{"id":1570,"date":"2026-05-11T13:03:05","date_gmt":"2026-05-11T16:03:05","guid":{"rendered":"https:\/\/www.imagen.cl\/blog\/?p=1570"},"modified":"2026-05-11T13:03:05","modified_gmt":"2026-05-11T16:03:05","slug":"responsabilidad-entre-desiguales","status":"publish","type":"post","link":"http:\/\/www.imagen.cl\/blog\/index.php\/2026\/05\/11\/responsabilidad-entre-desiguales\/","title":{"rendered":"Responsabilidad entre desiguales"},"content":{"rendered":"\n<p><strong>En el primer trimestre de 2026, cuatro empresas: Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta, anunciaron un gasto combinado en infraestructura de IA situado entre 650.000 y 700.000 millones de d\u00f3lares para el a\u00f1o en curso<\/strong>, casi el doble que en 2025. Mientras el capital se concentra a una escala sin precedentes hist\u00f3ricos, el&nbsp;<strong><em>AI Index Report 2026<\/em><\/strong>&nbsp;de Stanford documenta que la brecha de rendimiento entre&nbsp;<strong>el mejor modelo estadounidense y el mejor modelo chino se ha reducido al 2,7%,<\/strong>&nbsp;frente a los 17,5 a 31,6 puntos porcentuales que separaban a ambos pa\u00edses en mayo de 2023.&nbsp;<strong>DeepSeek<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>Qwen de Alibaba<\/strong>&nbsp;han desplazado a&nbsp;<strong>Llama de Meta<\/strong>&nbsp;como referencia de c\u00f3digo abierto global. Y, sin embargo, seg\u00fan el estudio&nbsp;<strong><em>Trust, attitudes and use of artificial intelligence: A global study 2025<\/em>&nbsp;<\/strong>de la&nbsp;<strong>Universidad de Melbourne<\/strong>&nbsp;y&nbsp;<strong>KPMG,<\/strong>&nbsp;basado en 48.340 personas de 47 pa\u00edses,&nbsp;<strong>m\u00e1s de la mitad de las personas no conf\u00edan en la IA y un 70% exige regulaci\u00f3n, pero pocos creen que sus gobiernos est\u00e9n a la altura. Nunca tanto capital hab\u00eda sido depositado en tan pocas manos para producir una tecnolog\u00eda sobre la que tantos desconf\u00edan.&nbsp;<\/strong>La desconfianza no es ruido emocional ni d\u00e9ficit pedag\u00f3gico;&nbsp;<strong>es la lectura intuitiva de una asimetr\u00eda real entre quienes deciden y quienes ser\u00e1n afectados.<\/strong>&nbsp;En ese vac\u00edo de legitimidad se ha instalado el debate sobre un&nbsp;<strong>nuevo contrato social<\/strong>. Conviene examinar qui\u00e9n lo est\u00e1 formulando, con qu\u00e9 supuestos y con qu\u00e9 silencios.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Movimiento de OpenAI.&nbsp;<\/strong>El 6 de abril de 2026, OpenAI public\u00f3&nbsp;<strong><em>Industrial Policy for the Intelligence Age: Ideas to Keep People First<\/em><\/strong>, un documento de trece p\u00e1ginas que propone, entre otras medidas, un&nbsp;<strong>fondo de riqueza p\u00fablica<\/strong>&nbsp;financiado en parte por las propias empresas de IA, una reforma fiscal orientada a gravar la automatizaci\u00f3n, una semana laboral de cuatro d\u00edas como&nbsp;<strong>&#8220;dividendo de eficiencia&#8221;<\/strong>, redes de protecci\u00f3n social adaptativas y monitoreo de modelos peligrosos. La propuesta es consistente con el trabajo de Daron Acemoglu, David Autor y Simon Johnson en&nbsp;<strong><em>Building Pro-Worker Artificial Intelligence&nbsp;<\/em><\/strong>(2026), seg\u00fan el cual solo las tecnolog\u00edas que generan tareas humanas nuevas son inequ\u00edvocamente pro-trabajadores, y la arquitectura fiscal vigente que grava m\u00e1s el trabajo que el capital, acelera la automatizaci\u00f3n indeseada.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Tomada en abstracto, la propuesta de OpenAI es razonable; tomada en contexto, suscita reservas.