteligencia, la belleza o el poder no es una debilidad externa, sino la propia imagen reflejada en el espejo de la gloria.<\/strong>&nbsp;Quiz\u00e1 por eso la Odisea no se agota. Tiresias no le ense\u00f1a a Odiseo a evitar el dolor, sino a comprenderlo; no a conservar su nombre, sino a saber cu\u00e1ndo soltarlo; no a esquivar la muerte, sino a recibirla en paz.&nbsp;<strong>Es una sabidur\u00eda \u00e1spera, y est\u00e1 sin terminar.<\/strong>&nbsp;Casi tres mil a\u00f1os despu\u00e9s, seguimos caminando tierra adentro sin haber llegado al final; y quiz\u00e1 esa sea la gu\u00eda de Tiresias.&nbsp;<strong>La sabidur\u00eda, como casi siempre, est\u00e1 en el camino vac\u00edo que se aleja del ruido, cargando un remo, hasta el punto en que nadie recuerde ya para qu\u00e9 serv\u00eda.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Odiseo baja al reino de los muertos para pedir indicaciones de c\u00f3mo continuar su viaje.&nbsp;Ha perdido casi toda su flota y, con ella, a la mayor\u00eda de sus hombres. 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