<\/strong>&nbsp;El documento fue publicado mientras esta empresa completa su conversi\u00f3n societaria, prepara salidas de capital y cabildea contra legislaciones vinculantes en California y Europa. Como observa Nathan Gardels en&nbsp;<strong><em>Noema<\/em><\/strong>, el texto es&nbsp;<strong>&#8220;m\u00e1s visionario que cualquier cosa que haya surgido de los responsables pol\u00edticos&#8221;<\/strong>; pero, como advierte Luc\u00eda Velasco de Naciones Unidas, esboza un entorno donde su autor opera&nbsp;<strong>&#8220;con una libertad significativa bajo restricciones que \u00e9l mismo ha definido&#8221;<\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p>La f\u00f3rmula central del documento redistribuye prosperidad, pero deja intacta, e incluso refuerza, la arquitectura de captura y producci\u00f3n de conocimiento concentrada en un pu\u00f1ado de corporaciones.&nbsp;<strong>Pedirle a OpenAI que dise\u00f1e las reglas del juego donde es el jugador m\u00e1s poderoso no es solo un problema moral; es un error categorial sobre qu\u00e9 es leg\u00edtimo.<\/strong>&nbsp;El documento no deber\u00eda ser descartado como cinismo ni adoptado como visi\u00f3n; debe ser tratado como lo que es:&nbsp;<strong>una posici\u00f3n negociadora unilateral en una conversaci\u00f3n que a\u00fan no existe.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El desplazamiento ontol\u00f3gico.&nbsp;<\/strong>Donde OpenAI opera en el plano redistributivo, Jos\u00e9 Ignacio Latorre desplaza el debate al plano ontol\u00f3gico. En&nbsp;<strong><em>Un nuevo contrato social: Gobernar un mundo con inteligencias no humanas<\/em>&nbsp;<\/strong>(2026), el f\u00edsico te\u00f3rico, catedr\u00e1tico de la Universidad de Barcelona y director del<strong>&nbsp;Center for Quantum Technologies de Singapur<\/strong>&nbsp;sostiene que el contrato social de Rousseau est\u00e1 agotado porque los sujetos del mundo han cambiado:&nbsp;<strong>el contrato civil regula la convivencia humana; el natural reconoce a la naturaleza como sujeto de derechos; el inteligente incorpora a la IA como copart\u00edcipe del orden colectivo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La provocaci\u00f3n es valiosa: nos obliga a preguntarnos por los tipos de actores que ingresan a la esfera de la decisi\u00f3n. Pero algunas de sus formulaciones: que la IA&nbsp;<strong>&#8220;tomar\u00e1 sin duda decisiones m\u00e1s sensatas que muchos humanos&#8221;<\/strong>&nbsp;o que&nbsp;<strong>&#8220;cuando la IA tome el control, la corrupci\u00f3n pasar\u00e1 a ser un mal del pasado&#8221;<\/strong>, deslizan una cesi\u00f3n de soberan\u00eda que es exactamente lo contrario de lo que parece proponer. Quien controla las funciones objetivo de los sistemas no es&nbsp;<strong>&#8220;la IA&#8221;<\/strong>&nbsp;sino las pocas corporaciones y Estados que las entrenan.&nbsp;<strong>Sustituir corrupci\u00f3n humana por opacidad algor\u00edtmica no es descentralizar el poder: es trasladarlo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Hay adem\u00e1s un problema m\u00e1s profundo.&nbsp;<\/strong>La met\u00e1fora del contrato presupone partes con capacidad de consentir, negociar y exigir cumplimiento.&nbsp;<strong>\u00bfPueden las IA actuales consentir? \u00bfPuede la naturaleza opinar?<\/strong>&nbsp;El contractualismo, es una herramienta limitada para pensar relaciones radicalmente asim\u00e9tricas entre entidades no equiparables. Como argument\u00f3 Charles Mills en&nbsp;<strong><em>The Racial Contract&nbsp;<\/em><\/strong>(1997), incluso entre humanos el contrato funcion\u00f3 hist\u00f3ricamente como mecanismo de exclusi\u00f3n disfrazado de universalidad. Extenderlo a entidades no consintientes amenaza con repetir el gesto:&nbsp;<strong>legitimar a posteriori una asimetr\u00eda que no se eligi\u00f3.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>El criterio epistemol\u00f3gico.<\/strong>&nbsp;Donde Latorre se mueve en la ontolog\u00eda, David Deutsch desplaza la pregunta a la epistemolog\u00eda. En&nbsp;<strong><em>The Beginning of Infinity<\/em>&nbsp;<\/strong>(2011) y&nbsp;<strong><em>Creative Blocks<\/em>&nbsp;<\/strong>(2012), el f\u00edsico de Oxford sostiene que el conocimiento explicativo: la capacidad de generar explicaciones&nbsp;<strong>&#8220;dif\u00edciles de variar&#8221;<\/strong>&nbsp;que transforman el mundo, es el motor del progreso y que cualquier orden social debe evaluarse por un criterio simple:&nbsp;<strong>\u00bffacilita o dificulta la creaci\u00f3n ilimitada de conocimiento explicativo?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Operacionalizado,&nbsp;<strong>este criterio implica resistir cualquier r\u00e9gimen corporativo o estatal, que monopolice el c\u00f3mputo, los datos o los m\u00e9todos, porque la concentraci\u00f3n limita la base de quienes pueden formular y poner a prueba conjeturas.<\/strong>&nbsp;Implica preferir reglas falsables y revisables sobre principios inmutables. Implica que la opacidad algor\u00edtmica es objetable no solo por injusticia procesal sino porque impide la cr\u00edtica, condici\u00f3n&nbsp;<em>sine qua non&nbsp;<\/em>de la correcci\u00f3n del error. Y, en su lectura m\u00e1s radical,&nbsp;<strong>implica que una IA verdaderamente creadora de explicaciones tendr\u00eda que ser tratada como \u201cpersona\u201d<\/strong>, no como herramienta, porque su capacidad de generar conocimiento depender\u00eda de su libertad para fallar y discrepar.<\/p>\n\n\n\n<p>La tesis de Deutsch es estimulante, pero no resuelve por s\u00ed sola el problema pol\u00edtico.&nbsp;<strong>Que un orden facilite la generaci\u00f3n de conocimiento no garantiza que distribuya justamente sus frutos. La epistemolog\u00eda abierta es condici\u00f3n necesaria, pero no suficiente, de un orden leg\u00edtimo.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La \u00e9tica como contrapeso, y sus l\u00edmites.&nbsp;<\/strong>Frente al&nbsp;<strong>optimismo redistributivo, la audacia ontol\u00f3gica y la apuesta epistemol\u00f3gica<\/strong>, la tradici\u00f3n de la \u00e9tica c\u00edvica introduce un recordatorio fundamental. Adela Cortina, catedr\u00e1tica em\u00e9rita de \u00c9tica de la&nbsp;<strong>Universidad de Valencia<\/strong>, sostiene que los sistemas de IA&nbsp;<strong>&#8220;no son aut\u00f3nomos ontol\u00f3gicamente ni \u00e9ticamente, sino solo funcionalmente&#8221;<\/strong>: los algoritmos no deciden, deciden las personas que los dise\u00f1an, despliegan y supervisan.&nbsp;<strong>Su exigencia de que jam\u00e1s se tome una decisi\u00f3n que afecte a una persona sin revisi\u00f3n humana fija un l\u00edmite que tensiona tanto la cesi\u00f3n de Latorre como las salvaguardas de OpenAI<\/strong>. Por su parte, Daniel Innerarity, catedr\u00e1tico de Filosof\u00eda Pol\u00edtica de la Universidad de Navarra, ha acu\u00f1ado el t\u00e9rmino&nbsp;<strong>&#8220;sonambulismo digital&#8221;<\/strong>&nbsp;para describir la delegaci\u00f3n de decisiones sin haber construido las instituciones para supervisarlas.<\/p>\n\n\n\n<p>Ambos aportes son valiosos, pero merecen tambi\u00e9n an\u00e1lisis. La regla de revisi\u00f3n humana universal se enfrenta a l\u00edmites pr\u00e1cticos crecientes:&nbsp;<strong>en sistemas que procesan millones de decisiones por segundo, la &#8220;supervisi\u00f3n humana&#8221; tiende a degradarse<\/strong>&nbsp;en&nbsp;<em>validaciones formales sin examen real,&nbsp;<\/em>como ha documentado Frank Pasquale en&nbsp;<strong><em>The Black Box Society&nbsp;<\/em><\/strong>(2015). El principio sigue siendo correcto en su intenci\u00f3n, pero su implementaci\u00f3n requiere redise\u00f1ar procesos, no solo a\u00f1adir un humano al final del flujo. La f\u00f3rmula de Innerarity sobre el&nbsp;<strong>&#8220;ecosistema&#8221;<\/strong>&nbsp;que combine lo mejor de humanos y m\u00e1quinas, por su parte, deja sin resolver la pregunta pol\u00edtica:&nbsp;<strong>\u00bfqui\u00e9n dise\u00f1a ese ecosistema, con qu\u00e9 legitimidad y bajo qu\u00e9 accountability?<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>Voces ausentes.&nbsp;<\/strong>El debate, tal como se articula en los c\u00edrculos donde se publican documentos como el de OpenAI, padece dos ausencias estructurales. La primera es te\u00f3rica. La cr\u00edtica al&nbsp;<strong>capitalismo de plataformas y vigilancia<\/strong>&nbsp;de Shoshana Zuboff, Nick Couldry, Ulises Mej\u00edas, los estudios sobre&nbsp;<strong>extractivismo de datos en el Sur Global<\/strong>&nbsp;de Paola Ricaurte, Sebasti\u00e1n Lehued\u00e9, la&nbsp;<strong>econom\u00eda pol\u00edtica de la infraestructura<\/strong>&nbsp;de Kate Crawford en&nbsp;<strong><em>Atlas of AI<\/em><\/strong><em>,<\/em>&nbsp;y los marcos jur\u00eddicos sobre&nbsp;<strong>fiduciarios de la informaci\u00f3n&nbsp;<\/strong>de Jack Balkin y Jonathan Zittrain, entre otros, ofrecen lenguajes precisos para nombrar lo que&nbsp;<strong>la conversaci\u00f3n oficial tiende a eufemizar.<\/strong>&nbsp;Sin ellos, la discusi\u00f3n flota en abstracciones que rara vez precisan los focos:&nbsp;<strong>la propiedad del c\u00f3mputo, la captura del Estado regulador, el impacto ecol\u00f3gico de los centros de datos.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>La segunda ausencia es geopol\u00edtica.<\/strong>&nbsp;Mientras Estados Unidos, Europa y China ocupan el centro del escenario, regiones enteras del planeta construyen sus propias respuestas sin ser vistas. Chile actualiz\u00f3 en 2024 su&nbsp;<strong>Pol\u00edtica Nacional de IA<\/strong>&nbsp;y encabeza el&nbsp;<strong>\u00cdndice Latinoamericano de IA<\/strong>&nbsp;elaborado por&nbsp;<strong>CENIA<\/strong>&nbsp;y la&nbsp;<strong>CEPAL<\/strong>. Brasil debate un marco regulatorio basado en riesgos con derecho a revisi\u00f3n humana. La&nbsp;<strong>Uni\u00f3n Africana<\/strong>&nbsp;adopt\u00f3 en julio de 2024 una&nbsp;<strong>Estrategia Continental&nbsp;<\/strong>que plantea soberan\u00eda de datos y desarrollo de capacidades locales. India avanza con&nbsp;<strong>BHASHINI<\/strong>, su infraestructura p\u00fablica digital para sus veintid\u00f3s lenguas oficiales, migrada en 2026 a una nube soberana. Las cifras son modestas en comparaci\u00f3n con los 700.000 millones de los gigantes tecnol\u00f3gicos, pero importan m\u00e1s por lo que representan:&nbsp;<strong>una v\u00eda alternativa al capitalismo de plataformas, donde la infraestructura cr\u00edtica se concibe como bien p\u00fablico.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>A esto se suma una resistencia social viva y a menudo invisibilizada en los foros globales:&nbsp;<strong>protestas contra centros de datos en Quer\u00e9taro y Atacama por el consumo de agua, organizaci\u00f3n de trabajadores de etiquetado en Kenia y Filipinas, campa\u00f1as contra el extractivismo de datos en el Sudeste Asi\u00e1tico.<\/strong>&nbsp;Estas luchas no son ap\u00e9ndice del debate sobre el contrato social:&nbsp;<strong>son su materia prima.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p><strong>\u00bfEs el &#8220;contrato&#8221; la met\u00e1fora correcta?&nbsp;<\/strong>Llegados a este punto, conviene ser claros. El contractualismo presupone sujetos racionales con capacidad de consentir, partes sim\u00e9tricas o al menos equiparables, y una posici\u00f3n desde la cual negociar t\u00e9rminos. Ninguna de estas condiciones se cumple cuando una de las&nbsp;<strong>&#8220;partes&#8221;<\/strong>: la IA, es producto de la otra, ni cuando el&nbsp;<strong>&#8220;consentimiento&#8221;<\/strong>&nbsp;se sustituye por funciones objetivo, definidas unilateralmente.&nbsp;<strong>La naturaleza, por su parte, no negocia: reacciona.<\/strong>&nbsp;Y los pueblos del&nbsp;<strong>Sur Global<\/strong>, en este debate, han sido convocados m\u00e1s como espectadores que como partes.<\/p>\n\n\n\n<p>La conclusi\u00f3n no es que abandonemos toda ambici\u00f3n normativa, sino que reconozcamos los l\u00edmites de la met\u00e1fora.&nbsp;<strong>&#8220;Contrato&#8221;<\/strong>&nbsp;sugiere un acto fundacional entre iguales; lo que necesitamos es&nbsp;<strong>un marco continuo de responsabilidad entre desiguales.<\/strong>&nbsp;Tres tradiciones ofrecen herramientas m\u00e1s adecuadas.&nbsp;<strong>La \u00e9tica del cuidado<\/strong>&nbsp;de Joan Tronto y Virginia Held, enfatiza la asimetr\u00eda y la responsabilidad sostenida sobre el acuerdo puntual.&nbsp;<strong>La teor\u00eda fiduciaria<\/strong>, desarrollada por Jack Balkin para plataformas digitales exige actuar en inter\u00e9s ajeno bajo condiciones de asimetr\u00eda de informaci\u00f3n y poder, con deberes legales de lealtad, cuidado y confidencialidad.&nbsp;<strong>La filosof\u00eda africana del&nbsp;<em>Ubuntu<\/em><\/strong>&nbsp;sustituye la l\u00f3gica del contrato entre extra\u00f1os por el v\u00ednculo en una comunidad ampliada que, como ha se\u00f1alado Mpho Primus en&nbsp;<strong><em>Tech Policy Press<\/em><\/strong>:&nbsp;<strong>&#8220;no se centra en la prevenci\u00f3n del da\u00f1o sino en el bienestar comunitario&#8221;.&nbsp;<\/strong>Ninguna de las tres es la panacea; cada una ilumina lo que el contractualismo deja en la sombra.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Un nuevo acuerdo.&nbsp;<\/strong>Si la palabra&nbsp;<strong>&#8220;contrato&#8221;<\/strong>&nbsp;no sirve, el problema sigue siendo real:&nbsp;<strong>necesitamos orientaciones operativas para una convivencia entre humanos, m\u00e1quinas crecientemente aut\u00f3nomas y la biosfera que nos sostiene.<\/strong>&nbsp;Cuatro orientaciones, m\u00e1s que pilares cerrados, pueden articular esa tarea:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La primera es la justicia econ\u00f3mica, como orientaci\u00f3n no solo resultado:<\/strong>&nbsp;pol\u00edtica industrial que premie la complementariedad sobre la sustituci\u00f3n, normas que graven el capital automatizado y desgraven el trabajo humano, fondos soberanos que conviertan rentas de la automatizaci\u00f3n en patrimonio com\u00fan. La propuesta de OpenAI acierta en el diagn\u00f3stico y falla en la legitimidad de su autor; el contenido debe sobrevivir al autor, depurado en foros plurales.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La segunda es la responsabilidad humana como l\u00edmite no negociable:<\/strong>&nbsp;supervisi\u00f3n humana efectiva en decisiones que afecten derechos, marcos jur\u00eddicos vinculantes y rechazo de la cesi\u00f3n de soberan\u00eda y de la gobernanza algor\u00edtmica acr\u00edtica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La tercera es la apertura epist\u00e9mica:&nbsp;<\/strong>acceso al c\u00f3mputo como infraestructura cr\u00edtica, transparencia obligatoria de datos y arquitecturas, derecho de auditor\u00eda externa, protecci\u00f3n de la disidencia t\u00e9cnica interna en las empresas. Sin apertura, no hay correcci\u00f3n del error; sin correcci\u00f3n del error, cualquier orden se osifica.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La cuarta es la gobernanza multilateral plural:<\/strong>&nbsp;superar el binarismo Estados Unidos\u2013China, incorporar al Sur Global no como invitado sino como cosignatario, y articular instrumentos como la&nbsp;<strong>Recomendaci\u00f3n de la UNESCO sobre \u00c9tica de la IA<\/strong>&nbsp;(adoptada por los 193 Estados miembros), el&nbsp;<strong>Convenio Marco del Consejo de Europa<\/strong>, primer tratado vinculante sobre IA, y la red de&nbsp;<strong><em>AI Safety Institutes<\/em><\/strong>.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Qui\u00e9n decide.&nbsp;<\/strong>La tecnolog\u00eda que promet\u00eda resolver tantos problemas ha revivido el m\u00e1s antiguo:&nbsp;<strong>el de qui\u00e9n decide, para qui\u00e9n y con qu\u00e9 derecho. Que la mitad del planeta desconf\u00ede de la IA y que el 70% exija una regulaci\u00f3n que casi nadie cree posible no es una falla de comunicaci\u00f3n: es una falla de inclusi\u00f3n.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La pregunta sobre qu\u00e9 futuro queremos:&nbsp;<strong>si una asamblea de ciudadanos libres, una oligarqu\u00eda de ingenieros, una concertaci\u00f3n de superpotencias o un orden negociado entre humanos e inteligencias no humanas, no admite respuesta t\u00e9cnica.&nbsp;<\/strong>Es pol\u00edtica en el sentido m\u00e1s antiguo: la de&nbsp;<strong>qu\u00e9&nbsp;<em>polis<\/em>&nbsp;queremos habitar<\/strong>. Lo que hoy llamamos&nbsp;<strong>&#8220;nuevo contrato social&#8221;<\/strong>, si llega a existir, no ser\u00e1 un contrato ni en sentido estricto ni en sentido metaf\u00f3rico:&nbsp;<strong>ser\u00e1 un entramado de responsabilidades, custodias y fiducias entre partes radicalmente desiguales que aceptan, sin embargo, deberse cuenta unas a otras.<\/strong>&nbsp;Su primer requisito es admitir cu\u00e1ntas voces faltan en la mesa, incluyendo las de quienes siempre estuvieron y nunca fueron escuchadas. Como se\u00f1al\u00f3 Adela Cortina en una entrevista con&nbsp;<strong><em>El Pa\u00eds<\/em><\/strong>:<\/p>\n\n\n\n<p><strong>La IA es un saber cient\u00edfico-t\u00e9cnico que hay que encaminar en alguna direcci\u00f3n.<\/strong>&nbsp;Si quienes lo controlan son grandes empresas que quieren poder econ\u00f3mico o pa\u00edses que quieren poder geopol\u00edtico, entonces no queda nada garantizado que sea bien usado.&nbsp;<strong>Si esta tecnolog\u00eda afecta a toda la humanidad, tiene que beneficiar a toda la humanidad.<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Convertir esta idea en arquitectura institucional es la tarea pol\u00edtica de los pr\u00f3ximos a\u00f1os. No empieza con un documento corporativo:<strong>&nbsp;empieza con la pregunta sobre qui\u00e9n est\u00e1 autorizado a redactarlo.<\/strong><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>En el primer trimestre de 2026, cuatro empresas: Amazon, Alphabet, Microsoft y Meta, anunciaron un gasto combinado en infraestructura de IA situado entre 650.000 y 700.000 millones de d\u00f3lares para el a\u00f1o en curso, casi el doble que en 2025. 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